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Esdras 7

Biblia Latinoamericana (1972)

1ESDRAS LLEGA A JERUSALÉN ᴺ {1} ¹ ↠ Después de todo eso, bajo el reinado de Artajerjes, rey de Persia, arribó procedente de Babilonia Esdras hijo de Seraías, hijo de Azarías, hijo de Hilquías, [ Esd 7:1 ] En el presente capítulo Esdras es llamado varias veces {C} escriba, o {C} maestro {C} en la Ley. Ley de Yavé, según los judíos {C}; Ley del Dios de los Cielos en la carta oficial del gobierno perso que identificaba a Yavé con el Dios de los Cielos {C} . Se considera habitualmente que Esdras juntó les libros que componían el primer núcleo de nuestra Biblia. Los libros de Moisés llamados la Ley eran la parte esencial de ella. Es entonces cuando la Ley de Dios empieza a ser identificada con un conjunto de libros tenidos por sagrados: ver al respecto 2Ma 2:13 que atribuye esta iniciativa a Nehemías. Es aquí, pues, donde conviene preguntarnos cómo se reconocen los libros sagrados. Et que compra una Biblia no duda de que contiene los libros inspirados, que es el libro de la Palabra de Dios... Pero ¿quién decidió, y con qué criterios, cuáles eran los libros sagrados? Esta pregunta es fundamental pues, bien seamos católicos o protestantes, cualquiera fuere la iglesia a la que pertenecemos, toda nuestra fe se basa en esas Escrituras. Si no existe alguna autoridad capaz de decidir cuáles son los libros inspirados y qué crédito podemos atribuirles, no habrá fe cristiana. ¿En qué difieren esos libros de los otros escritos procedentes de sabios, o de santas personas o de profetas? ¿En qué medida nos entregan éstos la verdad única y eterna que no es sino el propio Dios con su misterio? {N} EL CANON DE LAS ESCRITURAS Es llamada “canon” (una palabra de origen griego que significa {C} regla, o {C} derecho como una regla) la lista oficial de los libros sagrados que son y siempre serán normativos de la fe. Digamos en pocas palabras que la seguridad de la fe descansa en la seguridad de que Dios ha dado a los apóstoles de Jésus, y mediante ellos a la Iglesia, una asistancia especial de su Espíritu para que determine sin error cuáles son los libros sagrados. Volveremos en este punto a propósito de los llamados libros deutero-canónicos. Y para empezar, tratemos de ver cómo esos libros sagrados llegaron a ser reconocidos, por la comunidad israelita primero, luego por la Iglesia. El punto de partida de cada uno de ellos es un escrito redactado por un profeta, o por el discípulo de un profeta, o por un sabio acostumbrado a enseñar la ley de Dios. A veces este autor estaba consciente de ser inspirado, tanto en lo que escribía como en lo que proclamaba. Otras veces quiso enseñar o comentar la Ley de Dios o descubrir cómo se verificaba en los acontecimientos, y lo hizo con fe y convicción de que estaba expresando la fe de Israel, o la de la Iglesia, pero sin por eso pensar que su libro era palabra de Dios. Luego ha habido los azares de la vida y los daños del tiempo: libros quemados, olvidados. El libro depositado en una biblioteca rudimentaria como podía ser entonces cae después de generaciones en manos de un sacerdote o de un letrado que lo encuentra bueno, pero no adaptado a los tiempos nuevos. Toma parte de él o lo toma entero, pero le añade párrafos y páginas. Puede ser que el libro sea copiado y difundido y que muchas personas lo memoricen - pues muy pocos tenían un ejemplar. Pero también puede ser que el libro caiga en el olvido. Luego se llega al momento en que la comunidad religiosa, ya sea la comunidad judía o la Iglesia, se preocupa por juntar sus libros sagrados. Entonces las autoridades religiosas buscan los libros existentes en las varias comunidades, aprecian el interés que se tiene por ellos y notan los que la gran mayoría de los creyentes tienen por inspirados. Y finalmente deciden en nombre de Dios cuáles son los libros que ellas reconocen, los que serán considerados en adelante como portadores de la Palabra de Dios. A partir de ese