Lucas 1
Sagrada Biblia (CEE 2011) ›1LUCAS El Evangelio según san Lucas forma una unidad literaria y de contenido con Hechos de los Apóstoles, y, como consecuencia, cada una de estas obras ha de leerse teniendo en cuenta la otra. Atribuido por la tradición al médico compañero de Pablo evocado en Col 4:14 , fue escrito posiblemente en la década de los setenta y está dirigido a cristianos de comunidades vinculadas a Pablo y situadas en regiones griegas, tal vez en torno a Éfeso. Lucas pone de relieve cómo la doctrina de Jesús y su Evangelio es para todos, judíos y griegos, y destaca el mensaje del Dios-Amor misericordioso para con los pecadores; de ahí que se le conozca como Evangelio de la misericordia. De algunos de sus acentos se puede concluir que sus destinatarios estaban viviendo ciertos problemas en relación con su adhesión a Jesucristo; entre ellos cabe destacar el sentido de la historia de la Iglesia, la razón de la incredulidad judía y el influjo negativo de la idea de salvación pagana. Lucas escribe su evangelio para confirmar a sus cristianos en la fe que han recibido ( Luc 1:4 ), respondiendo a aquellos problemas principalmente con la teología del camino profético y salvador. El Evangelio de Lucas coincide con los otros dos sinópticos en la centralidad del «reino de Dios» y emplea el término «evangelizar el reino de Dios» ( Luc 4:43 ). Tanto el Sermón de la llanura como el de las parábolas nos remiten al reino y al espíritu del reino (bienaventuranza a los pobres, perdón a los enemigos, oración). *1:1-4 Elegante prólogo en cuatro partes compuesto según los modelos clásicos, donde Lucas menciona los precedentes de su obra, justifica su realización e indica tanto el modo en que la ha realizado como la finalidad pretendida. Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros,
2como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra,
3también yo he resuelto escribírtelos por su orden, ilustre Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio,
4para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
5En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel.
6Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor.
7No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada.
8Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno,
9según la costumbre de los sacerdotes, le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso;
10la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso.
11Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso.
12Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor.
13Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan.
14Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento.
15Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno,
16y convertirá muchos hijos de Israel al Señor, su Dios.
17Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».
18Zacarías replicó al ángel: «¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada».
19Respondiendo el ángel, le dijo: «Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena noticia.
20Pero te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento oportuno».
21El pueblo, que estaba aguardando a Zacarías, se sorprendía de que tardase tanto en el santuario.
22Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo.
23Al cumplirse los días de su servicio en el templo, volvió a casa.
24Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir de casa cinco meses, diciendo:
25«Esto es lo que ha hecho por mí el Señor, cuando se ha fijado en mí para quitar mi oprobio ante la gente».
26*1:26-38 Al presentar en paralelo la anunciación de Juan y la de Jesús, Lucas no olvida resaltar la superioridad de este último, que es el Mesías. Además, destaca la fe confiada de María sobre las dudas de Zacarías. En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret,
27a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
28El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» *1:28 Favorecida por Dios de forma singular, María es invitada a alegrarse como la hija de Sión por la salvación que el Señor va a realizar en favor de su pueblo, y se le asegura ya la presencia dinámica y eficaz de Dios. Apoyados en la afirmación angélica y en el saludo de Isabel ( Luc 1:42 ), los Padres de la Iglesia vieron en María a una segunda Eva, salida sin mancha de las manos de Dios, como «un inefable milagro» suyo. .
29Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel.
30El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.
31Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.
32Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;
33reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
34Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».
35El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios.
36También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril,
37porque para Dios nada hay imposible» .
38María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel se retiró.
39En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá;
40entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
41Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo
42y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
43¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?
44Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.
45Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».
46María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor,
47se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
48porque ha mirado la humildad de su esclava. | Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
49porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: | su nombre es santo,
50y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación .
51Él hace proezas con su brazo: | dispersa a los soberbios de corazón,
52derriba del trono a los poderosos | y enaltece a los humildes,
53a los hambrientos los colma de bienes | y a los ricos los despide vacíos .
54Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia
55—como lo había prometido a nuestros padres — | en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».
56María se quedó con ella unos tres meses y volvió a su casa.
57A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo.
58Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella.
59A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre;
60pero la madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan».
61Y le dijeron: «Ninguno de tus parientes se llama así».
62Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase.
63Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados.
64Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
65Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea.
66Y todos los que los oían reflexionaban diciendo: «Pues ¿qué será este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él.
67Entonces Zacarías, su padre, se llenó de Espíritu Santo y profetizó diciendo:
68«Bendito sea el Señor, Dios de Israel, | porque ha visitado y redimido a su pueblo,
69suscitándonos una fuerza de salvación | en la casa de David, su siervo,
70según lo había predicho desde antiguo | por boca de sus santos profetas.
71Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos | y de la mano de todos los que nos odian;
72realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, | recordando su santa alianza
73y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán para concedernos
74que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, | le sirvamos
75con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.
76Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, | porque irás delante del Señor a preparar sus caminos,
77anunciando a su pueblo la salvación | por el perdón de sus pecados.
78Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, | nos visitará el sol que nace de lo alto,
79para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, | para guiar nuestros pasos por el camino de la paz».
80El niño crecía y se fortalecía en el espíritu, y vivía en lugares desiertos hasta los días de su manifestación a Israel.