Cantar de los Cantares 1
Sagrada Biblia Straubinger ›1¹ Capítulo I. Introducción Introducción: El misterio que Dios esconde en los amores entre esposo y esposa, y que presenta como figura en este divino Poema, no ha sido penetrado todavía en forma que permita explicar satisfactoriamente el sentido propio de todos sus detalles. El breve libro es sin duda el más hondo arcano de la Biblia, más aún que el Ap, pues en éste, cuyo nombre significa revelación, se nos comunica abiertamente que el asunto central de su profecía es la Parusía de Cristo y los acontecimientos que acompañarán aquel supremo día del Señor en que Él se nos revelará para que lo veamos « cara a cara » . Aquí, en cambio, se trata de una gran Parábola o alegoría en la cual, excluida como se debe la interpretación mal llamada histórica, que quisiera ver en ella un epitalamio vulgar y sensual, aplicándolo a s Salomón y la princesa de Egipto, no tenemos casi referencias concretas, salvo alguna (cf. Cnt 6:4 y nota), que permite con bastante firmeza ver en la Amada a Israel, esposa de Yahvé. La diversidad casi incontable de las conclusiones propuestas por los que han investigado el sentido propio del Cántico, basta para mostrar que la verdad total no ha sido descubierta. No sabemos con certeza si el Esposo es uno solo, o si hay varios, que podrían ser un rey y un pastor como pretendientes de Israel (Vaccari), o podrían ser, paralelamente, Yahvé (el Padre) como Esposo de Israel, y Jesucristo como Esposo de la Iglesia ya preparada para las bodas del Cordero que veremos en Ap 19:6-9. Ignoramos también qué ciudad es ésa en que la Esposa sale por dos veces a buscar al Amado. Ignoramos principalmente cuál es el tiempo en que ocurre u ocurrirá la acción del pequeño gran drama, y ni siquiera podemos afirmar en todos los casos (pues las opiniones también varían en esto) cuál de los personajes es el que habla en cada momento del diálogo. En tal situación, después de mucho meditar, hemos llegado a la conclusión de que es forzoso ser muy parco en afirmaciones con respecto al Cantar. Porque no está al alcance del hombre explicar los misterios que Dios no ha aclarado aún a la Iglesia, y sería vano estrujar el entendimiento para querer penetrar, a fuerza de inteligencia pura, lo que Dios se complace en revelar a los pequeños. Sería, en cambio, tremenda responsabilidad delante de Él, aseverar como verdades reveladas lo que no fuese sino producto de nuestra imaginación o de nuestro deseo, como lo hicieron esos falsos profetas tantas veces fustigados por Jr y otros videntes de Dios. Como enseña el (cf. Sir 39:1-3 y nota), nada es más propio del verdadero sabio según Dios, que investigar las profecías y el sentido oculto de las parábolas: tal es la parte de María, que Jesús declaró ser la mejor. Pero esa misma palabra de Dios, cuya meditación ha de ocuparnos «día y noche» (Sal 1:2), nos hace saber que hay cosas que sólo se entenderán al fin de los tiempos (Jr 30:24). El mismo Jr, refiriéndose a estos misterios y a la imprudencia de querer explicarlos antes de tiempo, dice: «Al fin de los tiempos conoceréis sus designios» (de Dios). Y agrega inmediatamente, cediendo la palabra al mismo Dios: « Yo no enviaba a esos profetas, y ellos corrían. No les hablaba, y ellos profetizaban » (Jr 23:20-21). En Dan encontramos sobre esto una notable confirmación. Después de revelársele, por medio del Ángel Gabriel, maravillosos arcanos sobre los últimos -tiempos, entre los cuales vemos la grande hazaña de San Miguel Arcángel defensor de Israel (Dan 12:1; cf. Ap 12:7), se le dice: « Pero tú, oh Dan, ten en secreto estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del fin » (Dan 12:4). Y como el Profeta insistiese en querer descubrirlo, tornó a decir el Ángel: « Anda, Dan, que esas cosas están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin » (ibíd. 9). Entonces « ninguno de los malvados entenderá, pero los que tienen entendimiento comprenderán» (ibíd. 10). Finalmente, vemos que aún en la profecía del Ap, cuyas palabras se le prohibió sellar a San Juan (Ap 22,10), hay sin embargo un misterio, el de los siete truenos, cuyas voces le fue vedado revelar (Ap 10:4). Nuestra actitud, pues, ha de ser la que enseña el Espíritu Santo al final del mismo Ap, fulminando terribles plagas sobre los que pretendan añadir algo a sus palabras, y amenazando luego con excluir del Libro de la vida y de todas las bendiciones anunciadas por el vidente de Patmos, a los que disminuyan las palabras de su profecía (Ap 22:18-19 ). El criterio expuesto así, a la luz de la misma Escritura, nos muestra desde luego que, si es hermoso aplicar a la Virgen María, como hace la liturgia, los elogios más ditirámbicos que recibe la Esposa del Cantar, pues que ciertamente nadie pudo ni podrá merecerlos más que Aquélla a quien el Ángel declaró bendita entre las mujeres, no es menos cierto que hemos de evitar la tentación de generalizar y