momento, sabiendo que la Iglesia goza de la asistencia del Espíritu de Dios, los creyentes hacen un acto de fe y reconocen estos libros como inspirados por Dios. Saben que si bien la mayoría de esos libros pasaron por varias manos, son en su estado final una parte del mensaje que Dios quiere dejar a su pueblo para todos los lugares y todos los tiempos. Como se ve, en todo este proceso la actuación de Dios ha sido muy discreta, como lo es en la historia presente de la Iglesia o en nuestras vidas. Estuvo con el autor; estuvo con el sacerdote o el secretario que revisó y tal vez desfiguró el texto original; estuvo en el incendio que destruyó ciertos libros tenidos por sagrados como en los lectores que se encariñaron con tal o cual escrito y lo salvaron del olvido. De alguna manera la cosa puede parecerse a un juego de azar, pero Dios siempre tiene la carta maestra y se lleva su libro, o más bien nos lo deja estampado. Cuanto acabamos de decir vale para todos los libros que componen la Biblia: fue la comunidad religiosa, judía primero y cristiana después, la que los eligió y los reconoció y en esto se nos pide un acto de fe sin el cual no tendríamos más Libro Sagrado. La fe es una decisión en la que reconocemos y elegimos al mismo tiempo al Pueblo y a su Libro. No sabemos ni lo sabremos nunca por qué camino tal o cual libro entró en ese Canon o Regla de las Escrituras, pero el hecho es que entró y que la comunidad, judía o cristiana, nunca renegó de él. {N} DESPUÉS DE ESDRAS Parece que el primer núcleo de la Biblia conformado por Esdras ordenaba ya los libros según dos categorías: La Ley y los Profetas. La Ley, es decir, los cinco libros atribuidos a Moisés; los Profetas, es decir, tanto los libros históricos de inspiración profética como los escritos de los profetas. Fue sin duda un poco más tarde cuando apareció la tercera categoría, la de los Escritos, a medida que se iban reuniendo esos libros de carácter diverso pero que podían habitualmente ser considerados como una "literatura de sabiduría". El prólogo del libro de Sirac es el testimonio de una época, un siglo y medio antes de Cristo, en la que se había impuesto esa estructura. El hecho de considerar a esos libros como libros sagrados no les impidió a algunos que se creían autorizados a hacer ediciones revisadas de ellos o a añadirles nuevos escritos, como fue el caso de Qumrán. Puesto que se veía en esas Escrituras la expresión de la fe del pueblo de Dios, había algunos que se consideraban como los intérpretes auténticos de esa fe. Se añadieron pues otros libros, ya sea a la colección hebrea, ya sea a la biblia griega de los Setenta: no había pues un tabique divisorio entre las dos, por el hecho de que hasta en Palestina se usaba la de los Setenta. Pero esa situación no podía perdurar por siempre: era necesario que algún día las autoridades tomaran una posición y fijaran un solo canon de los libros sagrados. Era necesario además que decidieran si el libro estaba terminado o si permanecía abierto a nuevos escritos. La venida de Jesús y la constitución de la Iglesia iban a precipitar esa nueva etapa. {N} EL CANÓN JUDÍO FIJADO EN JAMNIA Después de la ruina de Jerusalén y de la destrucción del Templo que marcaron el fin de la rebelión y la guerra judía contra los ejércitos romanos, los fariseos, la única fuerza viva sobreviviente entre los partidos o "sectas" que habían dividido a la comunidad judía, hicieron lo que más pudieron para restaurar las instituciones religiosas. Fue en la Escuela sinagogal de Jamnia, en los años 80 a 100 de nuestra era, donde se estableció una lista de los libros considerados como necesarios y cuyo carácter sagrado exigía que uno se purificara después de haberlos tocado. El primer criterio para elegirlos fue la aceptación general de esos libros y su uso en la liturgia. Se conservó la versión hebraica de Ester a la que los esenios de Qumrán rechazaban por su falta de espíritu religioso, se aceptó a Daniel y a las Crónicas y se rechazó la totalidad