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Mateo 24

Nuevo Testamento CEBIHA

1RUINAS DE JERUSALÉN Y ÚLTIMOS TIEMPOS / VIGILAR Y SER CONSTANTES (Mc 13, 1; Lc 21,5).— Jesús salió del Templo, iba caminando, y se acercaron sus discípulos para mostrarle las construcciones del Templo.

2Pero Él les dijo: ¿Veis todo esto? Os aseguro que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea destruida.

3Sentado Él en el monte del Olivar, se le llegaron los discípulos aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo ocurrirá esto, y cuál será la señal de tu venida y de la terminación del mundo?

4Jesús les respondió: Cuidad que nadie os seduzca.

5Porque vendrán muchos usando mi nombre y diciendo: Yo soy el Cristo, y enseñarán a muchos.

6Oiréis hablar de guerras y de rumores de guerras; no os alarméis, porque es preciso que todo eso ocurra, pero no es aún el fin.

7Pues se levantará gente contra gente y reino contra reino, y habrá hambre y terremotos en diversos lugares;

8mas todo eso será sólo el principio de los dolores.

9Entonces os entregarán a la tortura, y os matarán, y seréis aborrecidos de todos los pueblos por mi nombre.

10Y se escandalizarán muchos, y se traicionarán y se odiarán mutuamente;

11y surgirán muchos falsos profetas, y engañarán a muchos;

12y el rebosar de la iniquidad enfriará la caridad de los más;

13pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.

14Se predicará este evangelio del Reino en el mundo entero, en testimonio para todas las naciones, y entonces vendrá el fin.

15TRIBULACIÓN SUPREMA (Mc 13,14; Lc 21,20).— Así que, cuando viereis la abominación de la desolación anunciada por medio del profeta Daniel, en el lugar santo —el que lea entienda—,

16entonces los que estén en Judea huyan a los montes;

17el que esté en la azotea, no baje a tomar nada de su casa,

18y el que esté en el campo no torne por su manto.

19¡Ay de las que estén encinta y criando en aquellos días!

20Orad para que no suceda vuestra huida en invierno ni en sábado.

21Porque habrá entonces tribulación tan grande, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.

22Y, si no se acortasen aquellos días, nadie se salvaría; pero, en atención a los elegidos, serán acortados los días aquellos.

23Entonces, si alguno os dijere: ¡El Cristo está aquí o allá!, no lo creáis;

24porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios para engañar, si posible fuera, aun a los mismos elegidos.

25Mirad que os lo he predicho.

26Si, pues, os dicen que está en el desierto, no salgáis; si en una celda, no lo creáis.

27Porque, como el relámpago sale de Oriente y brilla hasta Occidente, así será la venida del Hijo del hombre.

28Donde estuviere el cadáver, allí se Juntarán los buitres.

29LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE (Mc 13,26; Lc 21,27).— Y al punto, después de la tribulación de esos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, y las columnas de cielo se tambalearán.

30Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre, y todas las tribus de la tierra golpearán sus pechos, y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria.

31Y enviará a sus ángeles con poderosa trompeta, y reunirán de los cuatro vientos a los elegidos, desde el uno al otro extremo del cielo.

32Aprended de la higuera la parábola. Cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan hojas, conocéis que el verano se acerca.

33Así también vosotros, cuando veáis todo esto, sabed que ya está cerca, a las puertas.

34Os aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto ocurra.

35El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

36INCERTIDUMBRE DEL TIEMPO DEL JUICIO (Mc 13,22; Lc 21,34).— Mas de aquel día y hora, nadie sabe, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.

37Como en los tiempos de Noé, así será la venida del Hijo del hombre.

38Porque, como en los días que precedieron al diluvio comían y bebían, se casaban ellos y ellas, hasta el día en que entró Noé en el arca,

39y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos; así será también la venida del Hijo del hombre.

40Entonces estarán dos en el campo: uno será tomado y otro abandonado.

41Dos molerán juntas; tomarán una, y dejarán la otra.

42Velad, pues, porque no sabéis en qué día llega vuestro Señor.

43Y considerad que, si el amo de casa supiera a qué hora de la noche vendría el ladrón, estaría en vela y no permitiría socavar su casa.

44Por eso también vosotros estad preparados; porque a la hora en que no penséis, llega el Hijo del hombre.

45¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, puesto por el amo al frente de su servidumbre, para darle provisiones a su tiempo?

46Dichoso ese siervo, si, al llegar su amo, lo encontrase obrando de ese modo.

47Os aseguro que lo pondrá al frente de su hacienda.

48Pero, si el mal siervo aquél dijera en su corazón: Mi amo tarda;

49y se pusiera a golpear a sus compañeros, y a comer y a beber con los que se embriagan,

50vendrá el señor de aquel siervo el día en que menos lo espere, y a la hora en que menos piense,

51y lo partirá en dos, y le asignará su suerte con los hipócritas. Allí habrá llanto y crujir de dientes.

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