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1 Timoteo 3

Biblia Latinoamericana (1972)

1CÓMO DEBEN SER EL OBISPO Y LOS DIÁCONOS ᴺ [ 1Tim 3:1 ] ᶜᶠ Tit 1:6 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹ ↠ Si alguien aspira al cargo de obispo, no hay duda de que ambiciona algo muy eminente. [ 1Tm 3:1 ] Aquí se trata de los responsables, obispos y diáconos (véase el comentario a Tito 1,6 y Fil 1,1). ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. ʳᶠˣ ▪ ᵒᵏ

2[ 1Tim 3:2 ] ᶜᶠ 1Tim 3:12; ᶜᶠ Tit 2:6; ᶜᶠ 2Tim 2:24 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ² ↠ Es necesario, pues, que el obispo sea irreprochable, casado una sola vez, casto, dueño de sí, de buenos modales, que acoja fácilmente en su casa y con capacidad para enseñar.

3³ ↠ No debe ser bebedor ni peleador, sino indulgente, amigo de la paz y desprendido del dinero.

4⁴ ↠ Que sepa gobernar su propia casa y mantener a sus hijos obedientes y bien criados.

5⁵ ↠ Pues si no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo podrá guiar a la asamblea de Dios?

6⁶ ↠ No se debe escoger a un recién convertido, no sea que el cargo se le suba a la cabeza y el diablo lo haga caer.

7⁷ ↠ Es necesario también que goce de buena fama ante los que no pertenecen a la Iglesia, para que no hablen mal de él y caiga en las redes del diablo.

8[ 1Tim 3:8 ] ᶜᶠ Flp 1:1 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ⁸ ↠ Los diáconos también han de ser respetables y de una sola palabra, moderados en el uso del vino; que no busquen dinero mal ganado, y [ 1Tim 3:8 ] Semnos : Digno y honorable: probo ᶜᶠ 1Tim 3:8. . ᶜᶠ 1Tim 3:11; ᶜᶠ Flp 4:8; ᶜᶠ Tit 2:2. ᴾᵍʳ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. ʳᶠˣ ᴾᵍʳ ᵒᵏ

9[ 1Tim 3:9 ] ᶜᶠ Rom 16:25 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ⁹ ↠ que guarden el misterio de la fe con una conciencia limpia.

10¹⁰ ↠ Primero sean sometidos a prueba y después, si no hubiera nada que reprocharles, sean aceptados como diáconos.

11[ 1Tim 3:11 ] ᶜᶠ Tit 2:3 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹¹ ↠ Las mujeres igualmente sean respetables, no chismosas, sino serias y dignas de confianza.

12¹² ↠ Los diáconos sean casados una sola vez y gobiernen bien a sus hijos y su propia casa.

13¹³ ↠ Los que cumplan bien su oficio se ganarán un lugar de honor, llegando a ser hombres firmes en la fe cristiana.

14¹⁴ ↠ Te doy estas instrucciones con la esperanza de ir pronto a verte. [ 1Tm 3:14 ] Este corto párrafo nos recuerda que, si bien somos responsables de la Iglesia de Cristo, no somos fundadores ni dueños de ella. La Iglesia nació de una intervención misericordiosa de Dios, cuando decidió que su Hijo se identificara con la raza humana, como lo expresa este breve poema. Aquí traducimos por {C}bondad (16) un término que tradujimos en otra parte por “piedad” o por “religión” (véase 2,2; 4,7; 6,5-6; 2 Tim 3,5 y Tito 1,1). Este término designaba entonces la actitud llena de amor al Padre y al prójimo, pero aquí se refiere a la bondad de Dios, que siempre se anticipa a la nuestra. La Iglesia es{C} el pilar y la base de la verdad. Debemos comprender esta frase en relación a los conceptos bíblicos: de lo alto, de un mundo donde todo es verdad, Dios hace descender su verdad a la tierra como una columna, como una señal visible en la que puedan apoyarse los hombres. A pesar de todas las infidelidades de la Iglesia, Dios se sirve de ella para preservar el verdadero conocimiento del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en el mundo. Sin este conocimiento no podemos ser libres y la humanidad no puede alcanzar su madurez. ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. ʳᶠˣ ▪ ᵒᵏ

15[ 1Tim 3:15 ] ᶜᶠ Ef 2:19 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹⁵ ↠ Pero si me demoro, para que sepas cómo debes portarte en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, pilar y base de la verdad.

