Jonás 4
Biblia Latinoamericana (1972) ›1DIOS AMA A TODOS LOS HOMBRES ᴺ [ Jon 4:1 ] ᶜᶠ Lc 15:28 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹ ↠ A Jonás esto no le gustó nada, y se enojó. [ Jon 4:1 ] {C}DIOS SALVA A TODOS LOS HOMBRES Jonás no ama a los paganos, y si Dios los salva, él no está dispuesto a pagar el pato. Pero esas pequeñeces, dignas de un creyente muy mediocre, no deben ocultarnos un escándalo del que pareciera que Dios tiene la culpa. ¿Cómo se entiende que Dios salva a todos los hombres, si al mismo tiempo repite, a lo largo de toda la Biblia, que el único elegido es Israel, que Jesús sólo tiene palabras de vida, y que no podemos ser salvados sin el bautismo? ¿Acaso tiene Dios dos maneras de hablar? ¿O bien debemos creer que la salvación cristiana es una entre todas las que Dios ha dado a los pueblos de diferentes culturas y religiones? Uno de los primeros que se preguntaron al respecto, el filósofo y mártir san Justino, pensó que ya antes de Jesús, el Verbo de Dios estuvo en el mundo como una semilla de verdad, y que iluminó a los sabios de todas las religiones. San Agustín, por el contrario, tomó al pie de la letra Marcos 16,16: “El que no crea será condenado.” Por ende, se vio obligado a demostrar que todo lo que vemos de bueno en los no cristianos es fruto de un orgullo secreto. En ellos no hay sino virtudes humanas, es decir, una perfección aparente que no tiene valor a los ojos de Dios. Esta solución radical fogueaba el entusiasmo de los bautizados y la Iglesia no demoró en adoptarla. Hay que decir que la Iglesia ya se había sentado en el trono de gloria que a Cristo, su esposo, le correspondía. Siendo él el unico Salvador, ella se daba como la intermediaria que ninguno podía ignorar sin condenarse para siempre. Era verdad que el misterio de la Iglesia abrazaba la humanidad entera, pero se estaban confundiendo dos cuestiones : ¿es la Iglesia necesaria para la salvación de la historia humana? Y aquella otra: ¿no hay acaso salvación para aquellos que no se ubican dentro de la estructura eclesial? Así fue como la Iglesia de Occidente se encastilló en la posición de san Agustín y la apuntaló con la doctrina del pecado original de la que él había trazado las grandes lineas (véase el comentario de Gén 3 y de Rom 5,12). Se sostenía imperturbablemente que debido al pecado de Adán, todos los hombres se condenaban al infierno, excepto aquellos que fueran bautizados o que al menos manifestaran el deseo de hacerlo. Y esto se dijo y se predicó hasta una época muy reciente. Fue sólo en la primera mitad del siglo XX, especialmente con el Concilio Vaticano II, que este muro se cayó oficialmente. Durante los tres siglos anteriores esa condena sin apelación de todas las religiones y de la gran mayoría de los hombres que no entraron en el movimiento cristiano, había escandalizado a innumerables espíritus abiertos, dando así paso al ateísmo occidental, pero la Iglesia (o mejor, las Iglesias) seguían inmutables. No hay pues que extrañarse de que, apenas se reconoció que la voluntad de Dios era salvar a todos los hombres (y esto no sólo en teoría, a saber, que “Dios quiere salvar a todos los hombres con la condición de que crean y se hagan católicos romanos”), la masa de los cristianos haya comenzado a desestimar su fe. No se la negaba, se pensaba que tal vez era mejor, pero que todas las religiones tenían el mismo valor. Bien pronto se llegó a pensar que en este terreno no hay camino que se imponga y que cada uno se salva como puede, si es que aún se puede hablar de salvarse o ser salvado. Los creyentes de hoy no pueden asimilar, en algunos años ni siquiera en el transcurso de un siglo, un viraje de tal magnitud, y sin duda seremos incapaces, antes de mucho tiempo, de entender a la vez cómo Dios ama y salva a todos los hombres y cómo el llamado a la fe que hemos recibido es una gracia única. Debemos escuchar lo que Dios dice al profeta Jonás, pero no por eso olvidaremos que Jesús es mucho más que cualquier Jonás o Salomón (Mt 12,41), más que cualquier sabio o profeta de Oriente o de Occidente. Ninguno, fuera de él, ha recibido el Nombre divino sin el cual la humanidad no se salvará (He 4,12). ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. ʳᶠˣ ▪ ᵒᵏ
2[ Jon 4:2 ] ᶜᶠ Éx 34:6 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ² ↠ Se dirigió a Yavé y le dijo: «Ah, Yavé, es exactamente lo que yo preveía cuando estaba todavía en mi tierra, y por esto traté de huir a Tarsis. Yo sabía que tú eres un Dios clemente y misericordioso, paciente y lleno de bondad, siempre dispuesto a perdonar.
3[ Jon 4:3 ] ᶜᶠ 1Re 19:14; ᶜᶠ Tob 3:6 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ³ ↠ Oh Yavé, te ruego que tomes mi vida, pues ahora es mejor para mí morir que vivir.»
4⁴ ↠ Yavé le contestó: «Jonás, ¿crees tú que tienes razón para enojarte así?»
5⁵ ↠ Pero Jonás salió de Nínive y se hizo una cabaña al este de la ciudad, para ver lo que sucedería a la ciudad.
6⁶ ↠ Entonces Yavé Dios hizo brotar una planta de ricino que creció por encima de Jonás para dar sombra a su cabeza y así calmarlo de su enojo. Jonás se alegró mucho por la planta.
7⁷ ↠ Pero al día siguiente, al amanecer, Yavé mandó un gusano que malogró la planta y la secó.
8⁸ ↠ Al salir el sol, Yavé hizo soplar viento caliente desde el este. El sol acaloró tanto a Jonás que éste se desmayó. Se deseó la muerte y dijo: «Mejor es morir que vivir.»
9⁹ ↠ Entonces Yavé le preguntó: «¿Te parece bien enojarte por este ricino?» Jonás respondió: «Sí, tengo razón para estar enojado hasta el punto de querer morir.»
10¹⁰ ↠ Yavé le replicó: «Te afliges por un ricino que no te ha costado trabajo alguno y que no has hecho crecer, que en una noche ha nacido y en una noche ha muerto.
11[ Jon 4:11 ] ᶜᶠ Mal 1:11; ᶜᶠ Ap 7:9 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹¹ ↠ ¿Cómo, pues, yo no voy a tener lástima de Nínive, la gran ciudad, donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben distinguir el bien y el mal, y gran cantidad de animales?» {1}