Lucas 10
Biblia de Nuestro Pueblo ›1Mt 9,37s Les decía:-La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha.
2Mt 10,9-16; Mc 6,8-11 Vayan, que yo los envío como ovejas entre lobos.
3No lleven bolsa ni alforja ni sandalias. Por el camino no saluden a nadie.
4Cuando entren en una casa, digan primero: Paz a esta casa.
5Si hay allí alguno digno de paz, la paz descansará sobre él. De lo contrario, la paz regresará a ustedes.
6Quédense en esa casa, comiendo y bebiendo lo que haya; porque el trabajador tiene derecho a su salario. No vayan de casa en casa.
7Si entran en una ciudad y los reciben, coman de lo que les sirvan.
8Sanen a los enfermos que haya y digan a la gente: El reino de Dios ha llegado a ustedes.
9Si entran en una ciudad y no los reciben, salgan a las calles y digan:
10Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies lo sacudimos y se lo devolvemos. Con todo, sepan que ha llegado el reino de Dios.
11Les digo que aquel día la suerte de Sodoma será menos rigurosa que la de aquella ciudad.
12Recrimina a las ciudades de GalileaMt 11,20-24 ¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida!
13Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y Sidón, hace tiempo habrían hecho penitencia vistiéndose humildemente y sentándose sobre cenizas.
14Y así, el juicio será más llevadero para Tiro y Sidón que para ustedes.
15Y tú, Cafarnaún, ¿pretendes encumbrarte hasta el cielo? Pues caerás hasta el abismo.
16Y dijo a sus discípulos:-El que a ustedes escucha a mí me escucha; el que a ustedes desprecia a mí me desprecia; y quien a mí me desprecia, desprecia al que me envió.
17Vuelven los setenta y dos Volvieron los setenta [y dos] muy contentos y dijeron:-Señor, en tu nombre hasta los demonios se nos sometían.
18Les contestó:-Estaba viendo a Satanás caer como un rayo del cielo.
19Miren, les he dado poder para pisotear serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada los dañará.
20Con todo, no se alegren de que los espíritus se les sometan, sino de que sus nombres están escritos en el cielo.
21El Padre y el HijoMt 11,25-27; 13,16s En aquella ocasión, con el júbilo del Espíritu Santo, dijo:-¡Te alabo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla! Sí, Padre, ésa ha sido tu elección.
22Todo me lo ha encomendado mi Padre: nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo decida revelárselo.
23Volviéndose aparte a los discípulos, les dijo:-¡Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven!
24Les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; escuchar lo que ustedes escuchan, y no lo escucharon.
25El buen samaritanoMt 22,34-40; Mc 12,28-34 En esto un doctor de la ley se levantó y, para ponerlo a prueba, le preguntó:-Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?
26Jesús le contestó:-¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué es lo que lees?
27Respondió:ás al Señor tu Dioscon todo tu corazón,con toda tu alma,con todas tus fuerzas,con toda tu mente, yal prójimo como a ti mismo.
28Entonces le dijo:-Has respondido correctamente: obra así y vivirás.
29Él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús:-¿Y quién es mi prójimo?
30Jesús le contestó:-Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó. Tropezó con unos asaltantes que lo desnudaron, lo hirieron y se fueron dejándolo medio muerto.
31Coincidió que bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verlo, pasó de largo.
32Lo mismo un levita, llegó al lugar, lo vio y pasó de largo.
33Un samaritano que iba de camino llegó adonde estaba, lo vio y se compadeció.
34Le echó aceite y vino en las heridas y se las vendó. Después, montándolo en su cabalgadura, lo condujo a una posada y lo cuidó.
35Al día siguiente sacó dos monedas, se las dio al dueño de la posada y le encargó: Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a la vuelta.
36¿Quién de los tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los asaltantes?
37Contestó:-El que lo trató con misericordia.Y Jesús le dijo:-Ve y haz tú lo mismo.
38Marta y María Yendo de camino, entró Jesús en un pueblo. Una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa.
39Tenía una hermana llamada María, la cual, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras;
40Marta ocupada en los quehaceres de la casa dijo a Jesús:-Maestro, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en los quehaceres? Dile que me ayude.
41El Señor le respondió:-Marta, Marta, te preocupas y te inquietas por muchas cosas,
42cuando una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y no se la quitarán.