de los libros que sólo figuraban en la Biblia griega, aun cuando varios de ellos no eran más que traducciones de un original hebreo (como 1 Macabeos, Sirac, Judit). Ese Canon no fue propuesto en forma de ley, pero se impuso, y desde ese momento se estimó que el libro estaba terminado. Bajo el nombre de la Ley, los Profetas y los Escritos, o sea: Torah, Nebiim y Ketubim (abreviado TaNak), la Biblia hebrea alcanzó su forma definitiva. {N} EL CANÓN DE LA IGLESIA La Iglesia no estaba todavía preparada para una tal determinación; se contentaba con utilizar la Biblia griega sin discutir el valor de sus libros. Su atención se fue concentrando en el uso de los escritos nuevos que comenzaban a multiplicarse mientras la Iglesia se iba extendiendo a nuevos países y también iban desapareciendo uno tras otro los apóstoles de Jesús que habían sido los testigos oficiales y la autoridad suprema de la fe. Las tradiciones orales que contenían hechos y gestos de Jesús se agregaban a un cierto número de cartas enviadas por los apóstoles o que habían sido escritas bajo su nombre. Eran frecuentes las relaciones entre los diversos países ribereños del Mediterráneo y pusieron en común su riqueza. Roma tenía el evangelio de Marcos, las grandes cartas de Pablo, los Hechos. Siria, probablemente, entregó Mateo y la carta de Santiago. Asia Menor y las ciudades griegas aportaron su contribución. Una frase de la segunda carta de Pedro, escrita hacia el año 125, nos muestra que ya por esa época las cartas de Pablo eran consideradas como textos inspirados, "igual como las otras Escrituras", sin duda los libros del Antiguo Testamento (2P 3:16). No todo fue recibido con la misma consideración. A lo largo del segundo siglo de nuestra era se descartaron Evangelios o Hechos, de hecho más tardíos que los nuestros, que parecían apartarse de la fe apostólica o revelar fantasía. Tal o cual de ellos, como el {C} Evangelio de Tomás, pudo sin embargo haber conservado palabras auténticas de Jesús que no nos llegaron de otra manera. Igual que para el canon judío, el criterio principal parece haber sido la aceptación general del texto y su uso litúrgico; pero también querían que ese escrito proviniera de un apóstol o de su entorno directo. Eso explica que las Epístolas llamadas Católicas, escritas en su mayor parte en las dos generaciones siguientes, se presentaran como cartas de Pedro, de Judas, de Santiago. Aun cuando haya que esperar hasta fines del siglo cuarto para encontrar concilios y documentos que autorizan la lista de los libros del Nuevo Testamento tal como la tenemos hoy en día, desde fines del siglo segundo se había ya llegado prácticamente a un acuerdo sobre el conjunto. No quedaban más que dos libros en discusión, y por razones parecidas: los orientales no aceptaban la carta a los Hebreos porque veían con claridad que no era de Pablo, y los romanos no querían reconocer al Apocalipsis, ya que estaban convencidos de que no era del apóstol Juan. {N} LOS DEUTEROCANÓNICOS Al mismo tiempo que se fijaba el Canon del Nuevo Testamento, se preocupaban de las Escrituras heredadas de Israel que habían pasado a constituir el Antiguo Testamento. Volvieron a aparecer con argumentos parecidos las mismas discusiones que habían enfrentado, entre los judíos, a los partidarios de la lista larga de los Setenta y a los de la lista corta de la Biblia hebrea. El Oriente en su conjunto se inclinaba por la lista corta; el Occidente, por la lista larga, con Agustín a la cabeza. Si esta última conquistó poco a poco la adhesión de la cristiandad fue merced a San Jerónimo, y el hecho es tanto más notable cuanto que él mismo, influenciado por su ambiente judío en Palestina, se oponía firmemente a ella. Jerónimo había llevado a cabo la traducción latina de la Biblia desde el texto hebreo, siguiendo una sugerencia de Orígenes que quería que la Iglesia buscara la Escritura en su texto original en vez de leerla y de traducirla desde los Setenta como se hacía desde el tiempo de los