ver en María a la protagonista del Cántico, incluso en aquella incidencia del capítulo 5 en que la Esposa rehúsa abrir la puerta al Esposo por no ensuciarse los pies. Semejante infidelidad jamás podría atribuirse a la Virgen Inmaculada, ni aun cuando en esa escena se tratase de un sueño, como algunos interpretan. Basta recordar la actitud de María ante la Anunciación del Ángel, en la cual, si bien Ella afirma su voto de virginidad, en manera alguna cierra la puerta a la Encarnación del Verbo; antes por el contrario, Cristo, lejos de sentirse rechazado como el Esposo del Cantar, realiza el estupendo prodigio de penetrar virginalmente en el huerto cerrado del seno maternal. Y es por igual razón que esa falla de la Esposa no puede atribuirse tampoco a la Iglesia cristiana como esposa del Cordero, así como también resultan inaplicables a ella los caracteres de esposa repudiada y perdonada, con que los profetas señalan repetidamente a Israel (Is 54:1 y nota). De ahí que, por eliminación — y sin perjuicio de las preciosas aplicaciones místicas al alma cristiana, las cuales, como bien observa Joüon, en ningún caso pretenden ser una interpretación del sentido propio del poema bíblico — hemos de inclinarnos en general a admitir en él, como han hecho los más autorizados comentadores antiguos y modernos, lo que se llama la alegoría yahvística, o sea los amores nupciales entre Dios e Israel, a la luz del misterio mesiánico, a pesar de que tampoco en ella nos es posible descubrir en detalle el significado propio de cada uno de los episodios de este divino Epitalamio. « A esta sentencia fundamental (sobre Israel) nos debemos atener » , dice en su introducción al poema la Biblia española de Nácar-Colunga, y agrega inmediatamente: «Pero admitido este principio, una duda salta a la vista. Los historiadores sagrados y los profetas están concordes en pintarnos a Israel como infiel a su Esposo y manchada de infinitos adulterios; lo cual no está conforme con el Cántico, donde la Esposa aparece siempre enamorada de su Esposo, y además, toda hermosa o pura. La solución a esta dificultad nos la ofrecen los mismos profetas cuando al Israel histórico oponen el Israel de la época mesiánica, purificado de sus pecados y vuelto de todo corazón a su Dios. Las relaciones rotas por el pecado de idolatría se reanudan para siempre. Es preciso, pues, decir que el Cántico celebra los amores de Yahvé y de Israel en la edad mesiánica, que es el objeto de los deseos de los profetas y justos del Antiguo Testamento. En torno a esta imagen del matrimonio, usada por los profetas, reúne el sabio todas las promesas contenidas en los escritos proféticos» (cf. Éxodo 34:16; Nm 14:34; Is 54:4-6 ; 62:4-6 ; Hos 1:2; 2:4 y 19; 6:10; Jr 2:2; 3:1 y 2; 3:14; Ez 16). El Sumo Pontífice Pío XII, en su importantísima Encíclica «Divino Afflante Spiritu» , sobre los estudios bíblicos alude expresamente a las dificultades de interpretación que dejamos planteadas, al decir que «no pocas cosas... apenas fueron explicadas por los expositores de los pasados siglos» ; que «entre las muchas cosas que se proponen en los Libros sagrados legales, históricos, sapienciales y proféticos, sólo muy pocas hay cuyo sentido haya sido declarado por la autoridad de la Iglesia,, y no son muchas más aquellas en las que sea unánime la sentencia de los Santos Padres» y que «si la deseada solución se retarda por largo tiempo, y el éxito feliz no nos sonríe a nosotros, sino que acaso se relega a que lo alcancen los venideros, nadie por eso se incomode... siendo así que a veces se trata de cosas oscuras y demasiado lejanamente remotas de nuestros tiempos y de nuestra experiencia» . Entretanto, y a pesar de nuestra ignorancia actual para fijar con certeza el sentido propio de todos sus detalles, el divino poema nos es de utilidad sin límites para nuestra vida espiritual, pues nos lleva a creer en el más precioso y santificador de los dogmas: el amor que Dios nos tiene, según esa inmensa verdad sobrenatural que expresó, a manera de testamento espiritual, el Beato Pedro Julián Eymard: «La fe en el amor de Dios es la que hace amar a Dios.» No puede haber la menor duda de que sea lícito a cada alma creyente recoger para sí misma las encendidas palabras de amor que el Esposo dirige a la Esposa. El Cantar es, en tal sentido, una celestial maravilla para hacernos descubrir y llevarnos a lo que más nos interesa, es decir, a creer en el amor con que somos amados. El que es capaz de hacerse bastante pequeño para aceptar, como dicho a sí mismo por Jesús, lo que el Amado dice a la Amada, siente la necesidad de responderle a Él con palabras de amor, y de fe, y de entrega ansiosa, que la Amada dirige al Amado. Felices aquellos que exploten este sublime instrumento, que es a un tiempo poético y profético, como los Sals de David, y en el cual se juntan, de un modo casi sensible, la belleza y la piedad, el amor y la esperanza, la felicidad