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Apocalipsis 22

Biblia Latinoamericana (1972)

1[ Ap 22:1 ] ᶜᶠ Ez 47:1; ᶜᶠ Jn 7:38 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹ ↠ Después el ángel me mostró el río de agua de la vida, transparente como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero.

2[ Ap 22:2 ] ᶜᶠ Ap 2:7; ᶜᶠ Gén 2:9; ᶜᶠ Ez 47:12 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ² ↠ En medio de la ciudad, a uno y otro lado del río, hay árboles de la vida, que dan fruto doce veces, una vez cada mes, y sus hojas sirven de medicina para las naciones.

3³ ↠ No habrá ya maldición alguna; el trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad, y sus servidores le rendirán culto. [ Apo 22:3 ] {N} LA SALVACION DE LOS NO CRISTIANOS ¿El Nuevo Testamento, palabra definitiva, no nos debiera decir cómo se salvarán los que no han conocido al Unico Salvador? Pero no lo hace, y el Apocalipsis que concluye al libro, sólo nos habla de una lucha sin cuartel de las potencias del mal, instaladas en todas las esferas de la sociedad, contra la Iglesia naciente. En ningún momento menciona a los inumerables no cristianos que no han sido, ni los testigos de la palabra, ni los instrumentos del mal. Y lo mismo ocurre en las cartas de Pablo: los no cristianos son {C} los de afuera; son un {C} mundo en el cual el espíritu malo actúa libremente. Incluso el texto de 1Tim 2:4 ( {C} Dios quiere que todos los hombres se salven...) ignora nuestra cuestión, porque sólo se refiere a la voluntad divina de hacer llegar a todos los hombres el mensaje de salvación. Ignorar hasta tal punto a los que constituyen la inmensa mayor\u00eca podría hacer del cristianismo un mensaje sectario: ya dijimos una palabra sobre ese "fuera de la Iglesia no hay salvación" a propósito de Mc 16:16. No debemos sin embargo sorprendernos: los libros del Nuevo Testamento iban dirigidos a pequeñas comunidades cuyo universo se limitaba al mundo grecorromano y cuyos problemas no iban más allá de su ciudad. Allí estaba el combate para esos cristianos a menudo mal vistos o perseguidos: había que decirles que de su fidelidad dependía la salvación del mundo. Nada, sin embargo, justifica en el Evangelio una discriminación con respecto a los que no recibieron la revelación bíblica: veamos cómo actúa Jesús con los no Judíos en Mc 7:24-8:10. Y del mismo modo la parábola del Juicio final (Mt 25:31) no hace ninguna distinción entre creyentes y no creyentes. Eso es suficiente para llevarnos a replantear el problema de la salvación de los que no han recibido la fe. La cuestión por lo demás no consiste ahora en saber si Dios tiene el espíritu lo bastante amplio como para interesarse en "los de afuera", sino en comprender cómo dispuso El la historia humana de manera que todos sean salvados por el único Salvador, pero que sólo una minoría deba conocer al Hijo hecho hombre. ¿Por qué vocaciones tan opuestas: conocer o no la gran manifestación divina? Si creemos que Dios actúa con una generosidad sin límites y sin distinción de personas, ¿cómo podemos ver en eso una obra digna de él? A muchos cristianos, hoy, les gustaría pensar que solamente el lenguaje y la cutura nos separan de aquellos que no comparten nuestra fe, que la diversidad religiosa nace de nuestras limitaciones y que la verdad debe ser encontrada más allá de los diferentes credos. están abiertos a las espiritualidades orientales o inmersos en nuestra cultura liberal, existe la gran tentación de negar las diferencias y de remitirlo todo al terreno de las religiones comparadas. La revelación cristiana se opone a ese tipo de concesiones: aun cuando aceptemos que haya otras revelaciones de Dios y que otras