Salmos 119
Biblia Serafín de Ausejo ›1Dichosos los que, sin mancha en su conducta, la ley del Señor toman por guía;
2dichosos quienes observan sus avisos y lo buscan con todo el corazón,
3que no incurren en maldad y que se guían por sus sendas.
4Tú diste tus mandatos a fin de que se cumplan con esmero:
5ojalá que mis andares sean firmes en la guarda de tus leyes.
6Entonces no tendré que avergonzarme de fijarme en tus dictados;
7con recto corazón te alabaré, al aprender tus justas decisiones.
8Tus mandatos yo, cierto, he de cumplirlos: no me dejes por nada en abandono.
9¿Con qué podrá lograr un joven su camino? Guardándose, a la luz de tu palabra.
10Yo te busco con todo el corazón: no me dejes marrar en tus mandatos;
11en mi interior escondo tus palabras, a fin de no pecar en tu presencia.
12Bendito seas, Señor, enséñame tus leyes.
13Con mis labios yo anuncio las decisiones todas de tu boca.
14En seguir tus avisos tengo gozo, más que en toda riqueza.
15Tus preceptos yo quiero meditarlos y fijarme en tus senderos.
16En tus leyes me complazco: jamás me olvidaré de tu palabra.
17Haz merced a tu siervo: que yo viva y guarde tu palabra.
18Destápame los ojos y que vea los misterios de tu ley.
19Yo soy un peregrino por el mundo: no me ocultes tus preceptos.
20Mi alma se deshace de nostalgia hacia tus decisiones, de continuo.
21Tú gritas maldición a los altivos que abandonan tus leyes.
22Ahórrame el oprobio y la deshonra: yo observo tus avisos.
23Aunque se unan los grandes y tramen contra mí, meditará tu siervo tus mandatos:
24yo tengo en tus avisos mis delicias, y ellos son mis consejeros.
25Mi alma está tocando con el polvo: dame vida, conforme a tu palabra.
26Yo describo mi andar por que me atiendas: adoctríname en tus instituciones;
27introdúceme al curso de tus leyes, que yo pueda rumiar tus maravillas.
28Mi alma es toda llanto de pesar: susténtame, conforme a tu palabra.
29Ahórrame las sendas mentirosas y hazme la gracia de tu ley.
30Yo he elegido la senda de verdad y apropiado tus juicios;
31yo me apego a tu enseñanza: no permitas, Señor, que me avergüence.
32Correré por los caminos de tu ley, pues tú ensanchas mis entrañas.
33instrúyeme, Señor, en tus mandatos, y yo los guardaré hasta el final.
34Dame saber y observaré tu ley, la guardaré de todo corazón.
35Encáuzame por la senda de tus leyes, que en ellas me complazco.
36Pon en mí inclinación a tus avisos y no a mi provecho.
37Desvía mi mirada de lo vano y haz que viva en tus caminos.
38Haz real en tu siervo la palabra que lleva a tu temor.
39Aparta de mí el oprobio del recelo, pues tus decisiones son amables.
40Ve mi amor a tus mandatos y hazme vivir en tu justicia.
41Venga a mí, Señor, tu gracia, tu socorro, conforme a tu promesa,
42y podré yo responder al que me insulta que fío en tu palabra.
43No arranques de mi boca la palabra de verdad: yo confío en tus decretos
44y he de guardar tu ley por siempre, eternamente.
45Podré andar en la holgura, pues busco tus mandatos;
46podré hablar ante los reyes de tus revelaciones, sin tener que azararme.
47Yo me complazco en tus preceptos y les tengo afección.
48Bendigo tus prescripciones, que yo amo, y medito tus leyes.
49Ten presente a tu siervo la promesa en que me has hecho que esperara.
50En mis pesares tengo yo este consuelo: que tu palabra me da vida.
51Los soberbios me toman a irrisión, mas de tu ley no me desvío;
52recuerdo tus juicios de otro tiempo, Señor, y me consuelo.
53Soy pasto del furor de los impíos que abandonan tu ley.
54Tus preceptos me son como cantares en la casa en que habito.
55En la noche, Señor, me acuerdo de tu nombre y hago guardia a tu ley.
56Cuanto tengo está aquí: guardar tus mandamientos.
57Mi destino, Señor - yo lo proclamo -, es guardar tus ordenanzas.
58De corazón imploro tu favor: apiádate, conforme a tu promesa.
59A reflexión someto mis senderos y retorno mis pies a tus avisos;
60toe apresuro y no dudo en observar tus mandamientos.