y la santidad. ¡Y felices también nosotros si conseguimos darlo en forma que pueda ser de veras aprovechado por las almas! El título «Cantar de los Cantares» (en hebreo Schir Haschirim) equivale, en el lenguaje bíblico, a un superlativo como «vanidad de vanidades» (Eclesiastés 1:2), «Rey de Reyes y Señor de Señores» (Ap 19:16), etc., y quiere decir que esta canción es superior a todas. «El Alto Canto» se le llama en alemán; en italiano «La Cántica» por antonomasia, etc. Efectivamente el « Cantar de los Cantares » ha ocupado y sigue ocupando el primer lugar en la literatura mística de todos los siglos. Poema todo oriental, no puede juzgárselo, como bien dice Vigouroux, según las reglas puestas por los griegos, como son las nuestras. Tiene unidad, pero «entendida a la manera oriental, es decir, mucho más en el pensamiento inspirador que en la ejecución de la obra» . Intervienen en el «Cantar de los Cantares» , mediante diálogos y a veces en forma dramática, la Esposa (Sulamita) y el Esposo, denominados también en ocasiones hermano y hermana. Aparecen además otros personajes: los «hermanos» , las « hijas de Jerusalén » , etc., que forman algo así como el coro de la antigua tragedia griega. La manera en que se tratan el Amado y la Amada muestra claramente que no son simples amantes, porque entre los israelitas solamente los esposos podían tratarse tan estrechamente. No se exhibe, pues, aquí un amor prohibido o culpable, sino una relación legítima entre esposos. A este respecto debe advertirse desde luego que el lenguaje del Cántico es el de un amor entre los sexos. No creemos que esto haya de explicarse solamente porque se trata de un poema de costumbres orientales, sino también porque la Biblia es siempre así: «plata probada por el fuego, purificada de escoria, siete veces depurada» (Sal 11:7). Ella dice todo lo que debe decir, sin el menor disimulo (cf. Gn 19:30 y nota), es decir, como muy bien observa Hello, sin revestir la verdad con apariencias que atraigan el aplauso de los demás, según suelen hacer los hombres. Dios quiere aplicar aquí, a los grandes misterios de su amor con la humanidad — ya se trate de Israel, de la Iglesia o de cada alma — la más vigorosa de las imágenes: la atracción de los sexos. Sabe que todos la comprenderán, porque todos la sienten. Y en ello no ha de verse lo prohibido, sino lo legítimo del amor matrimonial, instituido por Dios mismo, a la manera como el vino sólo sería malo en el ebrio que lo bebiera pecaminosamente. De ahí que, como muy bien se ha dicho de este sublime poema, «el que vea mal en ello, no hará sino poner su propia malicia. Y el que sin malicia lo lea buscando su alimento espiritual, hallará el más precioso antídoto contra la carne» . Los expositores antiguos miraron siempre como autor del libro al rey Salomón cuyo nombre figura en el título: «Cantar de los Cantares de Salomón» y fue respetado por el traductor griego. La Vulgata no pone nombre de autor, y diversos exégetas católicos remiten la composición del Cantar a tiempos posteriores a Salomón (Joüon, Holzhey, Ricciotti, Zapletal, etc.). Otros empero, entre ellos Fillion, lo atribuyen al mismo rey sabio, que en el poema figura con toda su opulencia. A este respecto no podemos dejar de señalar, entre las muchas interpretaciones (que hacen variar de mil maneras el diálogo y el sentido, según que pongan cada versículo en boca de uno u otro de los personajes), la que adopta un estudioso tan autorizado como Vaccari presentándola como «la que mejor corresponde, tanto a los datos intrínsecos del Libro, cuanto a las condiciones históricas del antiguo Israel» . Según esta interpretación, el Esposo a quien ama la Sulamita, no es la misma persona que el rey, sino un joven pastor que la celebra en un lenguaje idílico y agreste, contrastando precisamente con la fastuosidad del rey cuyas atracciones desprecia la Esposa que prefiere a su Amado. En este contraste, la paz del campo simboliza la Religión de Israel, tan sencilla como verdadera, y los esplendores de la Corte figuran los de la civilización pagana, que humanamente hablando parece tan superior a la hebrea. Tendríamos así, como en las dos Ciudades de San Agustín, el eterno contraste entre Dios y el mundo, entre lo espiritual y lo temporal. El valor de esta interpretación que permite entender muchos pasajes antes obscuros, podrá juzgarse a medida que la señalemos en las notas. Entretanto ella explicaría que Salomón, siendo el autor del Poema (como lo sostiene también Vigouroux con sólidas razones) se haya puesto él mismo como personaje del drama, pues que, siendo así, ya no aparecería como figura del divino Esposo, sino que, lejos de ello, se presenta modestamente con su persona y su proverbial opulencia, como un ejemplo de la vanidad de todo lo terreno, cosa muy propia de la sabiduría de aquel gran Rey. Agreguemos que esta manera de entender el Cantar según lo propone Vaccari no se opone