religiones se apoyen en profetas que no son los nuestros, pero que debemos respetar, el Hijo es único así como Dios es uno. Sin embargo, sin renegar de la unicidad de la salvación cristiana, podemos ampliar nuestra visión tradicional: bastaría con poner en evidencia no una afrenta sino un desafío de las sabidurías no cristianas con la del pueblo de Dios. Durante siglos se ha querido tranquilizarse rebajando esas otras sabidurías y religiones: no son más que balbuceos humanos allí donde Dios nos da la plena luz. Pero, ¿por qué no reconocer que hay allí dos caminos igualmente queridos por Dios, aunque el Espíritu del mal ha sembrado allí toda clase de confusión y de espejismos? No podemos dudar de nuestra vocación privilegiada, pero tampoco podemos concluir que Dios mide los dones que concede a los otros y que los salva de sobra. Dios salva a unos manifestándose y a otros dejándolos que busquen (Hch 17:27); lo que aquí nos parece una contradicción es de hecho una exigencia absoluta de la santidad de Dios. Porque Dios no se puede descubrir sin quedar al mismo tiempo oculto, El no puede prometer y comprometer alguna parte sin hundirse inmediatamente en el misterio o, si preferimos, hundirnos en nuestra condición de criatura. Hablar del Dios Santo es confesar que tenemos una conciencia aguda no tanto de lo que El es sino de su acción siempre imprevisible. Los acontecimientos que vivimos, con su buena dosis de tragedias y de escándalos, se nos presentan entonces como un juego divino: vemos que se desarrollan en un fondo de realidad donde no hay más que el misterio de la libertad divina. {C} Nuestro Dios es un fuego devorador, y nosotros quedamos sin poder hacer nada frente a las iniciativas y a la exuberancia de sus riquezas inalcanzables, a menudo terribles, las que pueden aplastarnos con nuestra sabiduría. El Dios Santo ha querido la cosa más inconcebible para la razón humana: hacer que seres creados vuelvan a El en su eternidad. Asumió en eso riesgos sorprendentes: ¿ qué pueden y qué deben conocer de Dios? ¿Qué experiencias deben efectuar en el curso de su existencia tan limitada en el tiempo, qué deben adivinar del Ser superior del cual provienen para que su vida presente sea un preludio de la eternidad? ¿Qué traumatismos son necesarios para prepararlos para esa metamorfosis? El apóstol Santiago sostiene que en Dios no hay tinieblas y que en El todo es luz. Pero esa luz no es la nuestra y nos encegue. ¿Qué creyente, al salir de la oración, no se encuentra de pronto perturbado por una desgracia imprevista? ¿Cómo pudo Dios permitir eso...? Vayamos más lejos: no ha habido nunca un amigo de Dios, a quien se ha revelado más allá de las normas comunes, que no haya tenido que pasar por tiempos de prueba interior, a veces terrible, donde pareciera que todo lo que ha experimentado no fue más que un sueño. Porque Dios no puede revelarse sin que nujestras palabras, y luego nuestras exsperiencias traicionen su verdad. Ese misterio de una luz que se da y que se niega está en lo más profundo de la obra de salvación. Las tensiones que en Dios mismo se anudan y concluyen en la unidad, son la razón última de las contradicciones inscritas en el plan de salvación con sus diversos caminos: la mayoría de los hombres emprenderá la búsqueda de Dios por cuenta propia, aun cuando Dios se reserve el intervenir discretamente; pero otros son elegidos para ser su pueblo y recibir su propio testimonio. Vivirán otras experiencias y serán los testigos de una sabiduría divina ignorada por los que no han sido llamados. Y así es como el Dios santo salva la historia humana, utilizando tanto su mano izquierda como la derecha, tanto su cara luminosa como su cara oscura. Dios