16[ 1Tim 3:16 ] ᶜᶠ Jn 1:14; ᶜᶠ Jn 16:10; ᶜᶠ Rom 1:4; ᶜᶠ 1Pe 1:12; ᶜᶠ Mc 16:19; ᶜᶠ Hch 1:9 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹⁶ ↠ Sin lugar a dudas, es grande el misterio de la Bondad: El se ha manifestado en la carne; rehabilitado por el Espíritu, ha sido presentado a los ángeles. Proclamado a todas las naciones y creído en el mundo, ya fue elevado y glorificado. {1} [ Hb 3:16 ] {N} LA INSPIRACIÓN DE LA ESCRITURA {C} Toda Escritura está inspirada por Dios. Esta frase puede también ser entendida y traducida en la forma siguiente: Toda Escritura inspirada por Dios es útil para... Posiblemente la traducción sería más exacta si tomáramos la libertad de modificarla un poco: "Toda Escritura (es) portadora del Espíritu de Dios". Porque no basta con decir que la Biblia ha sido escrita bajo el impulso del Espíritu; debemos añadir que los textos son para nosotros Palabra de Dios sólo en la medida en que permanecemos en el terreno del Espíritu. Se sabe que la Biblia no es en primer lugar un libro culto, pero sería también poco decir que es un texto religioso. Este texto es {C} útil para enseñar, para rebatir, para corregir sólo en la medida en que le hayamos reservado un puesto al Espíritu. La liturgia oriental de San Juan Crisóstomo es muy elocuente al respecto: el libro de los Evangelios es depositado junto con el pan y el vino en la mesa de las ofrendas y llevado al altar rodeado de los mismos ritos. Toda la liturgia muestra que los dos sacramentos, el de la Palabra y el de la Eucaristía están en el mismo plano, y se invoca al Espíritu tanto sobre el pan y el vino para que sean cuerpo y sangre de Cristo como sobre el libro para que sea portador del soplo de Dios. {N} LA INSPIRACIÓN DE LA ESCRITURA Quien quiere interiorizar o reafirmar la fe de la Iglesia en la inspiración divina de los textos bíblicos tiene que volver a un texto de la segunda Carta a Timoteo (3:16): {C} Toda Escritura (está) inspirada por Dios. Esta frase puede también ser entendida y traducida en la forma siguiente: Toda Escritura inspirada por Dios es útil para... Posiblemente la traducción sería más exacta si tomáramos la libertad de modificarla un poco: "Toda Escritura (es) portadora del Espíritu de Dios". Porque no basta con decir que la Biblia ha sido escrita bajo el impulso del Espíritu; debemos añadir que los textos son para nosotros Palabra de Dios sólo en la medida en que permanecemos en el terreno del Espíritu. Se sabe que la Biblia no es en primer lugar un libro culto, pero sería también poco decir que es un texto religioso. Este texto es {C} útil para enseñar, para rebatir, para corregir sólo en la medida en que le hayamos reservado un puesto al Espíritu. La liturgia oriental de San Juan Crisóstomo es muy elocuente al respecto: el libro de los Evangelios es depositado junto con el pan y el vino en la mesa de las ofrendas y llevado al altar rodeado de los mismos ritos. Toda la liturgia muestra que los dos sacramentos, el de la Palabra y el de la Eucaristía, están en el mismo plano, y se invoca al Espíritu tanto sobre el pan y el vino para que sean cuerpo y sangre de Cristo, como sobre el libro para que sea portador del soplo de Dios. Muchos en el pasado creyeron que Dios había dictado los textos sagrados: muchos pintores representaron al evangelista, con una pluma en la mano, prestando el oído a un angelito que, detrás de él, le sugiere la palabra que conviene. Más a menudo se dijo que los escritores sagrados habían sido los instrumentos de Dios, pero se debe precisar lo que entendían al decirlo: los autores habían actuado no como unas máquinas, sino como instrumentos libres y responsables. Creemos que el libro sagrado es totalmente obra tanto de Dios como del que lo ha redactado. El autor se puso a trabajar, sin saber tal vez la promoción que Dios iba a dar a su obra, creyendo sólo que estaba haciendo algo útil, y se dedicó a eso tanto con sus preocupaciones como con las limitaciones de su cultura. Dios, por su parte, ha ordenado, o planificado, tanto la escritura como los posteriores avatares del libro (véase la nota sobre {C} el Canon de los libros sagrados). El, que se ha revelado de mil maneras a lo largo de la historia, quiso que aquel libro tuviera un valor especial, no si se toma aparte, sino dentro del conjunto de la Biblia. Porque la Biblia no hace sino una sola