Romanos 1
Biblia Latinoamericana (1972) ›0Introducción CARTA A LOS ROMANOS ᴺ ↣ ˡⁿᵗʳᵒᵈᵘᶜᶜⁱᵒⁿ {K}LAS CARTAS DE S. PABLO ᵈ Las primitivas comunidades cristianas sintieron desde el primer momento la necesidad de conservar todas las cartas que recibían de los apóstoles, pues veían en ellos a testigos de la fe elegidos por Dios. Sin embargo era más difícil que en nuestros días reunir estos documentos y preservar de la humedad un material tan frágil como los papiros. No tardó en aparecer una primera colección de las siete primeras cartas, ordenadas según su extensión: las cuatro “grandes” cartas a los Romanos, Corintios y Gálatas, y las “cartas de la cautividad”. Las otras se fueron añadiendo a ellas, ante todo las cartas a los Tesalonicenses, que son de hecho las más antiguas; y después las que se ampararon bajo el patronazgo de Pablo: las cartas a Timoteo y a Tito, escritas veinte o treinta años más tarde, y la carta a los Hebreos, escrita probablemente en la época de Pablo, cuyo autor es desconocido. Una frase de la “segunda carta de Pedro”, escrita no por él mismo, sino unos cincuenta años después de su muerte, nos muestra que desde esta época las cartas de Pablo fueron contadas entre las Escrituras inspiradas . Pablo se consideraba a sí mismo el “Apóstol de los gentiles”, viendo en ello su vocación personal junto a Pedro, a quien Dios había confiado la tarea de evangelizar el mundo judío, no solamente en Palestina, sino también en todo el Imperio Romano, donde ellos se habían establecido. Pablo había recibido esta misión de Jesús mismo el día de su conversión ; , y había sido tan fundamental en el proyecto divino de la misión y de la extensión de la Iglesia, que no terminó en modo alguno con su muerte. El espíritu de Pablo, una de las grandes manifestaciones del espíritu de Jesús, sigue actuando entre nosotros a través de sus cartas. CARTA A LOS ROMANOS {K}El Evangelio anunciado a los griegos ᵈ Jesús se había presentado como el Salvador, y ante todo quería salvar al pueblo judío. Les habló del Reino, y ellos comprendían que Dios iba a reinar entre ellos en la medida que reinara en sus vidas. Él no ignoraba sus aspiraciones colectivas, pero las orientaba hacia una misión más universal: para ellos era realmente una “Buena Nueva”. Pero después del fracaso de su misión en Israel, con la apertura de la misión a tierras romanas, convenía que el Evangelio fuera asimismo una buena nueva para los griegos del imperio romano que escuchaban la palabra de los apóstoles. Protegidos por sólidas estructuras sociales que nadie discutía, ellos permanecían ajenos al deseo de liberación de los judíos. El imperio romano, al absorberlos, había reducido prácticamente a nada el orgullo y las ambiciones de naciones pequeñas y grandes, dejando un vacío donde las preocupaciones religiosas iban a crecer. Estos hombres se interesaban por todo lo que afectaba a la persona y buscaban entre una balumba de doctrinas y de religiones un medio para escapar al destino. Había que hablarles por consiguiente de Cristo como de aquel que resuelve nuestras contradicciones y nos da la vida. En esta carta a los cristianos de Roma, capital del Imperio, Pablo quiere responder a las preocupaciones de los griegos sin descuidar empero a los judíos, porque ellos eran muy numerosos en la comunidad de Roma, como en todas las del imperio romano, y para ellos que habían creído a Cristo, lo difícil era resituarse ante Dios después de que la gran masa de su pueblo rechazara la fe cristiana. Hasta entonces ellos habían compartido las esperanzas de su pueblo, pensando que todo Israel reconocería la venida del Dios Salvador, y ahora no eran más que una minoría aparentemente al margen de la dilatada historia bíblica. {K}La carta a los Romanos ᵈ La carta a los Romanos es en gran parte una extensa exposición sobre la vocación cristiana. Nos parecerá sin duda difícil, y en efecto lo es. Encontraremos