Eclesiástico (Sirácide) 38
Sagrada Biblia (CEE 2011) ›1ECLESIÁSTICO 38 Si 1 - Si 2 - Si 3 - Si 4 - Si 5 - Si 6 - Si 7 - Si 8 - Si 9 - Si 10 - Si 11 - Si 12 - Si 13 - Si 14 - Si 15 - Si 16 - Si 17 - Si 18 - Si 19 - Si 20 - Si 21 - Si 22 - Si 23 - Si 24 - Si 25 - Si 26 - Si 27 - Si 28 - Si 29 - Si 30 - Si 31 - Si 32 - Si 33 - Si 34 - Si 35 - Si 36 - Si 37 - Si 38 - Si 39 - Si 40 - Si 41 - Si 42 - Si 43 - Si 44 - Si 45 - Si 46 - Si 47 - Si 48 - Si 49 - Si 50 - Si 51 Índice de libros *38:1-15 En el AT la enfermedad se considera un castigo por el pecado y la curación, consecuencia del perdón de Dios. Lo original de Ben Sira es que intenta armonizar estas ideas tradicionales con el uso de la medicina, entonces en auge en el mundo griego y helenístico y sobre todo en Egipto. Según la doctrina del sabio, muchas veces Dios puede curar las enfermedades por medio del médico. Honra al médico por los servicios que presta, | que también a él lo creó el Señor.
2Del Altísimo viene la curación, | y del rey se reciben las dádivas.
3La ciencia del médico le hace erguir la cabeza, | y es admirado por los poderosos.
4El Señor hace que la tierra produzca remedios, | y el hombre prudente no los desprecia.
5¿Acaso no endulzó el agua con un leño, | para que se conociera su poder?
6Él es quien da la ciencia a los humanos, | para que lo glorifiquen por sus maravillas.
7Con sus medios el médico cura y elimina el sufrimiento, | con ellos el farmacéutico prepara sus mezclas.
8Y así nunca se acaban las obras del Señor, | de él procede el bienestar sobre toda la tierra.
9Hijo, en tu enfermedad, no te desanimes, | sino ruega al Señor, que él te curará.
10Aparta tus faltas, corrige tus acciones | y purifica tu corazón de todo pecado.
11Ofrece incienso, un memorial de flor de harina | y ofrendas generosas según tus medios.
12Luego recurre al médico, pues también a él lo creó el Señor; | que no se aparte de tu lado, pues lo necesitas:
13hay ocasiones en que la curación está en sus manos. |
14También ellos rezan al Señor, | para que les conceda poder aliviar el dolor, | curar la enfermedad y salvar tu vida.
15El que peca contra su Hacedor | ¡caiga en manos del médico!
16Hijo, por un muerto derrama lágrimas, | y como quien sufre atrozmente, entona un lamento; | amortaja el cadáver como es debido, | y no descuides su sepultura.
17Llora amargamente, date fuertes golpes de pecho, | celebra el duelo según su dignidad: | un día o dos para evitar murmuraciones, | pero luego consuélate de tu tristeza.
18Porque la tristeza lleva a la muerte, | y la pena del corazón consume las fuerzas.
19En la desgracia se prolonga la pena, | la vida del pobre le aflige el corazón.
20No te abandones a la tristeza, | apártala, pensando en el final.
21No olvides que no hay retorno; | al difunto no le aprovecha tu tristeza y a ti te perjudicas.
22Recuerda mi sentencia, que será también la tuya: | «a mí me tocó ayer, a ti te toca hoy».
23Con el descanso del muerto haz que descanse su memoria, | consuélate de él, una vez que ha dejado de existir.
24La sabiduría del escriba se adquiere en los ratos de ocio, | el que se libera de los negocios se hará sabio.
25¿Cómo podrá llegar a sabio el que empuña el arado, | y alardea de tener por lanza la aguijada, | el que conduce bueyes, los arrea mientras trabajan | y no sabe hablar más que de novillos?
26Se dedica con empeño a abrir surcos | y se desvela cebando terneras.
27De igual modo el obrero o artesano | que trabaja noche y día; | los que graban las efigies de los sellos | y se afanan por variar los detalles; | ponen todo su empeño en igualar el modelo | y pasan las noches rematando la obra.
28También al herrero sentado junto al yunque, | atento a los trabajos del hierro: | el vapor del fuego le perjudica la carne | y en el calor de la fragua se fatiga; | el ruido del martillo lo ensordece | y sus ojos están fijos en el modelo de la herramienta; | se esfuerza por concluir su obra | y pasa sus noches puliendo todos los detalles.
29Igualmente el alfarero sentado a su tarea, | haciendo girar el torno con sus pies, | continuamente preocupado por su trabajo | y atareado en producir más cantidad de piezas;
30con su brazo moldea la arcilla, | con sus pies ablanda su dureza; | se esfuerza por acabar el barnizado | y pasa sus noches limpiando el horno.
31Todos estos confían en sus manos, | y cada uno es experto en su oficio.
32Sin ellos no se podría construir una ciudad, | ni se podría habitar ni circular por ella.
33Pero no se les busca para el consejo del pueblo, | ni ocupan puestos de honor en la asamblea. | No se sientan en el sitial del juez, | ni comprenden las disposiciones del derecho.
34No son capaces de enseñar ni de juzgar, | ni figuran entre los autores de proverbios. | Pero ellos aseguran el funcionamiento del mundo | y su preocupación está en las tareas de su oficio.