Salmos 28
Biblia Serafín de Ausejo ›1De David. A ti, Señor, yo clamo, no te estés, mi roca, mudo, no sea que si tú callas en mi caso, me iguale a los que descienden a la fosa.
2Escucha mi plegaria, cuando clamo hacia ti y alzo mis manos hacia tu lugar santísimo.
3No me arrastres en el haz de los impíos, con los agentes de maldad que hablan de paz con sus vecinos, con malicia en su interior.
4Dales tú según sus hechos, conforme a la maldad de sus acciones; retribúyeles según las obras de sus manos, dales el pago que merecen.
5No se dan a meditar las obras del Señor ni las acciones de sus manos: que los destruya él y no los reconstruya.
6Bendito sea el Señor, pues escucha la voz de mi plegaria.
7El Señor es mi fortaleza, él mi escudo, en él espero y él me ayuda: mi corazón se regocija y con mi canto le doy gracias.
8El Señor es la fortaleza de su pueblo y alcázar de la victoria de su ungido.
9Libera tú a tu pueblo, bendice a tu heredad, apaciéntalos y guíalos por siempre.