en ella discusiones y una utilización de los textos bíblicos que no desconcertará con frecuencia, porque Pablo argumenta como aprendiera a hacerlo en las escuelas de los rabinos de Jerusalén. Pero conviene recordar que Pablo no parte de un sistema doctrinal, de una teología: parte constantemente de su propia experiencia. El encuentro con Jesús resucitado, la conversión dramática que le pone al servicio del Evangelio, y posteriormente la amplia experiencia de su vida de apóstol y de los dones del Espíritu que actúa en él, la comunión constante con Jesús, el Señor, son las bases de su visión de la fe. Pablo va a hablar, pues, de salvación de Dios, olvidando casi el contexto explosivo de Palestina, donde el nacionalismo judío ha de vérselas con los romanos y donde todas las esperanzas religiosas están politizadas. La salvación de Dios es la salvación de la raza humana como un todo, pero se juega en el corazón de las personas. Todo dependerá de nuestra respuesta a la llamada de Dios. ¿Sabremos confiar en ella? Pablo, marcado por su propia historia, presenta la llegada a la fe como una conversión más o menos dramática. El hombre es esclavo del pecado (convendrá ver qué es lo que Pablo entiende con esto); nosotros quisiéramos liberarnos de él, pero nos falta la clave para comprendernos a nosotros mismos: hemos sido creados para compartir la vida de Dios, y mientras no lo consigamos, experimentaremos una rebelión consciente o inconsciente contra Dios. ¿Habrá que volverse hacia la religión? Con ello ganaríamos muy poco, dice Pablo con una insistencia que sorprenderá a muchos; pues mientras creamos superarnos por las prácticas religiosas, volveremos la espalda a la única fuerza que puede liberarnos: el amor misericordioso de Dios. Pero Dios nos tiende la mano y nos enseña a amar. Jesús viene a nuestro encuentro y nosotros lo crucificamos, y es entonces cuando Dios nos muestra cómo nos ama y perdona. Él no espera otra respuesta que nuestro acto de fe, una fe que nos libera de un solo golpe. Esta salvación es la que anunciaba toda la Biblia, pero desconcierta a todos los que, en la religión judía, se habían quedado con las prácticas. Estas pertenecen a una época de la historia humana a la que ha puesto fin la muerte de Jesús. Nuestro bautismo nos hace entrar en un mundo misterioso, que no es otro que el Cristo resucitado: ahora ya estamos “en Cristo” y vivimos de su Espíritu. El don del Espíritu abre una nueva era donde aquellos que se han hecho hijos e hijas de Dios tendrán que inventarlo todo según las leyes del amor. Pablo insiste sobre el problema del pueblo judío: ¿qué pensar de toda la historia de Israel, al que Dios promete un salvador, y que al fin no lo reconoce? Pablo dirá que no hay que confundir dos cuestiones: el llamamiento del pueblo al que Dios confía un papel particular en la historia, y el llamamiento de las personas que pertenecen a este pueblo. Para cada uno la fe en Cristo será el resultado de un llamamiento gratuito de Dios. Pablo envía esta carta el año 57 ó 58, probablemente desde Corinto. Hasta entonces se había dirigido a comunidades que conocía y cuyas dificultades no ignoraba. Esta vez no; al final de su exposición hablará de manera muy general de la vida cristiana, y sobre todo de la manera de aceptarse unos a otros entre personas de orígenes muy diversos. En Roma, como en cualquier otra parte, no fue tan sencillo reunir en una misma comunidad a judíos y paganos convertidos. Pablo les recomienda lo que ni nosotros mismos logramos practicar: que acepten sus diferencias. {K}La carta a los Romanos en la Iglesia ᵈ Es casi imposible hablar de la carta a los Romanos sin decir al menos unas palabras sobre la importancia que ha tenido y sigue teniendo en las iglesias protestantes. Se sabe que Lutero maduró la Reforma empezando por esta epístola. No se equivocaba viendo en ella la condenación de una Iglesia instalada