Ester 1
Biblia Serafín de Ausejo ›1PREÁMBULO ESTER EL año segundo del reinado de Artajerjes, el Grande, el día primero del mes de nisán, tuvo un sueño Mardoqueo, hijo de Yaír, hijo de Simí, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín. Mardoqueo era un judío que vivía en la ciudad de Susa, gran personaje, que servía en el palacio del rey. Era de los deportados que Nabucodonosor, rey de Babilonia, había llevado de Jerusalén con Yoyakín, rey de Judea. Y éste fue su sueño. Había gritos y alboroto, truenos y terremoto, agitación en la tierra. Y en esto dos grandes dragones avanzaron, uno y otro dispuestos a luchar, y lanzaron un gran rugido. A su rugido, todas las naciones se aprestaron para la guerra, para guerrear contra la nación de los justos. Fue un día de tinieblas y de oscuridad, de tribulación y de angustia, de estrago y de gran agitación sobre la tierra. Toda la nación de los justos se turbó por miedo a tantos males; se dispusieron a perecer y clamaron a Dios. A su clamor, nació como de una pequeña fuente un gran río, agua en abundancia. La luz y el sol se levantaron; los humildes fueron ensalza-dos y devoraron a los revestidos de gloria. Cuando despertó Mardoqueo después de haber tenido este sueño sobre lo que Dios quería hacer, lo mantuvo en el corazón y a toda costa, hasta la noche, quería desentrañarlo. . Mardoqueo vivía en el palacio con Gabat y Torra, los dos eunucos del rey que custodiaban el palacio. Allí tuvo noticia de sus planes, descubrió sus proyectos y averiguó que se preparaban para poner sus manos sobre el rey Artajerjes. Entonces los denunció al rey. El rey mandó interrogar a los dos eunucos, que después de haberlo confesado, fueron llevados al suplicio. Para memoria de ello, el rey mandó poner estos hechos por escrito, y también Mardoqueo escribió sobre estos sucesos. El rey dio orden de que Mardoqueo desempeñase un cargo en el palacio y le dio regalos por su actuación. Pero Hamán, hijo de Hammedatá, del país de Agag, que gozaba del favor del rey, buscó la manera de hacer daño a Mardoqueo y a su pueblo por el asunto de los dos eunucos del rey. } Sucedió en tiempos de Asuero, el Asuero que reinó desde la India hasta Etiopía sobre ciento veintisiete provincias,
2que en aquellos días, mientras el rey Asuero se sentaba en su trono real, en la ciudadela de Süsa,
3el año tercero de su reinado, dio un festín a todos sus grandes y servidores: a los jefes del ejército de Persia y de Media, a los gobernadores y a los grandes de las provincias, que se reunieron en su presencia.
4Les mostró la riqueza de su gloria regia y el brillo de su magnífica grandeza durante muchos días; durante ciento ochenta días.
5Transcurridos estos días, el rey dio a todo el pueblo que habitaba en la ciudadela de Susa, desde el mayor hasta el menor, un festín por espacio de siete días en la corte del jardín de la casa real.
6Lienzos blancos y morados pendían sujetos con cordones de lino y de púrpura a anillas de plata y a columnas de mármol; divanes de oro y plata se extendían sobre un pavimento de pórfido, de mármol, de alabastro y de mosaico.
7Las bebidas se servían en vasos de oro de formas diversas, y el vino ofrecido por el rey corría en abundancia conforme a la liberalidad del rey.
8La bebida se daba por disposición del rey, pero a nadie se le obligaba, pues asi lo había mandado el rey a todos los intendentes de su palacio, para que cada cual siguiera su gusto.
9También la reina Vasti dio un festín para las mujeres en el palacio real del rey Asuero.
10»El día séptimo, alegre el corazón del rey por el vino, mandó a Mehumán, a Bizzetá, a Jarboná, a Bigtá, a Abagtá, a Zetar y a Karkás, los siete eunucos que estaban al servicio del rey Asuero,
11que trajeran a su presencia a la reina Vasti, con la corona real, para mostrar a los pueblos y a los grandes su belleza, pues era realmente muy hermosa.
12Pero la reina Vasti se negó a acudir, contra la orden del rey transmitida por medio de los eunucos. El rey se enojó mucho, y la ira se encendió en él.
13Interrogó él rey a los sabios conocedores de los tiempos, pues tal era la costumbre del rey con todos los conocedores de la ley y del derecho.
14Entre ellos, los más allegados eran Kar Sená, Setar, Admatá, Tarsis, Meres, Marsená y Memukán, siete grandes de Persia y de Media, que asistían al rey y ocupaban los primeros puestos en el reino.
15Según la ley, ¿qué se debe hacer con la reina Vasti, por no haber ejecutado la orden del rey Asuero transmitida por medio de los eunucos?
16Contestó Memukán en presencia del rey y de los grandes: No sólo contra el rey ha faltado la reina Vasti, sino contra todos los grandes, contra todos los pueblos que hay en todas las provincias del rey Asuero.
17Porque la acción de la reina se divulgará entre todas las mujeres, y será para menosprecio de sus maridos ante sus ojos cuando se diga: El rey Asuero mandó traer a su presencia a la reina Vasti, pero ella no fue.
18Y desde ahora en adelante, las princesas de Persia y de Media que se enteren de la acción de la reina, se la contarán a todos los grandes del rey, y habrá muchos desprecios y enojos.
19Si al rey le parece bien, que él publique un edicto real, que ha de inscribirse entre las leyes de Persia y de Media para que no sea derogado, y que en él se diga que Vasti no comparezca más en presencia del rey Asuero y que el rey da su dignidad de reina a otra mejor que ella.
20El edicto que el rey dé será conocido en todo su reino, aunque sea tan grande; y así todas las mujeres honrarán a sus maridos, desde el mayor hasta el menor.
21Esta propuesta pareció bien al rey y a los grandes; y el rey actuó en conformidad con la sugerencia de Memukán.
22Entonces el rey envió cartas a todas las provincias, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según su lengua, para que todo marido fuera amo de su casa y en ella se hablara la lengua de su pueblo.