cosa con Cristo, Palabra de Dios. Para nosotros que intentamos saber cómo dichos libros han sido escritos y cómo fueron reconocidos como Palabra de Dios, bastantes problemas salen a la luz, y nos pareciera a veces que la carrera sin obstáculos que los condujo hasta la canonización tiene mucho de azar: ¿Por qué se retuvo tal libro en vez de ese otro? ¿Era necesario contar con Abdías, Ester o la carta de Judas? Pero si miramos desde el punto de vista de Dios, no hay ningún azar: para Dios estaba primero la meta que alcanzar, y la meta precede los acontecimientos que la llevan a cabo según caminos que ningún observador humano habría podido prever. En el plan de Dios estuvo primero la salvación que traería Cristo; asimismo quiso dejarnos una revelación escrita de la que el sentido pleno apareciera cuando el Espíritu fuera derramado sobre el pueblo de Dios. Con esto entendemos que Dios quiso la Biblia como un instrumento de la que su Espíritu pudiera valerse. Si lo tomamos así, nos libramos del dilema insolube con el cual se han topado muchos y el que se podría expresar esquemáticamente en estos términos: O bien todas las palabras son inspiradas, pero entonces ¿se deben a Dios todos los errores y debilidades del libro? O bien sólo el sentido del mensaje es inspirado, y las debilidades del relato se deben al escritor, pero entonces, ¿quién reconocerá el mensaje divino si no está en las palabras? Algunas personas darán una respuesta que tiene su valor, pero queda insuficiente: la inspiración, dicen, garantiza el mensaje religioso, pero deja correr los errores con respecto a puntos históricos o científicos. Eso, en cierta medida, es cierto, pero si miramos cómo los mismos autores sagrados han usado los textos que leían en su Biblia, vemos que para ellos todas las palabras tenían un sentido: véanse las discusiones de Pablo en Gal 3, en especial lo que se refiere a {C} los descendientes {N} y {C} el descendiente. Y además, si la inspiración sólo cubre el mensaje religioso, ¿quién dirá lo que es y lo que no es parte del mensaje religioso? Y ¿es la Biblia en primer lugar un mensaje? Debemos pues sostener que todo el texto es inspirado, pero lo entendemos en un sentido muy diferente a como los musulmanes entienden, por ejemplo, la inspiración del Corán. Para ellos el texto y todas las palabras del texto han sido dadas por Dios en árabe, y ese es el texto inspirado: no debería ni siquiera traducirse. Para un cristiano, en cambio, el texto bíblico es un sacramento y por eso el Espíritu no está nunca encadenado a la letra del original: Dios no habla hebreo, pero El se reveló a gente que hablaba hebreo o griego. De allí se desprenden dos consecuencias: 1. Si descubrimos errores o, digamos mejor: descalces del texto con respecto a nuestra cultura, no nos desconcertarán: este texto es un instrumento tanto perfecto como imperfecto del cual el Espíritu quiere sacar partido y sabrá, sin duda, sacar partido. El Evangelio podrá expresarse y producir sus frutos en otras culturas; los ejemplos pasados no se opondrán a la búsqueda de un estilo nuevo de vida: está dicho claramente en Jn 16:12-13. 2. La inspiración del texto original se encontrará también en las traducciones de la Escritura, aun cuando se sepa, como dice un proverbio, que una traducción es siempre un poco de traición. {N} LAS TRADUCCIONES DE LA BIBLIA Es un hecho que la inmensa mayoría de los creyentes, incluso cuando la Iglesia (o las iglesias) los han presionado a leer la Biblia, sólo han conocido sus traducciones. Eso ocurría ya en la comunidad judía. En tiempos de Jesús, según cálculos estimativos, el 8% de la población del imperio romano, o sea unos seis millones, correspondía a judíos. Por esa misma fecha, los de Palestina no eran más de medio millón. La Biblia griega, es decir la de los Setenta, era pues sin ninguna comparación la más usada. Si hasta era usada en la misma Palestina, en el corazón del país "hebreo" por varias comunidades, y ella es la que citan los escritos del Nuevo Testamento. Esto es suficiente para hacer comprender la situación falsa de cierta tendencia elitista que, hasta dentro de la misma Iglesia, mira con menosprecio a quien no tenga por lo menos una tintura de hebreo. Los apóstoles, las comunidades cristianas, los escritos mismos del Nuevo Testamento sólo conocieron como palabra de Dios a la