61Los lazos del impío me rodean, mas de tu ley yo no me olvido.
62En medio de la noche me alzo para alabarte por tus justos decretos.
63Soy amigo de todo el que te teme y observa tus mandatos.
64De tus gracias, Señor, la tierra está repleta: instrúyeme en tus leyes,
65Tú haces gracia con tu siervo, conforme, Señor, a tu palabra.
66Enséñame juicio y discreción: yo tengo fe en tus mandatos.
67Primero de humillarme, andaba errado, pero ahora retengo tu palabra.
68Tú eres bueno y haces bien: enséñame tus leyes.
69Los soberbios me embarran de mentiras, mas yo guardo tus leyes con amor;
70su corazón es craso como el sebo, mas para mí tu ley son mis delicias.
71Saludable me ha sido la aflicción para aprender tus mandamientos.
72Las leyes de tu boca cuentan más para mí que miles de oro y plata.
73Tus manos me han creado y me han formado: enséñame a comprender tus mandamientos.
74Tus fieles me verán y gozarán de que me haya acogido a tu palabra.
75Yo sé, Señor, que tu juicio es justo y que tienes razón al afligirme.
76Que tu gracia, te ruego, me consuele, conforme a tus palabras a tu siervo.
77Que tu piedad me alcance y viviré, tu ley son mis delicias.
78Confúndase el soberbio que sin razón me aflige: yo rumio tus preceptos.
79Que se vuelvan a mí los que te temen y podrán comprobar tus testimonios.
80Que yo sea perfecto en tus mandatos, a fin de no tener que avergonzarme.
81Mi alma desfallece por tu amparo, yo fío en tu palabra;
82mis ojos languidecen hacia tus promesas y digo: ¿Cuándo vendrás a consolarme?
83Aun estando como odre sobre el humo, no olvido tus preceptos.
84¿Cuánto montan los días de tu siervo?, ¿cuándo harás tu juicio a mi opresor?
85Ante mí excavan fosa los soberbios en contra de tu ley.
86Tus mandatos son todos lealtad: sin razón me persiguen; sé mi ayuda.
87Por muy poco me borran de la tierra, mas no abandono tus preceptos.
88Por tu amor, hazme vivir y observaré el aviso de tu boca.
89Para siempre, Señor, subsiste en los cielos tu palabra;
90por todas las edades, tu verdad: tú fundaste la tierra y se mantiene.
91Conforme a tus decretos, perduran hasta hoy, porque todo se tiene a tu servicio.
92Si en tu ley no tuviera mis delicias, hubiera perecido en mi miseria.
93Jamás me olvidaré de tus decretos, pues por ellos me das vida.
94Tuyo soy, sé tú mi auxilio, pues yo estudio tus preceptos.
95Para ruina me acechan los malvados, mas yo prosigo absorto en tus avisos.
96A toda perfección descubro el fin, mas tus preceptos son vastos en extremo.
97¡Cómo quiero yo tu ley! Ella es mi meditación de todo el día.
98Sobre mis enemigos me hacen sabio tus mandatos, pues siempre están conmigo;
99aventajo en saber a mis maestros, de meditar en tus revelaciones;
100penetro más allá que los ancianos, por guardar tus preceptos.
101De todo mal camino retengo yo mis pies, por obedecer a tu palabra.
102De tus juicios no disiento, pues eres tú el que me enseña.
103Cuánto son al paladar suaves tus palabras, más que miel a la boca!
104A través de tus mandatos yo comprendo y aborrezco el camino de mentira.
105Tu palabra es el faro de mis pies y una luz en mi senda.
106Yo hice el juramento, y lo mantengo, de observar tus justas decisiones.
107Harto grande es mi pena: dame, Señor, la vida, conforme a tu palabra.
108Acepta, Señor, la oferta de mi boca y dame a conocer tus decisiones.
109Mi vida está en mi mano expuesta de continuo, mas no me olvido de tu ley.
110Los impíos me ponen asechanzas, mas de tu ley no me desvío.
111Mi heredad serán por siempre tus avisos, ellos son la alegría de mi alma.
112Inclino el corazón a practicar tus leyes, por siempre, hasta el final.
113Yo aborrezco los equívocos, y a tu ley tengo afección.
114Tú eres mi abrigo y tú mi escudo, yo fío en tu palabra.
115Apartaos de mí, los malhechores, yo cumplo los preceptos de mi Dios.
116Sosténme, según tu promesa, y viviré; no expongas a bochorno mi esperanza;
117manténme y seré salvo, tendré siempre a mi vista tus preceptos.