en modo alguno al aprovechamiento de su riquísima doctrina mística, pues nada más congruente que aplicar las relaciones de Yahvé con su esposa Israel, a las de su Hijo Jesús, espejo perfectísimo del Padre (Heb 1:3), con la Iglesia que Él fundó, y con cada una de las almas que la forman, en su peregrinación actual en busca del Esposo (cf. Cnt 4:7; Cnt 3:3; Cnt 5:6 y notas); en la misteriosa unión anticipada de la vida eucarística (cf. Cnt 2:6 y nota); y finalmente en su bienaventurada esperanza (cf. Cnt 1:1; Cnt 8:13-14 y notas; Tito 2:13), cuya realización anhela ella desde el principio con un suspiro que no es sino el que repetimos cada día en el Padre Nuestro enseñado por el mismo Cristo: « Adveniat Regnum tuum » , y el que los primeros cristianos exhalaban en su oración que desde el siglo primero nos ha conservado la « Didajé » o «Doctrina de los doce Apóstoles» : ↹ «Así como este pan fraccionado estuvo disperso sobre las colinas y fue recogido para formar un todo, así también, de todos los confines de la tierra, sea tu Iglesia reunida para el Reino tuyo... líbrala de todo mal, consúmala en tu caridad, y de los cuatro vientos reúnela, santificada, en tu reino que para ella preparaste, porque tuyo es el poder y la gloria en los siglos. ¡Venga ¡a gracia! ¡Pase este mundo! ¡Hosanna al Hijo de David! Acérquese el que sea santo; arrepiéntase el que no lo sea. Maranatha (Ven Señor). Amén.» Para facilitar la lectura, orientando al lector, señalamos aquí la división en seis escenas que propone Vaccari y sintetizamos brevemente el contenido de cada una de ellas: ESCENA I (Cnt 1:1-2:7): a) El anhelo de la Esposa (Cnt 1:1-14): Ella busca al Amado y él le indica el campo. El rey la solicita. Ella prefiere al pastor, b) El primer encuentro (Cnt 1,15-2:7): Dialogo y unión de los dos esposos. ESCENA II (Cnt 2:8-3:5): a) En el campo (Cnt 2:8-17): Invitación del Esposo y paseo campestre. b) Búsqueda nocturna del Esposo (Cnt 3:1-5): .Ella recorre en vano la ciudad. Lo encuentra afuera. ESCENA III (Cnt 3:6-5:1): a) « Salomón en todo su esplendor » (Cnt 3:6-11): Coro sobre la opulencia del rey (tentación), b) Retrato de la Esposa (Cnt 4:1-6). c) El místico jardín (Cnt 4:7-5:1): El Amado le hace el gran elogio. Ella se goza. Él invita a los amigos. ESCENA IV (Cnt 5:2-6:3): a) Visita nocturna (Cnt 5:2-9): La Esposa no abre al Amado. Luego lo busca en vano, b) Ella hace la semblanza del Esposo ante el coro (Cnt 5:10-6:3). ESCENA V, (Cnt 6:4-8:4): a) Nuevas loas de la Esposa (Cnt 6:4-7:1). b) Justa de requiebros, en que parecen rivalizar el rey y el pastor (Cnt 7:2-10). c) Fidelidad de la Esposa (Cnt 7:11-8:4). ESCENA VI (8:5-14): a) El triunfo del amor (Cnt 8:5-7): La Esposa descansa en el Amado. El fuego divino. Unión transformante. b) Parábolas de la hermanita y de la viña (Cnt 8:8-12). c) Idilio (Cnt 8:13) y llamado final (Cnt 8:14). …↹ nBJS Biblia Platense ® — …↹ . ↣ Cnt 1 ↣ Cnt 2 ↣ Cnt 3 ↣ Cnt 4 ↣ Cnt 5 ↣ Cnt 6 ↣ Cnt 7 ↣ Cnt 8 ↣ ↣ Cnt 1 ↣ … Índice de libros 8 capítulos ® ↣ . Cantar de los Cantares.. Cantar de los Cantares, de Salomón. Esposa. [* 1.] ⇢ Béseme (él, en tercera persona) y luego (en segunda persona). Tus amores (San Jerónimo traduce: tus pechos ). Según la interpretación de Orígenes, Israel, la «Iglesia de la Antigua Alianza», suspiraría aquí por el Mesías, anhelando que el beso de la Palabra divina, que había recibido de la boca de los profetas, le sea dado ya directamente por la misma boca de Él. Y así San Pablo empieza diciendo a los Heb en su Epístola (Heb 1:1-3 ): «Dios que habló a nuestros padres por los profetas, nos ha hablado últimamente por medio de su Hijo. Él es el resplandor de su gloria y la imagen de su substancia.» Ahora bien, es frecuente en la Escritura un paralelismo entre Israel y la Iglesia, como lo hay entre los anuncios del Antiguo Testamento y los del Nuevo, y como los profetas, y el mismo Jesús, señalan paralelamente los acontecimientos de la destrucción de Jerusalén y los del fin de los tiempos (cf. p. ej. Mt 24). De ahí que, como expresa Fillion, es sobre todo la Iglesia cristiana quien exhala este suspiro, expresando aquí el mismo anhelo con que termina el Ap: «Y el Espíritu y la Esposa dicen: ¡Ven!... ¡Así sea! ¡Ven oh Señor Jesús!» (Ap 22:17 y Ap 22:20). También se aplica este concepto al alma cristiana, y el Ap extiende a cada una la misma invitación de la Iglesia que antes recordamos: «Diga también quien escucha: ¡Ven!» (Ap 22:17). A este respecto dice el Catecismo Romano: «Toda la Sagrada Escritura está llena de testimonios que a cada paso se ofrecerán a los párrocos, no solamente para confirmar esta Venida, sino aún también para ponerla bien patente a la consideración de los fieles; para que así, como aquel día del Señor en que tomó carne humana, fue muy deseado de todos los justos de la Ley antigua desde el principio del mundo, porque en aquel misterio tenían puesta toda la esperanza de su libertad, así