en el mundo, en la cual la fe se había degradado a menudo en prácticas ajenas a la fe que salva. La cristiandad de la Edad Media era un pueblo parecido al de Israel. Se era cristiano de nacimiento y tal se permanecía; se era creyente, pero, como en cualquier otra cultura, pensaban salvarse mediante los ritos religiosos y las prácticas de las buenas obras que nos merecen el cielo. Era, pues, importante recordar que la fe es el alma de toda conversión, y que esta conversión es la respuesta a una llamada gratuita de Dios. En esta carta no se trata de otra cosa que de Cristo Salvador, y esto era suficiente para devaluar todo el sistema religioso imperante, aplastado por sus tradiciones y devociones. Se habla de fe, cuando apenas se oía predicar otra cosa que la moral, o más bien las categorías de la moral. Se habla de la Palabra de Dios dirigida a todos los hombres, cuando se contentaban con confiar en los hombres de Iglesia. Era, pues, una crítica radical de la Iglesia que había acabado mirándose a sí misma en lugar de volverse a Dios, y cuyo sistema político, doctrinal o represivo ocultaba el horizonte. Sin embargo hemos dicho que esta carta se basa en la experiencia de Pablo como judío y como fariseo y después como apóstol llamado directamente por Cristo. A partir de aquí hablará de pecado y de justificación, de llamamiento y de salvación mediante la fe. Por su parte, Lutero y sus contemporáneos leían esta carta a partir de sus problemas; todo hay que decirlo: de sus angustias. Ellos eran los representantes de una cristiandad terminal, obsesionada por la perspectiva del pecado y de la condenación eterna, víctima de una filosofía (el nominalismo) en la cual las cosas no son buenas ni malas en sí, sino en cuanto Dios las declara tales. Por ello, todo lo que Pablo dice sobre la predestinación del pueblo judío lo ven como un problema de predestinación personal al cielo o al infierno. Pablo habla de Dios que nos justifica -una palabra que entonces tenía un sentido muy poco preciso- para decir que Dios restablece en nosotros un orden auténtico; comprenden que, si nosotros creemos, Dios nos considerará justos aunque nada cambie en nosotros. Las grandes perspectivas de una humanidad angustiada por el pecado y la gracia, incapaz de liberarse a sí misma, se van a reducir a un problema personal: ¿soy yo realmente libre o soy un simple juguete de la gracia? Tomando al pie de la letra el lenguaje imaginario de Pablo, se va a construir una doctrina del pecado original en la cual todos expiamos, y por la eternidad, el pecado de un primer antepasado. Muchas generaciones de protestantes y católicos van a verse marcados por estas controversias. Por más que se hable de salvación sólo mediante la fe, o por la fe y las obras, o por la fe, las obras y los sacramentos, el amor del Padre que salva y de Cristo Salvador pasará a un segundo plano, obsesionados por la salvación: ¿cómo puedo escapar de este rígido círculo donde Dios me encierra? El Dios justo, de sentencias inexorables, que condena con tanta facilidad al infierno, traumatizará a Occidente y desencadenará la rebelión del ateísmo militante. No está mal saberlo en nuestros días. Cuando se ha tratado mucho tiempo a Pablo, y sobre todo en la carta a los Romanos, se ve que para él el Padre de Jesús es realmente padre, y que es amado apasionadamente. Se descubren en él mil detalles que revelan su experiencia de una comunión continua y de una vida "en" el Dios Trino, una experiencia muy próxima a la de san Juan. Esto no nos impedirá encontrar en esta carta lo que ya Lutero, después de san Agustín, descubriera: una exposición genial del misterio de la humanidad salvada por Cristo. Tal vez un cierto olvido de esta carta y de esta doctrina ha hecho que, con demasiada frecuencia, los católicos se encerraran en sus prácticas y sacramentos, olvidando la misión. ᶠᵑ BLA+ Biblia Latinoamericana + ®1972.