apóstoles. Apreciaba tan poco los libros griegos que había traducido con gran velocidad, en una sola noche (y sin computadora) todo el libro de Tobías. Eso, sin embargo, no le había impedido poner esos libros en su traducción, la Vulgata latina. No faltaban empero, entre los que leían la Vulgata, versión oficial y casi única de la Iglesia, los que cuestionaran los libros que allí se encontraban. El libro de Sirac, llamado el Eclesiástico, "el libro de la congregación", gozaba de un gran prestigio, y era muy común buscar en el segundo libro de los Macabeos y en el libro de la Sabiduría las primeras profesiones de fe en la resurrección. Por eso cuando se sometió a los Padres del Concilio de Trento, en el siglo 16, un decreto que formulara el Canon con toda la autoridad de la Iglesia y de una manera irreversible, la mayoría se remitió a la práctica general del pueblo cristiano educado por la Vulgata de San Jerónimo y aprobó la lista griega casi completa. No hizo ninguna distinción entre los libros de la Biblia hebrea y los que sólo figuraban en la Biblia griega, a los que desde hacía largo tiempo se los denominaba {C} Deuterocanónicos, es decir, libros de la segunda lista. {N} LOS ESCRÚPULOS PROTESTANTES Entre los que tenían un poco de cultura histórica y bíblica, y a menudo mucho más que un poco, eran numerosos los que hubieran querido excluir a los Deuterocanónicos. En la Iglesia Católica el decreto infalible del Concilio de Trento puso fin a las discusiones. Pero no pasó lo mismo en las iglesias nacidas de la Reforma. Durante un buen tiempo sus biblias incluyeron a los Deuterocanónicos, pero en una sección aparte, precisando que su lectura era útil pero que uno no se podía apoyar en ellos para una discusión. Luego dejaron de imprimirlos. Hace algunas decenas de años han comenzado de nuevo a incluirlos, pero en una sección especial. Sólo resta alegrarse de la caída de una construcción teológica arbitraria que fue aceptada durante 4 siglos, la cual ponía entre los tiempos del Antiguo Testamento hebreo -durante los cuales Dios no podía hablar más que en hebreo, y los del Nuevo Testamento en que hablaba griego, un período de tres siglos llamado Intertestamentario, del cual estaban excluidos a priori la inspiración divina y el progreso de la fe. ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. ʳᶠˣ [ Esd 7:1 ] Entre la Pascua del año 515 relatada en el capítulo 6, y esta misión de Esdras, han transcurrido cerca de sesenta años. Posiblemente Esdras vino en el año 458. Pero también es posible que haya venido en el año 427, después de la primera misión de Nehemías. Entonces estos capítulos 7-10 deberían leerse después del capítulo 6 de Nehemías. Esdras estaba en la provincia persa de Babilonia como encargado de los asuntos religiosos judíos. Era sacerdote y pertenecía a los grupos que, animados por Ezequiel, habían profundizado la Ley de Moisés. Habían reunido los varios textos y, muy posiblemente, son ellos los que dieron su forma definitiva a los libros de la Biblia que componen “la Ley”, es decir, del Génesis al Deuteronomio. Estos sacerdotes han entendido que Israel empieza una nueva etapa de su historia. Los judíos que han vuelto del Destierro deben dirigirse por la Ley de Dios. Esta Ley, que separa judíos y no judíos, y rige todos los detalles de la existencia, será el cimiento de una comunidad religiosa -y luego política-, haciendo de ellos un pueblo unido. Al llegar a Jerusalén con misión oficial, Esdras pretende imponer la Ley de Moisés redactada en forma definitiva: el pueblo judío renace como pueblo de la Ley. La Ley hará del pueblo judío un pueblo más cumplidor y responsable, servidor de Dios en todos los detalles. Pero también está el riesgo de confundir la fe verdadera con las prácticas exteriores. Los que solamente ven el servicio de Dios en el culto del Templo y las prácticas religiosas pueden quedar indiferentes a lo más importante de la vida. ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. ʳᶠˣ ▪ ᵒᵏ