también, después de la muerte del Hijo de Dios y su Ascensión al cielo, deseemos nosotros con vehementísimo anhelo el otro día del Señor esperando el premio eterno, y «la gloriosa venida del gran Dios»» (Tito 2:13). nBJS Biblia Platense ® ¡Béseme él con los besos de su boca! porque tus amores son mejores que el vino. ↣ʱᶠᵑᵗ⇉ [*1.] ⇠ ͭᶯᶰ ⇢ Béseme (él, en tercera persona) y luego (en segunda persona). Tus amores (San Jerónimo traduce: tus pechos). Según la interpretación de Orígenes, Israel, la «Iglesia de la Antigua Alianza», suspiraría aquí por el Mesías, anhelando que el beso de la Palabra divina, que había recibido de la boca de los profetas, le sea dado ya directamente por la misma boca de Él. Y así San Pablo empieza diciendo a los Hebreos en su Epístola (1:1 ss.): «Dios que habló a nuestros padres por los profetas, nos ha hablado últimamente por medio de su Hijo. Él es el resplandor de su gloria y la imagen de su substancia.» Ahora bien, es frecuente en la Escritura un paralelismo entre Israel y la Iglesia, como lo hay entre los anuncios del Antiguo Testamento y los del Nuevo, y como los profetas, y el mismo Jesús, señalan paralelamente los acontecimientos de la destrucción de Jerusalén y los del fin de los tiempos (cf. p. ej. Mateo 24). De ahí que, como expresa Fillion, es sobre todo la Iglesia cristiana quien exhala este suspiro, expresando aquí el mismo anhelo con que termina el Apocalipsis: «Y el Espíritu y la Esposa dicen: ¡Ven!... ¡Así sea! ¡Ven oh Señor Jesús!» (Apocalipsis 22:17 y 20). También se aplica este concepto al alma cristiana, y el Apocalipsis extiende a cada una la misma invitación de la Iglesia que antes recordamos: «Diga también quien escucha: ¡Ven!» (Apocalipsis 22:17). A este respecto dice el Catecismo Romano: «Toda la Sagrada Escritura está llena de testimonios que a cada paso se ofrecerán a los párrocos, no solamente para confirmar esta Venida, sino aún también para ponerla bien patente a la consideración de los fieles; para que así, como aquel día del Señor en que tomó carne humana, fue muy deseado de todos los justos de la Ley antigua desde el principio del mundo, porque en aquel misterio tenían puesta toda la esperanza de su libertad, así también, después de la muerte del Hijo de Dios y su Ascensión al cielo, deseemos nosotros con vehementísimo anhelo el otro día del Señor esperando el premio eterno, y «la gloriosa venida del gran Dios»» (Tito 2:13).⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
2² [* 2.] ⇢ Muy difícil es saber, en este primer pasaje, quién habla en cada verso, y con quién habla. La enseñanza que de todas maneras se extrae de aquí es la contenida en la idea del ungüento , como en Cnt 4:10 y Cnt 4:15. El ungüento, muy usado en oriente como perfume, y conservado en la liturgia sacramental cristiana, es el gran símbolo de la divina gracia, don gratuito por excelencia. Nada podemos tener, dice el Bautista, que no nos sea dado del cielo (Jn 3:27). Aun cuando se trata de María Inmaculada, vemos que el Ángel no le elogia nada propio de Ella, sino que la llama llena de la gracia, y le repite que ha hallado gracia a los ojos de Dios (Lc 1:28-30). Y Ella, no obstante reconocer que ha sido objeto de grandeza (ibíd. Lc 1:49), se llama esclava y reconoce ser nada (ibíd. Lc 1:38 y Lc 1:48), y sólo explica su elección por esa característica contradictoria, que algunos santos solían llamar «el mal gusto de Dios», según el cual Él se complace en escoger a los más vacíos, levantando a los bajos y rebajando a los altos. Tal es el contenido del Magníficat de María y tal es lo que aquí aprendemos (cf. Lc 4:15 y nota). La Iglesia tiene a este respecto definiciones capitales para dejar bien sentada la doctrina paulina según la cual aún el amar a Dios es un don de Dios. Él, que nos ama sin ser amado (de nosotros), nos dio el don de amarlo. No pudiendo agradar, fuimos amados para ser hechos agradables. Véase Rm 5:5; Denz. 198 s. nBJS Biblia Platense ® Suave es el olor de tus ungüentos; es tu nombre ungüento derramado; por eso te aman las doncellas. ↣ᵑ [*2.] ⇠ ᶰ Muy difícil es saber, en este primer pasaje, quién habla en cada verso, y con quién habla. La enseñanza que de todas maneras se extrae de aquí es la contenida en la idea del ungüento, como en 4:10 y 15. El ungüento, muy usado en oriente como perfume, y conservado en la liturgia sacramental cristiana, es el gran símbolo de la divina gracia, don gratuito por excelencia. Nada podemos tener, dice el Bautista, que no nos sea dado del cielo (Juan 3:27). Aun cuando se trata de María Inmaculada, vemos que el Ángel no le elogia nada propio de Ella, sino que la llama llena de la gracia, y le repite que ha hallado gracia a los ojos de Dios (Lucas 1:28-30). Y Ella, no obstante reconocer que ha sido objeto de grandeza (ibíd. 49), se llama esclava y reconoce ser nada (ibíd. 38 y 48), y sólo explica su elección por esa característica contradictoria, que algunos santos solían llamar «el mal gusto de Dios», según el cual Él se complace en escoger a los más vacíos, levantando a los bajos y rebajando a los altos. Tal es el contenido del Magníficat de María y tal es lo que aquí aprendemos (cf. 4:15 y nota). La Iglesia tiene a este respecto definiciones capitales para dejar bien sentada la doctrina paulina según la cual aún el amar a Dios es un don de Dios. Él, que nos ama sin ser amado (de nosotros), nos dio el don de amarlo. No pudiendo agradar, fuimos amados para ser hechos agradables. Véase Romanos 5:5; Denz. 198 s.⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