1[ Rom 1:1 ] ᶜᶠ 1Cor 1:1; ᶜᶠ Gál 1:1 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹ ↠ De Pablo, siervo de Cristo Jesús, apóstol por un llamado de Dios, escogido para el Evangelio de Dios. [ Rm 1:1 ] {C} Pablo, escogido para el Evangelio de Dios. En esa época, el término Evangelio, que significa buena nueva, tenía sentido de victoria. Pablo se presenta como el pregonero del mensaje liberador destinado a toda la humanidad. ¿Dónde está la Buena Nueva? Pablo lo resume en los versos que siguen: El Hijo de Dios vino a la tierra, y después de compartir la condición común a todos los hombres, entró por su resurrección en la gloria que le correspondía. {C}Ha sido designado Hijo de Dios (v. 4). También se podría traducir por o como el Hijo de Dios. Eso no significa que Jesús no haya sido el Hijo de Dios antes de su resurrección, sino que entonces era . Quiso despojarse de su gloria divina para no ser entre los hombres más que un descendiente de David. El día de la Resurrección, el Espíritu de Dios invadió su naturaleza humana de tal manera que en adelante estará presente y actuando en nuestra historia como el Hijo de Dios. Por lo general, Pablo reserva el término {C}Dios para el Padre, fuente del ser divino y de todas las iniciativas divinas; con el Hijo y el Espíritu se cumple todo el misterio de la vida divina, y en esa vida se arraiga la vocación del cristiano. Pablo menciona constantemente los nombres de las tres personas divinas. {C}Apóstol por un llamado de Dios. Los doce apóstoles habían sido elegidos y llamados por Jesús, y el Espíritu Santo los había confirmado en su misión el día de Pentecostés. Pablo es tan apóstol como ellos, pues fue llamado por el mismo Jesús en el camino de Damasco. {C}Nos animaremos mutuamente (12){C}. Al igual que cualquier otro creyente, el apóstol necesita compartir sus inquietudes, sus esperanzas y su fe, pues la Iglesia es una comunión y nadie de nosotros crece derecho sin esa comunión con nuestros hermanos. ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. ʳᶠˣ ▪ ᵒᵏ
2[ Rom 1:2 ] ᶜᶠ Is 52:7; ᶜᶠ Is 61:1; ᶜᶠ Mc 1:1; ᶜᶠ Mc 1:14 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ² ↠ Esta Buena Nueva anunciada de antemano por sus profetas en las Santas Escrituras
3[ Rom 1:3 ] ᶜᶠ Rom 16:26 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ³ ↠ se refiere a su Hijo, que nació de la descendencia de David según la carne,
4[ Rom 1:4 ] ᶜᶠ 1Pe 3:18; ᶜᶠ 2Tim 2:8; ᶜᶠ Hch 2:33; ᶜᶠ Flp 2:9; ᶜᶠ 1Pe 1:21; ᶜᶠ 1Cor 3:10; ᶜᶠ Gál 2:8 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ⁴ ↠ y que al resucitar de entre los muertos por obra del Espíritu de santidad, ha sido designado Hijo de Dios revestido de su poder. De él, Cristo Jesús, nuestro Señor,
5[ Rom 1:5 ] ᶜᶠ Ef 1:14; ᶜᶠ Ef 6:17 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ⁵ ↠ hemos recibido gracia y misión, para que en todos los pueblos no-judíos sea recibida la fe, para gloria de su nombre. [ Rm 1:5 ] {N} JESÚS ES EL SEÑOR: ¿LO INVENTÓ LA FE ? La figura de Jesús, tal como se desprende de los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, es la de un rabí, un maestro de la Ley en la más pura tradición del pueblo de Israel (Jn 3:2). Anque, posteriormente, se haya dado a los conflictos con los fariseos un poco más de importancia que la que habían tenido, no se ha olvidado sin embargo que la enseñanza de Jesús se aproximaba a la de los fariseos en muchos puntos (Mc 2:16; 12:28; 12:32). Discípulos y adversarios le veían como un maestro de la ley autodidacto (Jn 7:15). Pues bien, ¿cómo se pudo pasar de ahí a la figura de Cristo