Levítico 12
Sagrada Biblia (CEE 2011) ›1*12 La antigua concepción sobre la impureza de la mujer que ha dado a luz, muy extendida entre los pueblos primitivos, pudo estar determinada por el temor ante el misterio de la generación, obra de fuerzas divinas o demoníacas. El peligro por el que pasaba la vida de la parturienta podía hacer sospechar la presencia de lo demoníaco. En Israel la impureza se hace derivar de la pérdida de sangre. Indirectamente se aseguraba a la mujer un período de recuperación. El Señor habló así a Moisés:
2«Di esto a los hijos de Israel: “Cuando una mujer quede embarazada y tenga un hijo varón, quedará impura durante siete días; será impura como durante sus reglas.
3El octavo día será circuncidado el niño;
4y ella permanecerá treinta y tres días más purificando su sangre. No tocará ninguna cosa santa ni entrará en el Santuario hasta terminar los días de su purificación.
5Si da a luz una niña, quedará impura durante dos semanas, como durante sus reglas, y se quedará en casa sesenta y seis días más purificando su sangre.
6Al cumplirse los días de su purificación, sea por niño o por niña, presentará al sacerdote, a la entrada de la Tienda del Encuentro, un cordero de un año como holocausto, y un pichón o una tórtola como sacrificio expiatorio.
7El sacerdote lo ofrecerá ante el Señor, haciendo por ella el rito de expiación, y quedará purificada del flujo de su sangre. Esta es la ley referente a la mujer que da a luz un niño o una niña.
8Si no le alcanza para ofrecer una res menor, tome dos tórtolas o dos pichones, uno para el holocausto y otro para el sacrificio expiatorio; el sacerdote hará por ella el rito de expiación y quedará pura”».