118Al que deja tus leyes lo desechas, su astucia es engañosa.
119Como escoria remueves al impío, y así tengo yo amor a tus avisos.
120Ante ti de pavor mi carne se estremece y temo tus juicios.
121Yo practico derecho y rectitud: no me des al poder del enemigo.
122Garantiza a tu siervo para bien, que no me opriman los soberbios.
123Mis ojos languidecen por tu auxilio, por tu palabra recta.
124Conforme a tu bondad trata a tu siervo y dame a conocer tus ordenanzas.
125Yo soy tu servidor: dame sentido y que pueda gustar tus testimonios.
126Es el tiempo de obrar para el Señor: se conculca tu ley.
127Así tengo yo amor a tus mandatos, por encima del oro más precioso.
128Por eso me dirijo por todos tus preceptos y aborrezco el camino de mentira.
129Tus testimonios son maravillosos, por eso yo los guardo;
130la instrucción en tus dichos ilumina, da juicio a los sencillos.
131La boca abro y aspiro, de anhelo hacia tus leyes,
132Vuélvete a mí y acógeme en tu gracia, según haces con quien ama tu nombre.
133Asegura mi paso en tus palabras y que nada perverso me domine.
134Rescátame al abuso del humano: guardaré tus preceptos.
135Haz brillar tu presencia ante tu siervo y enséñame tus leyes.
136Ríos de agua descienden de mis ojos de que tu ley no sea observada.
137Tú eres justo, Señor, y tus juicios rectos;
138tú prescribes avisos con razón y con toda verdad.
139Mi celo me consume de ver que el enemigo olvida tus dictados.
140Tu palabra está bien acrisolada y tu siervo la mira con amor.
141Poca cosa soy yo y despreciable, mas no olvido tus decretos.
142Tu justicia es eterna y tu ley es verdad.
143Si el pesar y la angustia dan conmigo, en tus leyes encuentro mis delicias.
144Tus avisos son siempre rectitud: hazme sabio y que viva.
145De corazón te invoco; respóndeme, Señor: cumpliré tus decretos.
146A ti clamo; socórreme: guardaré tus avisos.
147Al alba me levanto para invocar tu ayuda: yo fío en tu palabra;
148mis ojos anticipan las vigilias, a fin de meditar en tu promesa. i
149Escucha mi clamor, según tu amor; dame vida, Señor, conforme a tu decreto. i
150Mi enemigo se asocia con el mal, se aleja de tu ley.
151Tú, Señor, estás cerca y todos tus preceptos son leales.
152Hace tiempo conozco tus avisos, que tú tienes fijados para siempre.
153Considera mi pena y ponme a salvo: yo no tengo tu ley en el olvido.
154Propugna mi derecho, rescatándome, y según tu promesa dame vida.
155Lejano del malvado está el auxilio, pues no busca tu ley.
156Tus piedades, Señor, son numerosas: conforme a tu decreto, dame vida.
157Muchos son mis enemigos y opresores, pero yo no me desvío de tu ley.
158i Cuando veo traidores, me da tedio de que no guarden tu palabra.
159Considera como yo amo tus decretos y por tu amor, Señor, haz que yo viva.
160Tu principio de hablar es la verdad y tus justos decretos son eternos.
161Los grandes me persiguen sin razón, mas mi corazón teme tus dichos.
162Estoy de tus promesas tan gozoso como el que encuentra un gran botín.
163Desprecio la falacia y la abomino, tengo afecto a tu ley.
164Siete veces al día te bendigo por tus justos decretos.
165para el que ama tu ley es todo paz, no conoce tropiezo.
166Yo confío, Señor, en tu socorro, mientras cumplo tus leyes.
167Tus avisos yo los guardo y les tengo gran amor.
168Observo tus decretos y tus leyes: mis caminos te están todos delante.
169Que mi queja, Señor, llegue hasta ti, dame saber, conforme a tu palabra;
170que mi plegaria alcance a tu presencia, según tus promesas, ponme en salvo.
171Que mis labios publiquen tu alabanza, pues me enseñas tus mandatos;
172que mi lengua se haga eco de tus dichos, pues tus leyes son perfectas.
173Que tu mano esté presta a socorrerme, pues yo elijo tus dictados.
174Yo suspiro, Señor, por tu socorro, y tu ley constituye mis delicias.
175Viva yo para alabarte, y que tus decisiones me defiendan.
176Como oveja perdida estoy errante: ve en busca de tu siervo, yo de tus mandamientos no me olvido.