3³ Coro. [* 3.] ⇢ Me introdujo el rey : Otros: ¡introdúceme, oh rey! Según esto anota Nácar-Colunga: «El coro de doncellas que forma, en las solemnidades nupciales, la corte de la Esposa, que aquí representa a las naciones, pide tener parte en el amor de la Esposa por el Esposo, como en Is 2:2-3 ; Zac 8:20-22 y expresa sus deseos de tener parte en las bendiciones mesiánicas.» Atráeme : «Amad, dice San Agustín, y seréis atraídos», y añade el -mismo Doctor: «El amor es una palanca tan fuerte, que levanta los pesos más enormes, porque el amor es el contrapeso de todos los pesos» (De Civitate Dei, II, 28). Fillion, interpretando el atráeme como dirigido por la Esposa al Esposo «cuyo nombre es ungüento derramado» (versículo 2), reitera aquí la doctrina que hemos expuesto en la nota anterior, y expresa: «Yo los atraeré con cuerdas de amor, dirá Yahvé al pueblo israelita (Hos 11:4; cf. Jr 2:2). Nadie puede venir a Mí si el Padre que me ha enviado no lo atrae, exclamará también Jesús (Jn 6:44; 12:32). En esta unión asombrosa es menester que Dios haga, digámoslo así, los primeros pasos.» De aquí que, entre los muchos modos de encarar este difícil comienzo del Cántico, algunos hayan considerado que en el segundo hemistiquio del versículo 2 habla el Esposo que, apenas la Amada le abre los brazos, se precipita hacia Ella elogiando sus amores más que el vino, porque «sus delicias son estar con los hijos de los hombres» (Proverbios 8:31). Y ese estado de deseo, en la Esposa, no es sino un don del mismo Espíritu Santo ya que nadie puede decir siquiera «Jesús es el Señor» sin una moción previa del divino Espíritu (1 Corintios 12:3). « ¡Atráeme!, esta sola palabra basta » , dice Santa Teresita (Historia de un alma, capítulo X). «Ya sea pues que lo apliquemos a Israel, o a la Iglesia escogida, o al alma fiel, el fruto de este estudio será siempre el mismo: descubrir y alabar las excelencias y delicadezas del Corazón del Esposo. Para conocer un corazón hay que verlo en lides de amor, así como el brazo se prueba en el combate». Con razón te aman : la Vulgata: los rectos te aman . San Gregorio Niseno y Teodoreto refieren esto a la Esposa. nBJS Biblia Platense ® Atráeme en pos de ti. ¡Corramos! Me introdujo el Rey en sus cámaras. Nos gozaremos, nos alegraremos en ti. Celebraremos tus amores más que el vino. Con razón te aman. ↣ᵑ [*3.] ⇠ ᶰ Me introdujo el rey: Otros: ¡introdúceme, oh rey! Según esto anota Nácar-Colunga: «El coro de doncellas que forma, en las solemnidades nupciales, la corte de la Esposa, que aquí representa a las naciones, pide tener parte en el amor de la Esposa por el Esposo, como en Isaías 2:2 ss.; Zacarías 8:20 ss. y expresa sus deseos de tener parte en las bendiciones mesiánicas.» Atráeme: «Amad, dice San Agustín, y seréis atraídos», y añade el mismo Doctor: «El amor es una palanca tan fuerte, que levanta los pesos más enormes, porque el amor es el contrapeso de todos los pesos» (De Civitate Dei, II, 28). Fillion, interpretando el atráeme como dirigido por la Esposa al Esposo «cuyo nombre es ungüento derramado» (versículo 2), reitera aquí la doctrina que hemos expuesto en la nota anterior, y expresa: «Yo los atraeré con cuerdas de amor, dirá Jehovah al pueblo israelita (Oseas 11:4; cf. Jeremías 2:2). Nadie puede venir a Mí si el Padre que me ha enviado no lo atrae, exclamará también Jesús (Juan 6:44; 12:32). En esta unión asombrosa es menester que Dios haga, digámoslo así, los primeros pasos.» De aquí que, entre los muchos modos de encarar este difícil comienzo del Cántico, algunos hayan considerado que en el segundo hemistiquio del versículo 2 habla el Esposo que, apenas la Amada le abre los brazos, se precipita hacia Ella elogiando sus amores más que el vino, porque «sus delicias son estar con los hijos de los hombres» (Proverbios 8:31). Y ese estado de deseo, en la Esposa, no es sino un don del mismo Espíritu Santo ya que nadie puede decir siquiera «Jesús es el Señor» sin una moción previa del divino Espíritu (1 Corintios 12:3). «¡Atráeme!, esta sola palabra basta», dice Santa Teresita (Historia de un alma, capítulo X). «Ya sea pues que lo apliquemos a Israel, o a la Iglesia escogida, o al alma fiel, el fruto de este estudio será siempre el mismo: descubrir y alabar las excelencias y delicadezas del Corazón del Esposo. Para conocer un corazón hay que verlo en lides de amor, así como el brazo se prueba en el combate». Con razón te aman: la Vulgata: los rectos te aman. San Gregorio Niseno y Teodoreto refieren esto a la Esposa.⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
