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1 Reyes 11

Sagrada Biblia (CEE 2011)

1*11:1-13 El reino de Salomón había comenzado pletórico de esperanzas pero concluye abocado al fracaso, pues su rey hizo lo malo a los ojos del Señor . A juicio de los historiógrafos deuteronomistas, sus numerosos matrimonios con princesas extranjeras motivaron un sincretismo religioso que se pone de manifiesto en los santuarios dedicados a divinidades extranjeras como Milcón, el dios nacional de los amonitas al que sacrificaban víctimas humanas. El nombre de esta divinidad aparece deformado en el texto hebreo bajo la forma despectiva Mólec. El rey Salomón amó a muchas mujeres extranjeras: a la hija del faraón, a mujeres moabitas, amonitas, edomitas, sidonias e hititas,

2mujeres de los pueblos de los que había dicho el Señor a los hijos de Israel: «No os unáis a ellas ni ellas a vosotros, pues seguro que arrastrarán vuestro corazón tras sus dioses». Pero Salomón se unía a ellas por amor

3y tuvo setecientas mujeres con rango de princesas y trescientas concubinas.

4Cuando llegó a viejo, sus mujeres desviaron el corazón de Salomón tras otros dioses y su corazón no fue por entero del Señor, su Dios, como lo había sido el corazón de David, su padre.

5Salomón iba en pos de Astarté, diosa de los sidonios, y de Milcón, abominación de los amonitas.

6Salomón hizo así lo malo a los ojos del Señor, no manteniéndose del todo al lado del Señor como David, su padre.

7Edificó Salomón por entonces un altar a Camós, abominación de Moab, sobre el monte que está frente a Jerusalén, y otro a Milcón, abominación de los amonitas.

8Lo mismo hizo con todas sus mujeres extranjeras que quemaban incienso y sacrificaban a sus dioses.

9Y se enojó el Señor contra Salomón por haber desviado su corazón del Señor, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces,

10dándole instrucciones sobre este asunto: que no fuera en pos de otros dioses. Pero no guardó lo que el Señor le había ordenado.

11El Señor dijo a Salomón: «Por haber actuado así y no guardar mi alianza y las leyes que te ordené, voy a arrancar el reino de tus manos y lo daré a un siervo tuyo.

12Pero no lo haré en vida tuya, en atención a David, tu padre, sino que lo arrancaré de manos de tu hijo.

13Tampoco le arrancaré todo el reino, en atención a David, mi siervo, sino que daré a tu hijo una tribu en consideración a Jerusalén, a la que he elegido».

14Suscitó entonces el Señor a Salomón un adversario, Hadad el edomita, de la estirpe real de Edón.

15Cuando David hubo derrotado a Edón, Joab, jefe del ejército, subió a dar sepultura a los muertos y mató a todos los varones de Edón,

16pues Joab y todo Israel permanecieron allí seis meses hasta que exterminaron a todos los varones de Edón.

17Pero Hadad huyó en dirección a Egipto, junto con algunos hombres edomitas servidores de su padre. Era entonces Hadad un muchacho joven.

18Partieron de Madián y llegaron a Farán; tomaron consigo hombres de allí y llegaron a Egipto, ante el faraón, rey de Egipto, quien le proporcionó casa con la promesa de sustento y le concedió tierras.

19Halló Hadad gran favor a los ojos del faraón, que le dio como mujer a la hermana de su mujer, la hermana de la Gran Dama Tajfenés.

20La hermana de Tajfenés le dio a luz un hijo, Guenubat. Lo crió Tajfenés en casa del faraón y Guenubat vivió en la casa del faraón con los hijos del faraón.

21Cuando Hadad se enteró de que David había reposado con sus padres y que Joab, jefe del ejército, estaba muerto, Hadad dijo al faraón: «Déjame partir y regresar a mi tierra».

22El faraón le preguntó: «¿Qué te falta aquí a mi lado para que trates de ir a tu tierra?». Respondió: «Nada, pero déjame partir». (25b) Entonces Hadad regresó a su tierra. El mal hecho por Hadad consistió en rechazar la autoridad de Israel y reinar en Edón.

23Dios le suscitó otro adversario, Rezón, hijo de Elyadá, que había huido de su señor Hadadézer, rey de Sobá:

24se le unieron algunos hombres y se hizo jefe de banda (cuando David los mató). Fueron a Damasco, allí se instalaron y establecieron un reino en Damasco.

25(25a) Durante toda la vida de Salomón, Damasco fue un adversario de Israel.

26*11:26-40 El relato sobre la revuelta de Jeroboán concluye la historia del reinado de Salomón e inicia la del período de división de los reinos de Israel y Judá. En este punto aparece insertada la leyenda profética de Ajías de Siló ( 1Re 11:29-39 ), el cual rasga su manto para significar la división del reino de Salomón en cumplimiento de la palabra divina. El rechazo de Jeroboán por Ajías recuerda el de Saúl por Samuel ( 1Sa 15:27 s). Jeroboán era hijo de Nebat, efraimita de Seredá; su madre, mujer viuda, se llamaba Seruá. Se hallaba al servicio de Salomón, pero alzó la mano contra el rey.

27Las circunstancias de su alzamiento fueron estas: construía Salomón el Miló con objeto de cerrar la brecha de la ciudad de David, su padre.

28Jeroboán era un líder valeroso. Salomón pudo observar que el joven era un experto trabajador y lo puso al frente de toda la leva de la casa de José.

29Sucedió entonces que Jeroboán salía de Jerusalén y se le presentó el profeta Ajías de Siló cubierto con un manto nuevo. Estando los dos solos en campo abierto,

30tomó Ajías el manto nuevo que llevaba puesto, lo rasgó en doce jirones

31y dijo a Jeroboán: «Toma diez jirones para ti, porque así dice el Señor, Dios de Israel: “Rasgaré el reino de manos de Salomón y te daré diez tribus.

32La otra tribu será para él, en atención a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que me elegí entre todas las tribus de Israel.

33Porque me ha abandonado postrándose ante Astarté, diosa de los sidonios, ante Camós, dios de Moab, y ante Milcón, dios de los amonitas, no siguiendo mis caminos ni haciendo lo que es justo a mis ojos, mis decretos y sentencias, como su padre David.

34No tomaré de su mano todo el reino; lo mantendré como príncipe todos los días de su vida en atención a David mi siervo, a quien yo elegí y que guardó mis mandatos y decretos.

35Pero tomaré de mano de su hijo el reino, las diez tribus, y te lo daré,

36aunque daré a su hijo una tribu para que a David mi siervo le quede siempre una lámpara en mi presencia en Jerusalén, la ciudad que me elegí para poner allí mi Nombre.

37A ti te tomaré y tú reinarás sobre cuanto desees: serás rey de Israel.

38Si escuchas todo cuanto te ordene y andas por mi camino y haces lo recto a mis ojos, guardando mis decretos y mis mandamientos, como hizo David mi siervo, yo estaré contigo y te daré una dinastía estable como se la di a David. Te entrego a Israel

39y humillaré el linaje de David por esta causa, mas no por siempre”».

40Salomón intentó matar a Jeroboán, pero Jeroboán emprendió la huida a Egipto, junto a Sosac, rey de Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Salomón.

41El resto de los hechos de Salomón, todo cuanto hizo y su sabiduría ¿no está escrito en el libro de los Hechos de Salomón?

42El tiempo que reinó en Jerusalén sobre todo Israel fue de cuarenta años.

43Salomón se durmió con sus padres y lo enterraron en la ciudad de su padre David. Le sucedió en el trono Roboán, su hijo.

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