tal como aparece de modo muy especial en las cartas de Pablo: el Señor de la historia, el nuevo Adán, aquel que ha recibido un "Nombre" incomunicable? Los apóstoles y toda la comunidad cristiana, que ha nacido de esta certidumbre, han creído la resurrección de Jesús. No se dudaba de que él fuera el Mesías; también se creía que él era hijo de Dios en un sentido todo especial, completamente diverso de lo que los judíos entendían con este término. Pero hizo falta mucho tiempo para deducir de ello todas las consecuencias, y es seguro que este paso fue más difícil para aquellos que habían conocido personalmente a Jesús y lo habían visto a través del cristal de su cultura judía. No porque Jesús no hubiera sido plenamente judío incluso en su manera de enseñar, sino porque lo que ellos habían amado en él les impedía ir más lejos. Ellos se veían reflejados ciertamente en la carta de Santiago, el más "judío" de los escritos apostólicos. El autor de esta carta, aun reconociendo a Jesús como "nuestro Señor", veía ante todo en él al maestro de una ley nueva que recoge lo mejor del Antiguo Testamento (2:1 y 8). Las comunidades cristianas de Palestina se van, pues, a mantener apegadas a esta imagen que les ha quedado del rabí galileo, impulsadas por el grupo de Nazaret, los "hermanos de Jesús" (Gál 1:19). Él había resucitado, sin duda, pero no había retrasado el reloj del mundo, y su herencia era ante todo una moral depurada. En algunas generaciones estos "judeo-cristianos" se van a encontrar como extranjeros a la fe de la Iglesia, cuyo centro pasará mientras tanto de Jerusalén a Roma. Es aquí donde Pablo juega un papel decisivo sin proponérselo. Él no ha inventado al Cristo Señor y Redentor: ya estaba presente en las primeras proclamaciones de Pedro (Hch 2:32-36; 3:15). Pero Pablo no había sido marcado (y al mismo tiempo limitado) por la imagen y las palabras del rabí galileo; muy al contrario, su conversión había sido un encuentro con el mismo Dios en la persona de Jesús, y la había tomado de lo alto por su relación con la predicación itinerante del Maestro (2Cor 5:16). Si Jesús no hubiera resucitado, se habría quedado como un simple maestro: sus palabras habrían sido quizá más importantes que él mismo. Pero si era verdad que su cuerpo había desaparecido del sepulcro la mañana de Pascua, aquello suponía un quebranto en las leyes del universo. A partir de entonces todas las apariciones del resucitado encerraban un solo mensaje: ¡Jesús Señor! Se estaba muy lejos del Jeremías aureolado de gloria o del Elías llevado al cielo. En Pentecostés Pedro dice que por esta resurrección Dios había rehabilitado a su "santo Servidor" (Hch 3:13), pero añade: "Dios lo ha hecho Señor". Bien pronto habrá que reconocer en Jesús al "hijo de la mujer elevado al cielo para tomar en sus manos el Libro de la Historia" (Ap 12:5; 5:7). Pablo y Juan tienen todo el derecho para hablar de ello porque son verdaderos testigos: ambos han sido invitados a echar una ojeada allá arriba (Ap 4:1; 2Cor 12:2). Ahora era la persona de Jesús la que daba la clave de sus palabras, porque él era Dios nacido de Dios. Cuando Pablo hable de Cristo como "imagen de Dios" (Col 1:15), no nos invitará ante todo a reencontrar en los gestos de Jesús la bondad del Padre: él pensará más inmediatamente en el Hijo que, desde el origen, es la manifestación, proyección y sabiduría activa de Dios eternamente invisible. Es él quien ha atravesado el tiempo y nuestra historia, para que por él toda la creación y la historia de los hombres vuelvan al misterio divino (Col 1:20). En los evangelios Jesús