4⁴ Esposa. [* 4.] ⇢ Cedar : desierto que se extiende al este de Transjordania. En vez de Salomón leen algunos Salma. Cedar representa las tribus nómades cuyas tiendas se hacían de pelo de cabra negra. Tienen su belleza esas tiendas negras y se mueven como los rebaños de cabras, que recorren el desierto al compás de las estaciones, buscando un poco de pasto. nBJS Biblia Platense ® Morena soy, pero hermosa, oh hijas de Jerusalén, como las tiendas de Cedar, como los pabellones de Salomón. ↣ᵑ [*4.] ⇠ ᶰ Cedar: desierto que se extiende al este de Transjordania. En vez de Salomón leen algunos Salma. Cedar representa las tribus nómades cuyas tiendas se hacían de pelo de cabra negra. Tienen su belleza esas tiendas negras y se mueven como los rebaños de cabras, que recorren el desierto al compás de las estaciones, buscando un poco de pasto.⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
5⁵ [* 5.] ⇢ Según la alegoría yahvística, la Esposa bronceada por el sol, es esa escogida nación israelita que, no obstante su cautiverio, su idolatría contagiada por los paganos, y su infidelidad, conserva siempre una grande y divina vocación, porque «los dones y la vocación de Dios son irrevocables» (Rm 11:29). El sentido de la viña es aquí harto misterioso, y los comentadores, nada concordes, no alcanzan a explicarlo. De todos modos, es cosa cierta que Israel no cultivó la viña que Dios le encomendara (cf. Mt 21:33; Mc 12:1-3 ; Lc 20:9-11 ). Véase, con su nota, Cnt 8:11 y Cnt 8:12, donde la Esposa recupera su viña, en lo cual se anuncia quizá la futura conversión de Israel profetizada por San Pablo. Cf. Rm 11. nBJS Biblia Platense ® No reparéis en que soy morena; es que me ha quemado el sol. Los hijos de mi madre se airaron contra mí; me pusieron a guardar las viñas; pero mi viña, la mía, no he guardado. ↣ᵑ [*5.] ⇠ ᶰ Según la alegoría yahvística, la Esposa bronceada por el sol, es esa escogida nación israelita que, no obstante su cautiverio, su idolatría contagiada por los paganos, y su infidelidad, conserva siempre una grande y divina vocación, porque «los dones y la vocación de Dios son irrevocables» (Romanos 11:29). El sentido de la viña es aquí harto misterioso, y los comentadores, nada concordes, no alcanzan a explicarlo. De todos modos, es cosa cierta que Israel no cultivó la viña que Dios le encomendara (cf. Mateo 21:33; Marcos 12:1 ss.; Lucas 20:9 ss.). Véase, con su nota, 8:11 y 12, donde la Esposa recupera su viña, en lo cual se anuncia quizá la futura conversión de Israel profetizada por San Pablo. Cf. Romanos 11.⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
6⁶ Dime, oh tú a quien ama el alma mía, dónde pastoreas, dónde haces sestear las ovejas al mediodía, para que no ande yo vagando alrededor de los rebaños de tus compañeros. ↣ᵑ [*7.] ⇠ ᶰ Como expresa Vaccari, la respuesta del Esposo puede sintetizarse diciendo: «hazte pastora». Cf. 7:12 y nota. En efecto, Dios dice en sus promesas a Israel: «Así la atraeré y la llevaré al desierto y le hablaré al corazón; y desde allí le devolveré sus viñas y el valle de Acor como puerta de esperanza; y allí cantará como en los días de su juventud, como en los días en que subió de la tierra de Egipto. Entonces, dice Yahvé, me llamará Esposo mío» (Oseas 2:14 ss.). Cf. 8:5 y nota.⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
7⁷ Esposo o Coro. [* 7.] ⇢ Como expresa Vaccari, la respuesta del Esposo puede sintetizarse diciendo: «hazte pastora» . Cf. Cnt 7:12 y nota. En efecto, Dios dice en sus promesas a Israel: «Así la atraeré y la llevaré al desierto y le hablaré al corazón; y desde allí le devolveré sus viñas y el valle de Acor como puerta de esperanza; y allí cantará como en los días de su juventud, como en los días en que subió de la tierra de Egipto. Entonces, dice Yahvé, me llamará « Esposo mío » (Hos 2:14-16 ). Cf. Cnt 8:5 y nota. nBJS Biblia Platense ® Si no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, sal siguiendo las huellas del rebaño, y apacienta tus cabritos junto a las cabañas de los pastores. ᶠᵗ
8⁸ Esposo. [* 8.] ⇢ Según Vaccari es ésta la voz de la tentación, en que el monarca rival quiere atraer a la Esposa con promesas de ricos adornos, contrastando con la precedente invitación del pastor. Fillion admite también estos contrastes, pues se trata del Mesías-Rey y del Buen Pastor por excelencia. nBJS Biblia Platense ® A mi yegua, en las carrozas del Faraón, te comparo, oh amiga mía. ↣ᵑ [*8.] ⇠ ᶰ Según Vaccari es ésta la voz de la tentación, en que el monarca rival quiere atraer a la Esposa con promesas de ricos adornos, contrastando con la precedente invitación del pastor. Fillion admite también estos contrastes, pues se trata del Mesías-Rey y del Buen Pastor por excelencia.⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
