2 Crónicas 28
Sagrada Biblia (CEE 2011) ›1*28 Comienza el capítulo con un sumario ( 2Cr 28:1-4 ) que anticipa el juicio negativo sobre Ajaz y presagia las actividades finales del monarca ( 2Cr 28:24 s). El cronista tiene sumo interés en agudizar el contraste entre Ajaz y Ezequías, su inmediato sucesor. Al final de su reinado, Ajaz recurre al rey de Asiria, no para hacer frente a los coaligados ( 2Re 16:7 ), sino a los idumeos y a los filisteos, mientras incrementa la cuenta de sus pecados: idolatría (el «desenfreno» de 2Cr 28:19 ; véase Éxo 32:25 ), profusión de los lugares de culto pagano, obstinación en su maldad, rebeldía contra Dios -incluso durante el asedio de las tropas asirias ( 2Cr 28:22 )-, destrozo de los objetos de culto y, sobre todo, cerrar las puertas del templo. Una vez cerradas las puertas del templo, la dinastía ya no tiene razón de existir. El autor, no obstante, sabe que ya ha nacido un sucesor glorioso, Ezequías, que acaso sea el hijo anunciado por Isaías ( Isa 7:14 ). Ajaz se ha hecho indigno de ser enterrado en el panteón real. Tenía Ajaz veinte años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. No hizo lo que es bueno a los ojos del Señor, como su antepasado David.
2Siguió los caminos de los reyes de Israel, llegando a fundir estatuas para los baales.
3Quemaba incienso en el valle de Ben Hinnón e hizo pasar a su hijo por el fuego, según la costumbre abominable de las naciones que el Señor había expulsado ante los hijos de Israel.
4Sacrificaba y quemaba incienso en los santuarios de los altozanos, en las colinas y bajo los árboles frondosos.
5El Señor, su Dios, lo entregó en manos del rey de Siria, que lo derrotó, capturó numerosos prisioneros y los llevó a Damasco. También lo entregó en manos del rey de Israel, que le infligió una gran derrota.
6Pécaj, hijo de Romelías, mató en Judá a ciento veinte mil de Judá en un solo día, todos ellos aguerridos, por haber abandonado al Señor, Dios de sus padres.
7Zicrí, un soldado de Efraín, mató a Maasías, hijo del rey, a Azricán, mayordomo de palacio, y a Elcaná, lugarteniente del rey.
8Entre mujeres, hijos e hijas, los hijos de Israel tomaron a sus hermanos doscientos mil prisioneros. Se apoderaron también de un gran botín y lo llevaron a Samaría.
9Había allí un profeta del Señor llamado Oded. Salió al encuentro del ejército que regresaba a Samaría, y les dijo: «El Señor, Dios de vuestros padres, irritado, ha puesto a Judá en vuestras manos, y vosotros habéis matado a su gente con una furia que clama al cielo.
10Encima os proponéis convertir a los habitantes de Judá y de Jerusalén en esclavos y esclavas vuestros. ¿Es que vosotros mismos no sois culpables ante el Señor, vuestro Dios?
11Hacedme caso y devolved a los prisioneros que habéis apresado de entre vuestros hermanos, porque el Señor está enfurecido contra vosotros».
12Algunos jefes efraimitas —Azarías, hijo de Juan; Berequías, hijo de Mesilemot; Ezequías, hijo de Salún; y Amasá, hijo de Jadlay— se opusieron también a los que venían de la guerra
13y les dijeron: «No traigáis aquí a los prisioneros, pues nos haríamos culpables ante el Señor. ¿Tratáis de aumentar nuestros pecados y nuestras culpas? Nuestra culpa ya es bastante grande y la ira ardiente del Señor pesa sobre Israel».
14Entonces la tropa dejó los prisioneros y el botín a disposición de los jefes y de la comunidad.
15Se levantaron algunos hombres nominalmente designados para confortar a los cautivos. A los que estaban desnudos los vistieron con ropas y calzado del botín. Les dieron de comer y de beber, los ungieron, trasportaron en asnos a los débiles y los llevaron a Jericó, la ciudad de las palmeras, con sus hermanos. Luego se volvieron a Samaría.
16Por entonces, el rey Ajaz llamó en su ayuda al rey de Asiria.
17Los idumeos habían retornado, habían derrotado a Judá y se habían llevado a algunos cautivos.
18Los filisteos habían invadido las ciudades de la Sefelá y del Negueb de Judá, se habían apoderado de Bet Semes, Ayalón, Guederot, Socó con sus aldeas, Timná con sus aldeas y Guinzó con sus aldeas, y se establecieron en ellas.
19El Señor humillaba a Judá por culpa de Ajaz, rey de Israel, que arrastró al desenfreno a Judá y fue infiel al Señor.
20Pero Teglatfalasar, rey de Asiria, en vez de ayudarlo, marchó contra él y lo sitió.
21Aunque Ajaz despojó el templo del Señor, el palacio real y las casas de los jefes, para dárselo al rey de Asiria, de nada le sirvió.
22Incluso durante el asedio, el rey Ajaz continuó siendo infiel al Señor.
23Ofreció sacrificios a los dioses de Damasco que lo habían derrotado, pensando: «Puesto que los dioses de los reyes de Siria les ayudan, también yo les ofreceré sacrificios para que me ayuden». Pero fueron su ruina y la ruina de Israel.
24Ajaz reunió los utensilios del templo del Señor y los hizo pedazos; cerró las puertas del templo del Señor, construyó altares en todos los rincones de Jerusalén
25y erigió santuarios en los altos de todas las ciudades de Judá para quemar incienso a dioses extraños, irritando al Señor, Dios de sus padres.
26El resto de sus hechos y todas sus obras, las primeras y las postreras, están escritas en el libro de los Reyes de Judá e Israel.
27Ajaz se durmió con sus padres y lo sepultaron en la ciudad, en Jerusalén, pero no lo llevaron al panteón real de Israel. Le sucedió en el trono su hijo Ezequías.