sólo quería ser el anunciador del Reino de Dios. Pero con Pablo sólo hay Reino en el Hijo hecho hombre y resucitado (Col 3:1). Ahí se sitúa la zanja entre la fe cristiana y la posición de aquellos que, entre los judíos, sienten la máxima simpatía por la figura de Jesús. No ha sido Pablo el que ha elevado un muro de incomprensión: el escándalo estaba en la resurrección de Jesús y en su muerte en cruz. El escándalo no es menor para el cristiano de nuestros días. Por mucha fe que tengamos, a veces nos asalta la duda: ¿será verdad todo esto? Y muchos libros escritos por incrédulos o incluso por cristianos instruidos corroboran nuestras dudas: "¿La resurrección? No hay otra prueba sobre ella que un sepulcro vacío... Por otra parte, ¿lo sabemos?... Después se ha interpretado, se ha creído ver... Se dice que ha resucitado, era un modo de rodearle de una aureola y de reafirmar la esperanza de la comunidad...". Todas estas razones no dan sin embargo razón de una convicción íntima en el corazón del creyente; un instinto de Dios le dice que la verdad está en el misterio y no en las interpretaciones que pretenden eliminarlo (1Jn 2:27). Hablamos de "un instinto de Dios", porque ésta no es una cuestión de sentimiento. Nosotros creemos, lo cual quiere decir ante todo que recibimos el testimonio de los apóstoles y de la Iglesia y creemos como ellos creyeron. Pero si nosotros aceptamos la fe, Dios no nos dejará solos con nuestras dudas, pues hay una promesa para aquel que cree: el don del Espíritu Santo (Hch 2:38). Los textos bíblicos del Antiguo y Nuevo Testamento dicen claramente que no se da fe sin una experiencia espiritual (Hb 12:18-24) y sigue siendo más verdadero para aquellos que viven, como es con frecuencia nuestro caso, en una civilización impermeable a la fe (1Cor 12:3). ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. ʳᶠˣ ᵒᵏ
6⁶ ↠ A estos pueblos pertenecen ustedes, elegidos de Cristo Jesús
7[ Rom 1:7 ] ᶜᶠ Éx 19:5; ᶜᶠ 1Cor 1:2; ᶜᶠ 1Pe 2:9 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ⁷ ↠ que están en Roma, a quienes Dios ama y ha llamado y consagrado. Que de Dios, nuestro Padre, y de Cristo Jesús, el Señor, les lleguen la gracia y la paz.
8DESDE HACE MUCHO TIEMPO PABLO DESEABA VISITARLOS ᴺ ⁸ ↠ Ante todo doy gracias a mi Dios, por medio de Cristo Jesús, por todos ustedes, pues su fe es alabada en el mundo entero.
9[ Rom 1:9 ] ᶜᶠ Rom 12:1; ᶜᶠ Rom 15:16 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ⁹ ↠ Dios sabe que los recuerdo constantemente en mis oraciones, mientras le rindo ese culto espiritual que es trabajar por la Buena Nueva de su Hijo.
10¹⁰ ↠ Pues yo desearía, si tal es su voluntad, que se me allane el camino para ir a visitarles.
11[ Rom 1:11 ] ᶜᶠ 1Tes 3:2 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹¹ ↠ Tengo muchas ganas de verlos para comunicarles algún don espiritual que los fortalezca [ Rom 1:11 ] Charisma (a) : Don. En este lugar se trata precisamente de uno de los dones del Espíritu. ᶜᶠ Rom 1:11. ᴾᵍʳ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. ʳᶠˣ ᴾᵍʳ ᵒᵏ
12¹² ↠ y, al compartir nuestra fe, nos animaremos mutuamente.
13¹³ ↠ Quiero que sepan, hermanos, que muchas veces me he propuesto ir donde ustedes, pero hasta el momento no he tenido la posibilidad de ir a cosechar algún fruto entre ustedes, como he hecho en otros países.
14[ Rom 1:14 ] ᶜᶠ 1Cor 9:19 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹⁴ ↠ Pues me siento en obligación con todos, ya sean griegos o extranjeros, cultos o sin estudios,
15¹⁵ ↠ y estoy dispuesto a ir hasta ustedes a Roma para dar el Evangelio.
