Efesios 1
Sagrada Biblia Straubinger ›1SALUTACIÓN APOSTÓLICA. ¹ ⇢ Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso: ↣ᵑ [*1.] ⇠ ᶰ Toda esta epístola es un insondable abismo de misterios divinos que hemos de conocer porque nos revelan el plan de Dios sobre nuestro destino, e influyen de un modo decisivo en nuestra vida espiritual, situándonos en la verdadera posición, infinitamente feliz, que nos corresponde gracias a la Redención de Cristo. Frente a tales misterios, dice el Card. Newman, «la conducta de la mayoría de los católicos dista muy poco de la que tendrían si creyeran que el cristianismo era una fábula». Éfeso, capital de Asia Menor, donde más tarde tuvo su sede el Apóstol Juan, es la ciudad en la que Pablo, en su tercer viaje apostólico, predicó el Evangelio durante casi tres años. La carta, escrita en Roma en el primer cautiverio (61 — 63), se dirige tal vez no sólo a los efesios sino también a las demás Iglesias, lo que se deduce por la ausencia de noticias personales y por la falta de las palabras «en Éfeso» (v. 1), en los manuscritos más antiguos. Algunos han pensado que tal vez podría ser ésta la enviada a Laodicea según Col. 4:16. ⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
2² gracia a vosotros y paz, de parte de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. ᶠᵗ
3I. EL MISTERIO DEL CUERPO MÍSTICO (1,3 — 3,21) LA VIDA NUEVA EN CRISTO. ¹ ⇢ Bendito sea el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que en Cristo nos bendijo con toda bendición espiritual ya en los cielos, ↣ᵑ [*3.] ⇠ ᶰ Los vers. que siguen asombrosamente densos y ricos de doctrina, parecen una catarata incontenible de ideas que desbordan del alma del Apóstol, y deben ser estudiadas, comprendidas y recordadas de memoria por todo cristiano como una síntesis del misterio de Cristo, pasado, presente y futuro. Su tema es la nueva vida, nuestra incorporación al Cuerpo Místico de Cristo. Vuelca su doctrina mística en tres estrofas. El Eterno Padre nos predestinó para ser hijos suyos (v. 3 — 6), el Hijo llevó a cabo la incorporación mediante la Redención (v. 7 — 12), el Espíritu Santo la completa (v. 13 — 14). ⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
4⁴ pues desde antes de la fundación del mundo nos escogió en Cristo, para que delante de Él seamos santos e irreprensibles; y en su amor ᶠᵗ
5⁵ nos predestinó como hijos suyos por Jesucristo en Él mismo (Cristo) , conforme a la benevolencia de su voluntad, ↣ᵑ [*5.] ⇠ ᶰ La palabra griega: Huiothesia que la Vulgata traduce adopción de hijo, significa exactamente filiación, es decir, que somos destinados a ser hijos verdaderos y no sólo adoptivos, como lo dice Juan (I Juan 3:1), tal como lo es Jesús mismo. Pero esto sólo tiene lugar por Cristo, y en Él (cf. Juan 14:3 y nota). Es decir que «no hay sino un Hijo de Dios, y nosotros somos hijos de Dios por una inserción vital en Jesús. De ahí la bendición del Padre (v. 3), que ve en nosotros al mismo Jesús, porque no tenemos filiación propia sino que estamos sumergidos en su plenitud». Éste es el sublime misterio que estaba figurado en la bendición que Jacob, el menor, recibió de Isaac como si fuera el mayor (Gén. 27:19 y nota). Pero este nuevo nacimiento (Juan 1:12 ) que Jesús nos obtuvo (Gál. 4:4 — 6), debe ser aceptado mediante una fe viva en tal Redención (Juan 1:11). Es decir que gustosos hemos de dejar de ser lo que somos (Mat. 16:24; Rom. 6:6) para «nacer de nuevo» en Cristo (Juan 3:3 ) y ser «nueva creatura» (II Cor. 5:17; Gál. 6:15). Esta divina maravilla se opera desde ahora en nosotros por la gracia que viene de esa fe (2:8). Su realidad aparecerá visible el día en que «Él transformará nuestro vil cuerpo haciéndolo semejante al suyo glorioso» (Fil. 3:20 ). Véase v. 14; Rom. 8:23; I Te 4:14 ; I Juan 3:2; Luc. 21:28; I Cor. 15:51 , etc. ¿Qué otra cosa, sino esto, quiso enseñar Jesús, al decir que Él nos ha dado aquella gloria que para sí mismo recibió del Padre, esto es la gloria de ser Su hijo, para que Él sea en nosotros, y nosotros seamos consumados en la unidad que Él tiene con el Padre, el cual nos ama por Él y en Él? (Juan 17:22 — 26). ¿Qué otra cosa significa su promesa de que, desde ahora, quien comulga vivirá de su misma vida, como Él vive la del Padre? (Juan 6:58). Es la verdadera divinización del hombre en Cristo, que Agustín expresa diciendo que el Verbo se humanó para que el hombre se divinice. Jesús nos lo confirma literalmente, al citar con ilimitada trascendencia las palabras del S. 81: «Sois dioses, hijos todos del Altísimo» (Juan 10:34). No hay sueño panteísta que pueda compararse a esta verdadera realidad. Cf. Gál. 2:20 y nota. ⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
