Juan 6
Nuevo Testamento CEBIHA ›1MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES (Mt 14, 13; Mc 6, 30; Lc 9, 10)—.— Después, marchó Jesús al otro lado del mar de Galilea, de Tiberíades.
2Le seguía una turba numerosa, porque veían los prodigios que hacía con los enfermos.
3Subió Jesús al monte, y allí se sentó con sus discípulos.
4Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.
5Jesús alzó los ojos, y, viendo venir a Él mucha gente, dice a Felipe: ¿Dónde compraremos panes para que éstos coman?
6Esto decía para probarle, pues Él sabía lo que iba a hacer.
7Felipe le contestó: Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno de ellos tome un poco.
8Dícele uno de los discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro:
9Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces. Pero ¿qué es esto para tantos?
10Dijo Jesús: Haced que se sienten los hombres. Y había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron, pues, los hombres en número como de cinco mil.
11Y tomó Jesús los panes, dio gracias y los distribuyó entre los que estaban sentados, y lo mismo los peces, cuanto quisieron.
12Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: Recoged los trozos sobrantes, para que nada se pierda.
13Los recogieron y llenaron doce cestos de trozos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido.
14Entonces aquellos hombres, viendo el milagro que había hecho Jesús, decían: Éste es, en verdad, el Profeta que había de venir al mundo.
15Y Jesús, dándose cuenta de que estaban para venir y arrebatarle para hacerle rey, se retiró otra vez al monte Él solo.
16SOBRE LAS AGUAS (Mt 14, 24; Mc 6, 47).— Llegada la tarde, bajaron sus discípulos al mar,
17y, entrando en una barca, iban a la otra ribera, a Cafarnaúm. Había ya oscurecido, y Jesús no había aún venido a ellos.
18Y el mar era agitado por un viento fuerte.
19Habiendo remado como unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo.
20Mas Él les dice: Soy yo, no temáis.
21Quisieron recibirle en la barca, y al instante la barca tocó tierra allí donde se dirigían.
22PROMESA DE LA EUCARISTÍA.— Al día siguiente, la turba situada a la otra parte del lago, notó que allí había sólo una barca y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se fueron solos.
23Mas vinieron de Tiberíades otras barcas del sitio donde el Señor dio gracias y comieron el pan.
24Y cuando la gente vio que no estaban allí ni Jesús ni sus discípulos, subieron a las barcas y vinieron a Cafarnaúm en busca de Jesús;
25y encontrándolo al otro lado del lago, le dijeron: Maestro, ¿cuándo has venido aquí?
26Contestóles Jesús: En verdad, en verdad os digo, me buscáis no porque visteis milagros, sino porque comisteis de los panes hasta hartaros.
27Procuraos, no el alimento que pasa, sino el que dura para la vida eterna el que os da el Hijo del hombre; a quien Dios Padre acreditó con su sello.
28Entonces le dijeron: ¿Qué haremos para realizar las obras de Dios?
29Respondióles Jesús: La obra de Dios es creer en quien Él envió.
30Dijéronle entonces: ¿Y qué milagros haces Tú para que veamos y creamos en Ti? ¿Cuál es tu obra?
31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo.
32Y Jesús les dijo: En verdad, en verdad, os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, sino mi Padre os da el verdadero pan del cielo,
33Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.
34Dijéronle entonces: Señor, danos siempre este pan.
35Díjoles Jesús: Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí, no tendrá hambre, y el que cree en mí, no tendrá sed jamás.
36Pero ya os dije que me habéis visto y no creéis.
37Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que viene a mí no lo echaré fuera,
38pues he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
39Y ésta es la voluntad del que me envió, que nada pierda yo de cuanto Él me ha dado, sino que lo resucite en el último día.
40Pues voluntad de mi Padre es que todo el que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna, y yo lo resucite en el último día.
41Murmuraban de Él los judíos, porque dijo: Yo soy el pan bajado del cielo;
42y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y cuya madre nosotros conocemos? ¿Cómo dice ahora: He bajado del cielo?
43Jesús les respondió: No murmuréis entre vosotros.
44Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo trajese, y yo lo resucitaré en el último día.
45Está escrito en los Profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y acepta su enseñanza, viene a mí.
46No que alguno haya visto al Padre, sino quien procede de Dios, éste ha visto al Padre.
47En verdad, en verdad os digo: El que cree, tiene vida eterna.
48Yo soy el pan de la vida.
49Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.
50Éste es el pan que baja del cielo, para comer uno de él, y no morir.
51Yo soy el pan vivo bajado del cielo: Si uno come de este pan, vivirá eternamente, y el pan que yo daré es la carne mía por la vida del mundo.
52Discutían, pues, los judíos entre ellos, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
53Díjoles Jesús: En verdad, en verdad os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre y no bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros.
54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, yo lo resucitaré en el último día.
55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida.
56El que come mi carne y bebe mi sangre, mora en mí y yo en él.
57Como el Padre viviente me envió, y yo vivo por el Padre, así el que me come, vivirá por mí.
58Éste es el pan bajado del cielo, no como lo comieron los padres y murieron. El que come este pan, vivirá eternamente.
59Esto dijo enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm.
60Pero muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: Dura es esta doctrina; ¿quién tiene valor para oírla?
61Conociendo Jesús en sí mismo que murmuraban de esto sus discípulos, les dijo: ¿Esto os escandaliza?
62¿Y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba primero?
63El espíritu es el que vivifica, la carne nada aprovecha. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida.
64Pero hay entre vosotros algunos que no creen. Pues Jesús ya desde el principio sabía quiénes no creían y quién le había de entregar.
65Y decía: Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí, si no le fuese dado por el Padre.
66Desde esto muchos de sus discípulos se volvieron atrás, y no andaban con Él.
67Entonces Jesús preguntó a los Doce: ¿También vosotros queréis iros?
68Simón Pedro le contestó: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
69Y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.
70Jesús les respondió: ¿No os elegí yo a los Doce? Y, sin embargo, uno de vosotros es un diablo:
71Hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, pues éste le iba a entregar, y era uno de los Doce.