2 Corintios 1
Sagrada Biblia (CEE 2011) ›12 CORINTIOS Los buenos resultados de la embajada de Tito a la comunidad de Corinto ( 2Co 7:6 s), agitada por diversas dudas y vacilaciones, animaron al Apóstol a escribir esta segunda carta a sus cristianos. En ella nos encontramos con la fuerte conciencia que tenía Pablo de su condición de apóstol, la consideración de su apostolado como ministerio de reconciliación ( 2Co 5:16-21 ), la forma tan estrecha en que se sentía vinculado en su persona y en su actuación al misterio de Cristo ( 2Co 4:7-18 ; 2Co 6:1-10 ), la percepción de toda su existencia y de todas sus circunstancias a la luz de ese misterio ( 2Co 1:15-22 ; 2Co 12:9 s). Junto con ello, 2 Corintios nos ha dejado muestras preciosas de la reflexión paulina sobre aspectos teológicos de primera importancia: la realización del plan salvador de Dios, el misterio de la encarnación, la relación entre la Antigua y la Nueva Alianza, la acción del Espíritu, la comunión íntima y efectiva entre las distintas comunidades cristianas, el misterio de la cruz y la resurrección. Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y Timoteo, el hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que residen en Acaya:
2gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
3¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo,
4que nos consuela en cualquier tribulación nuestra hasta el punto de poder consolar nosotros a los demás en cualquier lucha, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios!
5Porque lo mismo que abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, abunda también nuestro consuelo gracias a Cristo.
6De hecho, si pasamos tribulaciones, es para vuestro consuelo y salvación; si somos consolados, es para vuestro consuelo, que os da la capacidad de aguantar los mismos sufrimientos que padecemos nosotros.
7Nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que si compartís los sufrimientos, también compartiréis el consuelo.
8Pues no queremos que ignoréis que la tribulación que nos sobrevino en Asia nos abrumó tan por encima de nuestras fuerzas que perdimos toda esperanza de vivir.
9Pues hemos tenido sobre nosotros la sentencia de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos;
10el cual nos libró y nos librará de esas muertes terribles; y esperamos que nos seguirá librando,
11si vosotros cooperáis pidiendo por nosotros; así, viniendo de muchos el favor que Dios nos haga, también serán muchos los que le den gracias por causa nuestra.
12Pues el motivo de nuestro orgullo es el testimonio de nuestra conciencia: ella nos asegura que procedemos con todo el mundo, y sobre todo con vosotros, con la sinceridad y honradez de Dios, y no por sabiduría carnal, sino por gracia de Dios.
13Pues no os escribimos sino lo que leéis o entendéis; ya nos habéis entendido en parte,
14pero espero que entendáis completamente que somos nosotros vuestro motivo de orgullo, lo mismo que vosotros el nuestro, para el día de nuestro Señor Jesús.
15Con este convencimiento deseábamos ir primero a vosotros, a fin de que recibierais otra gracia y, pasando junto a vosotros, ir a Macedonia;
16y luego, desde Macedonia, volver a vosotros, para que vosotros me encaminarais hacia Judea.
17Al hacer estos planes, ¿actué a la ligera?, ¿o es que los planes que hago los hago con miras humanas, de forma que se dan en mí el sí y el no?
18¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no es sí y no *1:18 La relación estrecha e inseparable entre el ministerio apostólico y el misterio de Cristo explica que, para defenderse de quienes lo critican, Pablo esgrima un argumento de gran alcance cristológico. .
19Pues el Hijo de Dios, Jesucristo, que fue anunciado entre vosotros por mí, por Silvano y por Timoteo, no fue sí y no, sino que en él sólo hubo sí.
20Pues todas las promesas de Dios han alcanzado su sí en él. Así, por medio de él, decimos nuestro Amén a Dios, para gloria suya a través de nosotros.
21Es Dios quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros; y además nos ungió,
22nos selló y ha puesto su Espíritu como prenda en nuestros corazones.
23Dios me es testigo, por mi vida, de que no he ido aún a Corinto por consideración a vosotros;
24y no porque seamos señores de vuestra fe, sino que contribuimos a vuestra alegría. Pues vosotros os mantenéis firmes en la fe.