previó que la mayoría de los hombres no conocieran a su Salvador durante su vida terrena, porque eso es bueno y necesario. Pero no digamos que por eso son menos amados: Dios ama a cada uno y a cada una con un amor total que será capaz de transfigurarlos en todas sus dimensiones cuando llegue la hora. Y cuando llegue esa hora, nadie se quejará de haber hecho su camino sin el peso y las riquezas de la revelación, porque las flaquezas que fueron nuestra parte en la tierra aparecerán como los instrumentos del amor particular que Dios nos tiene desde su eternidad. Y en esos inumerables hijos e hijas de Dios que en la tierra no son su pueblo, El sabe elegirse buenos amigos. Pero Dios quiso manifestarse a un pueblo al que ha hecho suyo, porque eso también es bueno y necesario. El llamado a Abrahán primero, el llamado a creer en Cristo después, hicieron nacer un pueblo, no superior a los demás, sino diferente. Ese pueblo es realmente privilegiado porque Dios se dio a sí mismo. No sólo lo conocemos, sino que nos ejercitamos desde ya en lo que será la vida de todos en la eternidad, la relación de amor mutuo en la ternura y en la fidelidad. Y ese pueblo desempeña una función esencial en la historia humana aunque haya escrito muchas páginas poco brillantes. Entre los que han experimentado las riquezas dell amor de Cristo, ¿quién dudará en decir que ha recibido la mejor parte? ¿Habría por tanto que decir que ese privilegio inmerecido nos da una superioridad sobre los que no fueron llamados? San Pablo respondió a esa interrogante en su carta a los Romanos cap. 3. Es el momento de mirar más de cerca la contrapartida del don de Dios. Si la revelación de la Biblia nos ofreciese plena seguridad e hiciese de nosotros ejemplos de virtud, podríamos hablar de desigualdad. Pero es el Dios Santo el que nos ha acercado a El, y nosotros vamos a quemarnos en el fuego de su santidad. ¿Quién soportará el peso del primer mandamiento: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas?" ¿Y quién actuará mejor que esos apóstoles a los que Jesús reprochaba a cada rato su falta de fe? La historia bíblica es la de una larga lista de rebeliones y de incomprensiones que continúan en la historia de la Iglesia. Jesús dio a entender que los salvados, en el sentido que El da al término, son muy pocos. El pueblo elegido es más que cualquier otro un pueblo de pecadores, y aquí se restablece el equilibrio (Mal 1:11-12). Aunque es pecador, el creyente quisiera compartir con todos las riquezas de su fe (2Cor 5:14). Pero hay un límite que no podemos pasar: Dios no nos ha consultado para ofrecerle a cada cual su destino y sufriremos a menudo al ver que Dios mantiene a los que amamos en caminos en los que Cristo está ausente (Rom 9:3). No terminaremos jamás de hacer la síntesis del camino cristiano y de los otros caminos, aunque del otro lado haya algunos que piensan que la hicieron, porque en la base de la revelación están las palabras {C} elección y {C} gracia. No hablar de la elección, sería renegar de toda la historia bíblica. Y esa elección está confirmada por la palabra {C} gracia {/ que únicamente la fe cristiana pone en el centro de nuestras relaciones con Dios. Pero ¿para qué quisiéramos edificar a todo costo una síntesis o realizar la unidad antes de que venga el día de Dios? Lo que cuenta no es lo que se ha podido levantar aquí abajo. Deberíamos más bien preguntarnos si los dos caminos, tanto el camino en que Dios se revela como aquel otro en que se va caminando a tientas, no son igualmente necesarios para que al fin las riquezas del amor de Dios puedan ser plenamente reconocidas: ver en Rom 15:8. ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. ʳᶠˣ ᵒᵏ