6⁶ para celebrar la gloria de su gracia, con la cual nos favoreció en el Amado. ↣ᵑ [*6.] ⇠ ᶰ Para celebrar la gloria de su gracia. Es éste un vers. llave de toda la espiritualidad cristiana. Nosotros podríamos pensar: ¿Qué le importa a Dios que lo alabemos o no? Ciertamente que Él no puede ganar ni perder nada con ello. Pero ahí está el fondo de la Revelación que Dios nos hace sobre Él mismo: «Mi gloria no la cederé a otro» (Is. 42:8 y 48:11). No es ya sólo la alabanza de lo que es Él, maravilla infinita, digna de eterna adoración: es la alabanza de su gracia, de su bondad, de sus beneficios contenidos todos en el Amado, en Cristo, en el cual Él ha puesto toda su complacencia (cf. Hebr. 13:15 y nota). Si un hijo desconoce todo lo que su padre hace por él, no sólo lo desprecia a él, sino que no se interesará por aprovechar sus favores, y sin ellos perecerá. He aquí por qué Dios, ese Corazón exquisito, quiere ser alabado en su bondad. No por Él: por nosotros, por nuestro bien (Juan 17:2 y nota). Ahora bien, está claro que esa alabanza de la gracia que recibimos, es incompatible con la orgullosa complacencia del hombre en sí mismo y con toda suficiencia de su parte. Porque ésta sólo se concibe en un hijo ignorante de que todo lo debe a su padre. En tal caso, no tenemos derecho de decir que creemos en la Redención. Y entonces, al despreciar la Hazaña infinita del Amado, hacemos el agravio más sangriento al Corazón del Padre que, como aquí se dice, nos lo dio según el designio de su eterna misericordia (Juan 3:16), dándonos en Él, con Él y por Él, participación de la propia divinidad que nos ofrece a sus hijos, igualándonos al Unigénito (v. 5; Juan 1:12; 17:22; Rom. 8:29; Filip. 3:20 ; I Juan 3:1 , etc.). ⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
7⁷ En Él, por su Sangre, tenemos la redención, el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia, ᶠᵗ
8⁸ la cual abundantemente nos comunicó en toda sabiduría y conocimiento, ᶠᵗ
9⁹ haciéndonos conocer el misterio de su voluntad; el cual consiste en la benevolencia suya, que se había propuesto (realizar) en Aquel ᶠᵗ
10¹⁰ en la dispensación de la plenitud de los tiempos: reunirlo todo en Cristo, las cosas de los cielos y las de la tierra. ↣ᵑ [*10.] ⇠ ᶰ ¡Reunirlo todo en Cristo! (Así el Crisóstomo y muchos modernos). Otros vierten: recapitular o restaurar. Es el mismo verbo que el griego usa en Rom. 13:9 para decir que todos los mandamientos se resumen en el amor. Así Cristo es, tanto en el mundo cósmico cuanto en el sobrenatural «centro y lazo de unión viviente del universo, principio de armonía y unidad» (D'Alès). Todo lo que estaba separado y disperso por el pecado, «en el mundo sensible y en el mundo de los espíritus», Dios lo reunirá y lo volverá definitivamente a Sí por Cristo, el cual, como fue por la creación principio de existencia de todas las cosas, es por la Redención en la plenitud de sus frutos (v. 14; Luc. 21:28; Rom. 8:23) «principio de reconciliación y de unión para todas las creaturas». Así Knabenbauer y muchos otros y así puede entenderse, en su sentido final, la palabra de Jesús en Juan 12:32: «lo atraeré todo a Mí», puesto que en Él han de unirse a un tiempo el cielo y la tierra como en el «principio orgánico de una nueva creación». Pirot nota con Westcott que tal extensión de la Redención a todas las creaturas, materiales y espirituales, «no es expresada con esta claridad y esta fuerza sino en las Epístolas de la cautividad: cf. Filip. 2:9 — 10; Col. 1:20; Ef. 1:10 — 21». En la dispensación de la plenitud de los tiempos (cf. vv. 11 y 14 sobre la herencia y el completo rescate): Es la consumación que nos muestra Pedro en Hech. 3:20s. Véase Mat. 19:28; Rom. 8:19 ; II Pedro 3:13; Apoc. 21:1; Is. 65:17; 66:22, etc. Como contraste cf. Gál. 1:4 y nota sobre este mundo, y Filip. 2:7 sobre la humillación de Aquel que aquí tendrá tal gloria. ⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
11¹¹ En Él también fuimos elegidos nosotros para herederos predestinados, según el designio del que todo lo hace conforme al consejo de su voluntad, ↣ᵑ [*11.] ⇠ ᶰ Nosotros: los judíos, por oposición a vosotros (v. 13) los gentiles. Herederos: versión preferible a herencia, según el contexto (v. 14). Cf. Rom. 8:17; Gál. 3:29; Tito 3:7. Conforme al consejo de su voluntad: es decir, procediendo con absoluta libertad según la benevolencia propia de su amor (cf. 2:4) que se extiende aun «a los desagradecidos y malos» (Luc. 6:35). ⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