2² ↠ hijo de Salum, hijo de Sadoc, hijo de Ajitub,

3³ ↠ hijo de Amarías, hijo de Azarías, hijo de Merayot,

4⁴ ↠ hijo de Zeraquías, hijo de Uzi, hijo de Buqui,

5⁵ ↠ hijo de Abizúa, hijo de Pinjas, hijo de Eleazar, hijo del sumo sacerdote Aarón.

6⁶ ↠ Era un escriba muy instruido en la Ley que Yavé Dios de Israel había ordenado por medio de Moisés. Como Yavé su Dios estaba con él, el rey le concedió todo lo que le pedía.

7⁷ ↠ Llegaron a Jerusalén, el séptimo año del rey Artajerjes, israelitas, sacerdotes, levitas, cantores, porteros y sirvientes.

8⁸ ↠ Esdras llegó a Jerusalén el quinto mes del séptimo año del rey.

9⁹ ↠ Había iniciado su salida de Babilonia el día primero del primer mes, y llegó a Jerusalén el día primero del quinto mes con la ayuda de Dios.

10¹⁰ ↠ Pues efectivamente se había dedicado con todo su corazón al estudio de la Ley de Yavé, a ponerla en práctica y a enseñarle a Israel las leyes y las costumbres.

11¹¹ ↠ Esta es una copia de la carta que el rey Artajerjes dio a Esdras, el sacerdote escriba (un escriba instruido en las palabras y en las leyes que Yavé había dado a Israel):

12¹² ↠ «Artajerjes, el rey de reyes, a Esdras, el sacerdote, escriba de la Ley del Dios del Cielo.

13¹³ ↠ Esta es la orden que doy: todos los hombres, sacerdotes y levitas del pueblo de Israel, que viven en mi reino y que quieran volver a Jerusalén, pueden partir contigo.

14[ Esd 7:14 ] ᶜᶠ Est 1:14 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹⁴ ↠ El rey y sus siete consejeros te envían para que inspecciones Judá y Jerusalén conforme a la Ley de tu Dios que llevas en tus manos.

15¹⁵ ↠ Tú llevarás el oro y la plata que el rey y sus consejeros ofrecen con mucho agrado al Dios de Israel que mora en Jerusalén.

16¹⁶ ↠ Tú llevarás todo el oro y la plata que recolectes en la provincia de Babilonia y las ofrendas que el pueblo y los sacerdotes ofrezcan generosamente para el Templo de su Dios en Jerusalén.

17¹⁷ ↠ Te encargarás de comprar con ese dinero toros, carneros, corderos, ofrendas y libaciones; las ofrecerás en el altar del Templo del Dios de ustedes en Jerusalén.

18¹⁸ ↠ Con lo que sobre de plata y oro, tú y tus hermanos harán lo que le parezca mejor, según la voluntad de su Dios.

19¹⁹ ↠ Depositarás ante el Dios de Jerusalén, para el servicio de su casa, los objetos que te han sido confiados.

20²⁰ ↠ Si tienes que proporcionar otra cosa aún para la Casa de tu Dios, la tomarás del tesoro real.

21²¹ ↠ Yo, el rey Artajerjes, ordeno esto a todos los tesoreros de la provincia de más allá del Eufrates: ejecutarán al pie de la letra todo lo que les pida el sacerdote Esdras, escriba de la Ley del Dios del Cielo.

22²² ↠ Podrán gastar en todo eso hasta cien talentos de plata, cien medidas de trigo, cien medidas de vino y cien medidas de aceite; en cuanto a la sal, no repararán en gastos.

23²³ ↠ Se ejecutará escrupulosamente cualquier orden del Dios del Cielo con respecto a su Casa, para que no se desate su cólera contra el reino del rey y de sus hijos.

24²⁴ ↠ Además les comunicamos esto: No cobrarán tasa, ni impuesto ni peaje a los sacerdotes, a los levitas, a los cantores, a los porteros y a los sirvientes, en una palabra, a todos los que aseguran el servicio de ese Templo de Dios.

25²⁵ ↠ Por lo que a ti toca, Esdras, con esa sabiduría que te viene de tu Dios, instalarás jueces y magistrados para que administren justicia a todo el pueblo de la provincia al otro lado del Jordán, a todos los que conocen la ley de tu Dios, y tú se la darás a conocer al que no la conoce aún.

26²⁶ ↠ Si alguien no cumple la ley de tu Dios y la ley del rey, será acusado ante la justicia y condenado a multa, a prisión, a exilio o a la muerte».

27²⁷ ↠ Bendito sea Yavé el Dios de nuestros padres, quien puso en el corazón del rey esa decisión de glorificar el Templo de Yavé que está en Jerusalén.

28²⁸ ↠ El hizo que el rey, sus consejeros y todos los altos funcionarios del rey estuvieran a favor de mis proyectos. Luego, lleno de entusiasmo, porque Yavé mi Dios estaba conmigo, reuní a los jefes de Israel para que partieran conmigo. {1}

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