16[ Rom 1:16 ] ᶜᶠ Rom 1:1 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹⁶ ↠ Como ven, no me avergüenzo del Evangelio. Es una fuerza de Dios y salvación para todos los que creen, en primer lugar para los judíos, y también para los griegos. [ Rm 1:16 ] {C}No me avergüenzo... El salvador proclamado por Pablo es un judío crucificado, un carpintero desconocido. ¡Cuántas veces la gente se burló de Pablo, cuando les hablaba de ese condenado que había salido del sepulcro para ser juez de toda la humanidad! {C}Es una fuerza de Dios... Si bien la proclamación del evangelio va acompañada de milagros, éstos no son más que signos. Dios interviene de una manera mucho más poderosa para transformar a los hombres y la historia doquiera se proclame el Evangelio. {C}Justificar... justicia... justo... reformar (17). La palabra o aparecerá muchas veces en esta carta. En el Antiguo Testamento, el{C} justo era el que cumpliría la ley de Dios. Esta palabra significa tanto justicia como rectitud. El Evangelio enfatiza el aspecto interior de la justicia (ver el comentario de Mt 5); el justo es el que ha sido perdonado y que vive en gracia de Dios (Lc 18,14). Al hablar de justificación, Pablo quiere expresar que la rectitud a la que somos llamados va mucho más allá de lo que podemos construir con nuestros esfuerzos. Para nosotros se trata primero de renunciar a construir solos nuestra vida, y de ponernos en manos de Dios mediante la fe. Entonces Dios nos tiene por {C}justos, porque, en realidad, ha establecido en nosotros un orden nuevo. Pablo hablará de {C}la justicia de Dios para designar el orden nuevo que él quiere establecer en la humanidad. El {C}justo es un poco un santo, tal como lo entendemos hoy, o para ser más modesto, el que es a los ojos de Dios. Por eso, según el contexto, vamos a traducir por o . Y en vez de , diremos, según los pasajes, reformados, o justos y santos, o tales como Dios nos quiere. Los judíos pensaban, como muchos otros, que el hombre se hace justo por sus propios esfuerzos. Pablo replica que la justicia (o rectitud) que interesa a Dios es algo muy distinto, pues va más allá de lo que el hombre puede por sí mismo. Nunca seremos tal como él nos quiere, hasta que Dios no nos acerque a él y nos santifique. Los apóstoles proclamaban el Evangelio a dos categorías de personas: - — a los judíos, a quienes Dios había preparado para recibir un salvador, y - — a los {C}griegos (es decir, a los que hablaban griego). Para un judío todas los demás súbditos del Imperio Romano eran griegos. Esos pueblos no conocían la palabra de Dios ni esperaban nada de él. Pero Pablo demuestra que todos, incluso los judíos, necesitan el Evangelio, pues todos viven en el pecado. ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. ʳᶠˣ ▪ ᵒᵏ
17[ Rom 1:17 ] ᶜᶠ Rom 2:9; ᶜᶠ Hch 13:46; ᶜᶠ Hab 2:4; ᶜᶠ Hb 10:38 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹⁷ ↠ El Evangelio manifiesta cómo Dios nos hace justos, es decir, nos reforma por medio de la fe y para la vida de fe, como dice la Escritura: El que es justo por la fe vivirá.
18LA AMENAZA DEL JUICIO DE DIOS ᴺ [ Rom 1:18 ] ᶜᶠ Miq 7:9; ᶜᶠ Sof 3:1; ᶜᶠ 1Tes 1:10 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹⁸ ↠ Desde el cielo nos amenaza la indignación de Dios por todas las maldades e injusticias de aquellos que sofocan la verdad con el mal. [ Rm 1:18 ] En estos párrafos Pablo se dirige al mundo de los griegos, es decir a esa gran mayoría de hombres que no han recibido la palabra de Dios. En realidad, Dios no ha estado ausente de su conciencia, y durante siglos de civilización y de búsqueda religiosa, han tratado de conocer a Dios y la verdad. Pero Pablo demuestra el fracaso de tal esfuerzo humano, pues la ignorancia y la inmoralidad eran más abundantes en los países donde Dios no había hablado como lo había hecho con los judíos. {C}A pesar de que conocían a Dios, no le rendieron honores. Hay que comparar este texto con otro de la Sabiduría (cap. 13) y con el discurso de Pablo en Hechos 17,27-29. En ellos se nos dice que todos pueden conocer a Dios. Quien contempla el mundo o reflexiona sobre la existencia, puede encontrar en ellos signos de la presencia de Dios. Pero cuando se vive en el pecado, {C}se ahoga la verdad con el mal. Los hombres han adorado siempre a Dios, pero lo conocían con muchas oscuridades. Todo error sobre Dios es causa de errores con respecto a la persona humana y a la civilización. La fe no es una materia opcional o un lujo, como si se pudiera vivir muy bien sin ella. Si se retirara todo lo que viene de la fe en nuestra cultura y en nuestra vida, el mundo moriría falto de esperanza, como ha sido el caso de los pueblos y de las ideologías que han renegado de ella. {C}Por eso Dios dejó que fueran presa de pasiones vergonzosas (26){C}. Pablo se fija especialmente en las relaciones homosexuales que, en el mundo griego eran aceptadas e incluso alabadas por los grandes filósofos. Pablo dice que esto no es señal de un espíritu más abierto, sino una prueba de la ignorancia de Dios. Esta condenación, que no hace más que reproducir las del Antiguo Testamento (Lev 20,13), hoy parece anticuada en países cuya verdadera religión es el liberalismo. Pues allí todo está permitido, todo es bueno, con tal de que se tenga dinero y salud para eso. El sexo ya no tiene responsabilidad alguna y la conveniencia mutua es una justificación sin apelación. Cuando creaturas, animales o cosas fabricadas han tomado el lugar de Dios, hasta habrá cristianos que digan que a Dios le gusta así, por el solo hecho de que a ellos les gusta; es que se ignora la Gloria de Dios, y {C}la conciencia se convirtió en tinieblas... De hecho, las relaciones homosexuales son una forma de idolatrar el propio cuerpo; no se trata aquí, por supuesto, de condenar a los que se sienten inclinados a la homosexualidad, ya sea por naturaleza o, lo más frecuente, por deformación cultural. ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. ʳᶠˣ ▪ ᵒᵏ
19[ Rom 1:19 ] ᶜᶠ Psa 8:3; ᶜᶠ Psa 19:2 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹⁹ ↠ Todo lo que se puede conocer de Dios lo tienen ante sus ojos, pues Dios se lo manifestó.
