Ester 6
Sagrada Biblia (CEE 2011) ›1*6 Se anticipa aquí el giro drástico que dará la situación: Amán morirá en la horca que tenía preparada para Mardoqueo ( Est 7:10 ) y Mardoqueo se sentará en el puesto de Amán ( Est 8:2 ). La mayoría de las versiones atribuyen el insomnio del v. Est 6:1 a la acción directa de Dios. Aquella noche, no pudiendo conciliar el sueño, el rey mandó que trajeran y le leyeran el libro de los anales.
2En él se daba cuenta de que Mardoqueo había denunciado a Bigtán y Teres, los dos eunucos reales que servían como centinelas, por haber conspirado contra la vida del rey Asuero.
3El rey preguntó: «¿Qué honor o dignidad se concedió a Mardoqueo por esto?». Los cortesanos que acompañaban al rey dijeron que no se había hecho nada.
4Entonces el rey prosiguió: «¿Quién está en el patio?». Precisamente entonces llegaba Amán al patio exterior de palacio para pedir al rey que colgaran a Mardoqueo en la horca que le había preparado.
5Los cortesanos respondieron al rey: «El que está ahí es Amán». El rey ordenó que entrara.
6Una vez dentro, el rey le preguntó: «¿Qué se puede hacer a un hombre a quien el rey quiere honrar?». Amán, imaginando que era él mismo el hombre a quien el rey deseaba honrar,
7respondió al rey: «Que al hombre a quien el rey desea honrar
8le traigan vestiduras regias usadas por el rey y un caballo que el rey haya montado y le pongan una corona real en la cabeza.
9Un noble, dignatario real, tomará las vestiduras y el caballo, vestirá al hombre a quien el rey desea honrar y le paseará sobre el caballo por la plaza de la ciudad, pregonando ante él: “Mirad lo que se hace con el hombre a quien el rey quiere honrar”».
10Entonces dijo el rey a Amán: «Bien. Toma las vestiduras y el caballo, como has dicho, y haz todo eso con el judío Mardoqueo, que está sentado a la puerta de palacio. No omitas nada de lo que has dicho».
11Amán tomó la ropa y el caballo, vistió a Mardoqueo y lo paseó montado por la plaza de la ciudad, pregonando ante él: «Mirad lo que se hace con el hombre a quien el rey quiere honrar».
12Después Mardoqueo volvió a la puerta de palacio, mientras Amán, triste y cabizbajo, marchó corriendo a su casa.
13Contó lo sucedido a su mujer, Zeres, y a todos sus amigos, los cuales comentaron: «Si el tal Mardoqueo, ante quien has empezado a caer, es de la raza de los judíos, te hundirás ante él. Él verá tu ruina».
14Estaban aún hablando cuando llegaron los eunucos del rey para conducirlo rápidamente al banquete que Ester había preparado.