traducción de los Setenta. Ahora bien, esa traducción, muy fiel para el Pentateuco, lo es mucho menos para los demás libros y navega a veces a la deriva en los textos proféticos. ¿Significa eso que la Iglesia que se apoyó en ella estuvo privada de esa parte enajenable de la Palabra de Dios que es el Antiguo Testamento? El capítulo 15 de los Hechos presenta al respecto un caso muy interesante: el apóstol Santiago justifica su posición con un texto de Amós que cita según la traducción griega (15:17). Pues bien, ésta es muy diferente del texto original. De lo expuesto se desprende que desde los comienzos de la Iglesia haya habido muchos que consideraban la versión de los Setenta tan inspirada como el texto hebreo. A fines del siglo tercero, la Iglesia romana se adapta a la evolución de la lengua y pasa del griego al latín; un siglo después San Jerónimo lleva a cabo la versión latina de la Vulgata que será la Biblia oficial de la Iglesia Católica hasta mediados del siglo 20. Jerónimo, siguiendo al respecto el punto de vista de Orígenes, le daba la prioridad al texto hebreo, y ese fue el texto que tradujo. Pero se sabe que fuera de su ciencia y de sus méritos, la traducción contenía varios errores. Y sin embargo, ese fue el texto que fue predicado, comentado, y cuyas palabras a veces erróneas inspiraron muchas aproximaciones entre un texto y otro, abriendo así perspectivas a la vida espiritual. Esta es pues una realidad que se ignora muy fácilmente cuando se discute sobre la inspiración o la no inspiración del texto; a fin de cuentas son las traducciones las que traen al espíritu del cual vive el pueblo de Dios. ¿No habrá que decir simplemente que el Espíritu que actúa por el texto original inspirado, actúa también muy libremente por medio de las traducciones, con sus más o sus menos según que sean bastardas o excelentes, pero reservando siempre su libertad? {N} TRADUCCIONES PRECISAS Y VERSIONES PASTORALES Lo que acabamos de decir para las grandes versiones griega y latina vale también para las versiones modernas. El traductor, ya que trabaja para un auditorio determinado, procurará darle en otra lengua, todo lo que pueda entregarle del texto original. Al que se dirija a estudiantes, ya familiarizados con las lenguas y la historia antigua, se le permitirá emplear palabras rebuscadas o raras que calcan bien con las palabras hebreas; ni tampoco tendrá dificultad en forzar la frase castellana para adecuarla a los períodos de una carta de San Pablo en donde una sola oración puede extenderse por más de diez líneas. Tratará de que el conocimiento del texto bíblico se inscriba, intelectual y sensiblemente, entre los conocimientos que tenga el lector de la antigüedad clásica. El que se dirija en cambio a un público menos preparado pondrá más atención en los acentos del texto, en lo que debe ocupar el lugar preponderante de la oración, aun cuando para eso tenga que cambiar el orden de las palabras, porque no se ordena de la misma manera lo que es importante y lo que no lo es en hebreo, en griego y en castellano. Sabiendo que la mayor parte de los escritores sagrados hablaban un lenguaje bastante comprensible para sus auditores, evitará todo lo que haga de su traducción un "lenguaje erudito"; no hará de los apóstrofes de Pablo un discurso académico. Aun cuando sepa que todo el texto es inspirado, no vacilará en reemplazar dos palabras griegas por una sola castellana que dice lo mismo, o poner dos palabras castellanas allí donde una sola no bastaría para expresar la palabra hebrea. Hará pues lo que hace todo traductor: el que quisiera hacer una traducción palabra por palabra y poner un artículo en castellano cada vez que lo encuentra en inglés o no ponerlo cuando no está en inglés, no haría más que un mal trabajo. Se conoce la gran señal de Pentecostés y de la venida del Espíritu. Los auditores de Pedro escuchan las alabanzas de Dios en todas las lenguas, no sólo en hebreo, la lengua sagrada, sino cada cual en la lengua de sus padres. La diversidad de lenguas será pues una necesidad en la Iglesia y en las traducciones de la Biblia. No se puede decir que una traducción es más verdadera que otra mientras uno no se ponga en la perspectiva propia de cada una de ellas. ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. ʳᶠˣ ᵒᵏ

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