20[ Rom 1:20 ] ᶜᶠ Sab 13:4; ᶜᶠ 1Cor 1:21 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ²⁰ ↠ Lo que es y que no podemos ver ha pasado a ser visible gracias a la creación del universo, y por sus obras captamos algo de su eternidad, de su poder y de su divinidad. De modo que no tienen disculpa.
21²¹ ↠ A pesar de que conocían a Dios, no le rindieron honores ni le dieron gracias como corresponde. Al contrario, se perdieron en sus razonamientos y su conciencia cegada se convirtió en tinieblas.
22²² ↠ Creyéndose sabios, se volvieron necios.
23[ Rom 1:23 ] ᶜᶠ Dt 4:16; ᶜᶠ Jer 2:11; ᶜᶠ Sa 11:25 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ²³ ↠ Incluso reemplazaron al Dios de la Gloria, al Dios inmortal, con imágenes de todo lo pasajero: imágenes de hombres, de aves, de animales y reptiles.
24[ Rom 1:24 ] ᶜᶠ Jue 2:14; ᶜᶠ Ef 4:19 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ²⁴ ↠ Por eso Dios los abandonó a sus pasiones secretas, se entregaron a la impureza y deshonraron sus propios cuerpos.
25[ Rom 1:25 ] ᶜᶠ Jer 16:19 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ²⁵ ↠ Cambiaron la verdad de Dios por la mentira. Adoraron y sirvieron a seres creados en lugar del Creador, que es bendecido por todos los siglos: ¡Amén!
26²⁶ ↠ Por esto Dios dejó que fueran presa de pasiones vergonzosas: ahora sus mujeres cambian las relaciones sexuales normales por relaciones contra la naturaleza.
27²⁷ ↠ Los hombres, asimismo, dejan la relación natural con la mujer y se apasionan los unos por los otros; practican torpezas varones con varones, y así reciben en su propia persona el castigo merecido por su aberración.
28²⁸ ↠ Ya que juzgaron inútil conocer a Dios, Dios a su vez los abandonó a los errores de su propio juicio, de tal modo que hacen absolutamente todo lo que es malo.
29[ Rom 1:29 ] ᶜᶠ Mc 7:21; ᶜᶠ 1Cor 6:9; ᶜᶠ Gál 6:19; ᶜᶠ 1Tim 1:9; ᶜᶠ Ap 21:8 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ²⁹ ↠ En ellos no se ve más que injusticia, perversidad, codicia y maldad. Rebosan de envidia, crímenes, peleas, engaños, mala fe, chismes
30³⁰ ↠ y calumnias. Desafían a Dios, son altaneros, orgullosos, farsantes, hábiles para lo malo y no obedecen a sus padres.
31³¹ ↠ Son insensatos, desleales, sin amor, despiadados.
32³² ↠ Conocen las sentencias de Dios y saben que son dignos de muerte quienes obran de esa forma. Pero no solamente lo hacen, sino que aprueban a los que actúan de igual modo.