4[ Ap 22:4 ] ᶜᶠ Psa 11:7; ᶜᶠ Psa 17:5 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ⁴ ↠ Verán su rostro y llevarán su nombre en la frente. Ya no habrá noche.

5⁵ ↠ No necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque Dios mismo será su luz, y reinarán por los siglos para siempre.

6MIRA QUE VENGO PRONTO ᴺ [ Ap 22:6 ] ᶜᶠ 1Jn 3:2 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ⁶ ↠ Después me dijo el ángel: «Estas palabras son ciertas y verdaderas. El Señor, que es Dios de los profetas y sus espíritus, ha enviado a su ángel para que muestre a sus servidores lo que ha de suceder pronto. [ Ap 22:6 ] {C} Yo, Juan, vi y oí todo esto. Al llegar a esta última página de la Biblia, podemos recordar la parábola de los trabajadores contratados para la viña de Dios (Mt 20). Se acaba el trabajo en que varios profetas y autores habían acudido como a lo largo de un día. En la primera hora se escribieron las visiones con que empieza el Génesis, y que presentan a grandes rasgos la vocación divina del hombre y la finalidad del mundo. En la última hora, Juan, después de contemplar el sol meridiano, Cristo, nos ha mostrado cómo la humanidad se prepara a compartir la gloria de Dios. Es la última hora, por lo que se espera la venida de Cristo. Se sabe, sin embargo, que la última hora puede prolongarse y que el Esposo llegue muy avanzada la noche: el cristiano vela firme en su esperanza, aun cuando se ve enfrentado con el poder de las tinieblas. {C}El que tenga sed, que se acerque (21,6) Ya leimos en Jn 7,37 estas palabras sacadas de Isaías 55. El niño se hace adulto cuando renuncia a sus deseos ilimitados y acepta las limitaciones del mundo real. Y Dios nos devuelve a la niñez cuando hace que nazca en nosotros el ansia de lo infinito: Hágase tal como han creído, dice Jesús. Es mediante el deseo que Dios nos prepara para las cosas grandes que quiere darnos: el deseo es la primera manifestación consciente de su trabajo en nosotros. Pero el deseo se parece a las semillitas de la parábola, de las que muchísimas se pierden apenas fueron sembradas. Nosotros mismos nos encargamos de cortarles las alas, pues pensamos: esto no es para mí; ya es suficiente que siga el modelo de los buenos cristianos comunes y corrientes, y es más seguro. Y es cierto que es más seguro vivir reprimiendo nuestros deseos, porque tal vez el deseo podría volverse una sed. Muchos han conocido el deseo de Dios, pero pocos son capaces de convivir con él, porque viene a desconcertar el juego natural de nuestra psicología. Al ver estos desórdenes muchos hablarán de aburrimiento, de incapacidad para vivir en sociedad, y el remedio que más frecuentemente nos ofrecerá la gente de buena voluntad será de ocupar nuestra mente con actividades, lo que sería como volver a las cebollas de Egipto (Núm 11,5). ¿Por qué no nos quedamos con nuestra sed y dejamos que crezca, despreciando cualquier satisfacción que sea menos que lo infinito de Dios? Llegará la hora en que se nos dirá: {C}El que tenga sed, que se acerque, y tendrá de beber. ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. ʳᶠˣ ▪ ᵒᵏ

7⁷ ↠ Y voy a llegar pronto. Feliz el que guarda las palabras proféticas de este libro.»

8[ Ap 22:8 ] ᶜᶠ Ap 19:10 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ⁸ ↠ Yo, Juan, vi y oí todo esto. Al terminar las palabras y las visiones caí a los pies del ángel que me había mostrado todo esto, para adorarlo,

9⁹ ↠ pero él me dijo: «No lo hagas, yo soy un servidor como tú y tus hermanos los profetas y como todos los que escuchan las palabras de este libro. A Dios tienes que adorar.»

10¹⁰ ↠ También me dijo: «No pongas en lenguaje cifrado los mensajes proféticos de este libro, porque el tiempo está cerca.

11[ Ap 22:11 ] ᶜᶠ Dan 12:10 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹¹ ↠ Que el pecador siga pecando y el manchado siga ensuciándose, que el bueno siga practicando el bien y el santo creciendo en santidad.

12[ Ap 22:12 ] ᶜᶠ Is 40:10; ᶜᶠ Is 41:4 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹² ↠ Voy a llegar pronto, y llevo conmigo el salario para dar a cada uno conforme a su trabajo.

13¹³ ↠ Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Ultimo, el Principio y el Fin.

14¹⁴ ↠ Felices los que lavan sus ropas, porque así tendrán acceso al árbol de la vida y se les abrirán las puertas de la ciudad.

15¹⁵ ↠ Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los asesinos, los idólatras y todos los que aman y practican la mentira.

16¹⁶ ↠ Yo, Jesús, he enviado a mi ángel para decirles lo que se refiere a las Iglesias. Yo soy el Brote y el Descendiente de David, la estrella radiante de la mañana.»

17[ Ap 22:17 ] ᶜᶠ Ap 21:6 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹⁷ ↠ El Espíritu y la Esposa dicen: «¡Ven!» Que el que escucha diga también: «¡Ven!» El que tenga sed, que se acerque; y el que lo desee, reciba gratuitamente el agua de la vida.

18[ Ap 22:18 ] ᶜᶠ Dt 4:2 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹⁸ ↠ Yo, por mi parte, advierto a todo el que escuche las palabras proféticas de este libro: «Si alguno se atreve a añadir algo, Dios echará sobre él todas las plagas descritas en este libro.

19¹⁹ ↠ Y si alguno quita algo a las palabras de este libro profético, Dios le quitará su parte en el árbol de la vida y en la Ciudad Santa descritos en este libro.»

20[ Ap 22:20 ] ᶜᶠ 1Cor 16:22 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ²⁰ ↠ El que da fe de estas palabras dice: «Sí, vengo pronto.» Amén. Ven, Señor Jesús.

21²¹ ↠ Que la gracia del Señor Jesús esté con todos.

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