12¹² para que fuésemos la alabanza de su gloria los que primero pusimos nuestra esperanza en Cristo. ↣ᵑ [*12.] ⇠ ᶰ Los que primero: esto es, el núcleo de Israel que fue el origen de la Iglesia en Pentecostés (Gál. 6:16 y nota). A continuación (v. 13) habla de los gentiles. ⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
13¹³ En Él también vosotros, después de oír la palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación, habéis creído, y en Él fuisteis sellados con el Espíritu de la promesa; ↣ᵑ [*13] ⇠ ᶰ Sellados con el Espíritu de la promesa: el valor y el mérito de nuestras acciones se mide, según dice Tomás, «no de acuerdo con nuestras fuerzas y nuestra dignidad naturales, sino teniendo en cuenta la fuerza infinita y la dignidad del Espíritu Santo que está en nosotros. He aquí una de las razones por las que el Apóstol llama tan frecuentemente al Espíritu Santo el Espíritu de la promesa, las arras de nuestra herencia y la garantía de nuestra recompensa». Dios es en hebreo Él (el Padre). Jesús es Emmanuel —Dios con nosotros (Is. 7:14)— es decir, el Hijo humanado «que conversó con los hombres» (Bar. 3:38), porque es la Sabiduría hecha hombre (Ecli. 1:1 y nota). El Espíritu Santo puede llamarse Lanuel (L'anu El), o sea, Dios para nosotros y en nosotros: las arras, es decir, más que una prenda, el principio de cumplimiento de esa divinización que desde ahora se opera invisiblemente por la gracia (Rom. 5:5) y que se hará visible «el día de la manifestación de la gloria de los hijos de Dios» (Rom. 8:23; I Cor. 13:12). Entre estas arras presentes y aquella realidad futura (v. 10 y nota) está todo el programa de nuestra vida. Para alabanza de su gloria (v. 14), es decir, eternamente, a los que hayan aceptado y celebrado aquí la alabanza de su gracia (v. 6). ⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
14¹⁴ el cual es arras de nuestra herencia a la espera del completo rescate de los que Él se adquirió para alabanza de su gloria. ᶠᵗ
15ALABANZAS Y ACCIÓN DE GRACIAS. ¹⁵⇢ Por esto, también yo, habiendo oído de la fe que tenéis en el Señor Jesús, de vuestra caridad para con todos los santos, ↣ᵑ [*15.] ⇠ ᶰ Los santos, es decir, los cristianos. Cf. II Cor. 1:1. ⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
16¹⁶ no ceso de dar gracias por vosotros recordándoos en mis oraciones, ᶠᵗ
17¹⁷ para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda espíritu de sabiduría y de revelación, en el conocimiento de Él; ↣ᵑ [*17] ⇠ ᶰ Pablo nos señala y nos desea los bienes que necesitamos para entender y disfrutar de tan grandes misterios. Cf. 3:7. ⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
18¹⁸ a fin de que, iluminados los ojos de vuestro corazón, conozcáis cuál es la esperanza a que Él os ha llamado, cuál la riqueza de la gloria de su herencia en los santos, ᶠᵗ
19¹⁹ y cuál la soberana grandeza de su poder para con nosotros los que creemos; conforme a la eficacia de su poderosa virtud, ᶠᵗ
20²⁰ que obró en Cristo resucitándolo de entre los muertos, y sentándolo a su diestra en los cielos ᶠᵗ
21²¹ por encima de todo, principado y potestad y poder y dominación, y sobre todo nombre que se nombre, no sólo en este siglo, sino también en el venidero. ᶠᵗ
22²² Y todo lo sometió bajo sus pies, y lo dio por cabeza suprema de todo a la Iglesia, ↣ᵑ [*22] ⇠ ᶰ El Apóstol presenta a nuestra admiración el misterio sumo: el del Cuerpo Místico. Aquel que todo lo llena (v. 23) se ha dignado incorporarnos a Sí mismo como el Cuerpo a la Cabeza. Toda nuestra vida adquiere así, en Cristo, un valor de eternidad. Pero Él sigue siendo la Cabeza, el tronco de la vida (Juan 15:1 ), de manera que nada vale el cuerpo separado de la Cabeza, así como el sarmiento separado de la vid se muere. Cf. Rom. 12:5; I Cor. 12:27; Col. 1:19. Bover propone otra traducción del vers. 23, a saber: la cual es el cuerpo suyo, la plenitud del que recibe de ella su complemento total y universal; y le da esta explicación: «Cristo recibe su último complemento o consumada plenitud de la Iglesia. Desde el momento que Cristo quiso ser Cabeza de la Iglesia, la Cabeza necesitaba ser completada por los demás miembros para formar el cuerpo íntegro, el organismo completo, el Cristo integral». ⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
23²³ la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que lo llena todo en todos. ᶠᵗ