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Lucas 11

Nuevo Testamento CEBIHA

1JESÚS ENSEÑA A ORAR (Mt 6, 9; 7, 7).— Orando Él en cierto lugar, cuando acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.

2Díjoles, pues: Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu nombre; venga tu reino;

3danos cada día nuestro pan cotidiano;

4y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe; y no nos metas en tentación.

5Y les dijo: Si uno de vosotros tiene un amigo, y viniese a él a medianoche y le dijera: Amigo, préstame tres panes,

6pues un amigo mío ha venido de camino a mi casa y no tengo qué darle,

7y aquél, respondiera desde dentro: no me molestes; la puerta está cerrada, y mis hijos acostados como yo; no puedo levantarme a dártelos,

8yo os aseguro que, si no se levanta a dárselos por ser su amigo, por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

9Y yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; llamad, y se os abrirá.

10Porque el que pide recibe; el que busca halla, y al que llama se le abrirá.

11¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? Y si un pez, ¿le dará en lugar de un pez una serpiente ?

12O si le pide un huevo, ¿ le dará un escorpión?

13Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que lo piden?

14EL DEDO DE DIOS (Mt 12, 22; Mc 3, 20).— Expulsaba a un demonio mudo, y, cuando el demonio huyó, habló el mudo. Las turbas se maravillaron;

15pero algunos de ellos dijeron: En Beelzebul, príncipe de los demonios, arroja los demonios.

16Otros, para probarlo, le pedían una señal del cielo.

17Mas Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, queda devastado, y cae casa sobre casa.

18Y si Satanás se divide contra sí mismo, ¿cómo subsistirá su reino? Porque decís que en Beelzebul expulso los demonios.

19Si yo expulso los demonios por Beelzebul, vuestros hijos, ¿por quién los expulsan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces.

20Pero, si con el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que el Reino de Dios llegó a vosotros.

21Cuando el fuerte armado guarda su palacio, segura está su hacienda.

22Pero si uno más fuerte que él sobreviene y le vence, le quita las armas en que confiaba y reparte sus despojos.

23Quien no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.

24Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, recorre los lugares áridos, buscando descanso, y, al no hallarlo, se dice: volveré a mi casa de donde salí.

25Y a su llegada, la encuentra barrida y adornada.

26Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él, entran y moran allí, y el último estado del hombre aquél es peor que el primero.

27Esto decía, y una mujer, elevando la voz entre la multitud, dijo: Dichoso el seno que te llevó, y los pechos que te alimentaron.

28Pero Él dijo: Más bien, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la practican.

29EL SIGNO DE JONÁS (Mt 12, 38).— Creciendo la turba, comenzó a decir: Esta generación es perversa; pide un signo, y no le será dado otro que el signo de Jonás.

30Como Jonás fue un signo para los ninivitas, así el Hijo del hombre lo será para esta generación.

31La reina del Mediodía se alzará en el juicio con los hombres de esta generación, y los condenará; porque ella vino desde los confines de la tierra a escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay más que Salomón.

32Los hombres de Nínive, se levantarán el día del juicio con esta generación; y la condenarán, porque hicieron penitencia por la predicación de Jonás, y aquí hay más que Jonás.

33CRISTO, LUZ DEL ALMA (Mt 5,15; 6, 22; Mc 4,21; Lc 8,16).— Nadie enciende una lámpara y la pone en un rincón, ni bajo el celemín, sino sobre el candelabro, para que los que entren vean la claridad.

34La luz de tu cuerpo son tus ojos; si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo está iluminado: pero si están malos, tu cuerpo estará en tinieblas.

35Cuida, pues, que tu luz no sea en ti tinieblas.

36Y si tu cuerpo entero está iluminado, no teniendo parte alguna tenebrosa, todo él resplandecerá como cuando la lámpara te ilumina con su resplandor.

37¡AY DE LOS FARISEOS Y DOCTORES! (Mt 23,1).— Hablando estaba, y un fariseo le invitó a comer con él; entró y se puso a la mesa.

38El fariseo se extrañó al ver que no se había lavado antes de comer.

39Pero le dijo el Señor: Ahora, vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato; mas vuestro interior está lleno de rapiña y de maldad.

40¡Insensatos! El que hizo lo exterior, ¿no hizo también lo interior?

41Pero dad limosna de lo de dentro y todo lo tendréis limpio.

42Mas ¡ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, y de la ruda, y de todas las legumbres, y omitís la justicia y el amor de Dios! ¡Hay que hacer esto sin omitir aquello!

43¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer sitial en las sinagogas y los saludos en las plazas!

44¡Ay de vosotros, que sois como sepulcros ocultos, sobre los que pisan los hombres sin saberlo!

45Entonces uno de los doctores de la Ley dijo: Maestro, hablando así, nos ultrajas también a nosotros.

46Y Él replicó: ¡Ay de vosotros también, los doctores de la Ley, que imponéis a los hombres cargas insoportables, y vosotros no las tocáis con un dedo!

47¡Ay de vosotros que edificáis las tumbas de los profetas, a quienes vuestros padres asesinaron!

48Así que atestiguáis y asentís a las obras de vuestros padres: pues ellos los mataron, y vosotros edificáis.

49Por eso dijo también la Sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles, y de ellos matarán y perseguirán,

50de modo que les sea pedida cuenta a esta generación de la sangre de todos los profetas, que ha sido vertida desde la creación del mundo,

51desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, asesinado entre el altar y el santuario. Sí; os digo, será demandada a esta generación.

52¡Ay de vosotros, doctores de la Ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia; y no entráis vosotros, ni dejáis entrar!

53Cuando salió de allí, comenzaron los fariseos y escribas a acosarle terriblemente y a proponerle muchas cuestiones,

54tendiéndole lazos, para sorprenderle en alguna palabra de su boca.

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