9⁹ Hermosas son tus mejillas entre los pendientes, cuello entre los collares. ᶠᵗ
10¹⁰ [* 10.] ⇢ Llama la atención que el oro aparezca como adornado por la plata, que es inferior a él. En la interpretación espiritual ven aquí algunos una hermosa figura de la virtud cristiana, que es toda interior y al revés de la ostentación mundana. Véase Mt 6:1-6 y 16-18. nBJS Biblia Platense ® Collares de oro haremos para ti incrustados de plata. ↣ᵑ [*10.] ⇠ ᶰ Llama la atención que el oro aparezca como adornado por la plata, que es inferior a él. En la interpretación espiritual ven aquí algunos una hermosa figura de la virtud cristiana, que es toda interior y al revés de la ostentación mundana. Véase Mateo 6:1-6 y 16-18.⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
11¹¹ Esposa. [* 11.] ⇢ En su diván : es decir, en su triclinio o lecho en que se recostaban durante los convites. Esta escena recuerda naturalmente la cena de Betania en que María ungió los pies de Jesús con precioso ungüento de nardo, cuya fragancia llenó toda la casa (Jn 12:1-3). Su sentido sería sin embargo muy otro si la Esposa, mientras el rey la tienta con su festín, exhala, como fragancia de nardo, los acentos de su fidelidad para con el pastor, cuyo amor elogia (versículo Cnt 1:13-14) con delicados símiles agrestes. Según los santos Padres alude este versículo a la Encarnación del Verbo, al cual la Iglesia alegró con el nardo de sus virtudes. nBJS Biblia Platense ® Estando el rey en su diván, mi nardo exhala su fragancia. ↣ᵑ [*11.] ⇠ ᶰ En su diván: es decir, en su triclinio o lecho en que se recostaban durante los convites. Esta escena recuerda naturalmente la cena de Betania en que María ungió los pies de Jesús con precioso ungüento de nardo, cuya fragancia llenó toda la casa (Juan 12:1-3). Su sentido sería sin embargo muy otro si la Esposa, mientras el rey la tienta con su festín, exhala, como fragancia de nardo, los acentos de su fidelidad para con el pastor, cuyo amor elogia (versículo 13 s.) con delicados símiles agrestes. Según los santos Padres alude este versículo a la Encarnación del Verbo, al cual la Iglesia alegró con el nardo de sus virtudes.⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
12¹² [* 12.] ⇢ La mirra era una resina olorosa que no sólo servía para embalsamar cadáveres sino también para llevarla sobre el pecho en bolsitas como perfume. Es la fragancia que exhalan los vestidos del Esposo en Sal 44:9. Cf. 4:6 y nota. nBJS Biblia Platense ® Un manojito de mirra es para mí el amado mío: reposa entre mis pechos. ↣ᵑ [*12.] ⇠ ᶰ La mirra era una resina olorosa que no sólo servía para embalsamar cadáveres sino también para llevarla sobre el pecho en bolsitas como perfume. Es la fragancia que exhalan los vestidos del Esposo en Salmo 44:9. Cf. 4:6 y nota.⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
13¹³ [* 13.] ⇢ El cipro o alheña de los árabes, es la lawsonia alba, de flores pequeñas y blancas en racimo, muy perfumadas como reseda, y cuyas hojas son también usadas en la perfumería de los orientales. El oasis de Engadí , situado a la orilla occidental del Mar Muerto, tenía fama por sus viñas, sus palmeras y sus plantas aromáticas. Hoy toda aquella región es un desierto. nBJS Biblia Platense ® Racimo de cipro es mi amado para mí en las viñas de Engadí. ↣ᵑ [*13.] ⇠ ᶰ El cipro o alheña de los árabes, es la lawsonia alba, de flores pequeñas y blancas en racimo, muy perfumadas como reseda, y cuyas hojas son también usadas en la perfumería de los orientales. El oasis de Engadí, situado a la orilla occidental del Mar Muerto, tenía fama por sus viñas, sus palmeras y sus plantas aromáticas. Hoy toda aquella región es un desierto.⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
14¹⁴ Esposo. [* 14.] ⇢ Empieza un exquisito intercambio de requiebros entre los enamorados, que inicia el Esposo y que, como hace notar Fillion, son los que la Biblia suele emplear para referirse a los amores del divino Esposo. ¿Es éste aquí el Pastor, como lo quiere Vaccari? Así podría deducirse por el tono bucólico del idilio. No debemos sin embargo olvidar que en el Sal 44, que es otro epitalamio ofrecido por la Biblia como paralelo al presente, se trata expresamente del Mesías-Rey, y en tal carácter se enamora Él de la Esposa (cf. Sal 44:11-13 y notas). Ambas cosas pueden sin duda conciliarse distinguiendo entre los misterios pasados y los futuros: «Nova et vetera». Esto mismo explica por qué el Amado prodiga tales elogios a la Esposa en su estado actual, no obstante lo que veremos en el capítulo Cnt 5:3. Es éste uno de los misterios mil veces admirables del corazón generoso de Dios que, sabiendo lo que hemos de ser en lo futuro, «nos ama. no tal cual somos por nuestros méritos, sino tal como llegaremos a ser por don Suyo» (San Próspero). Véase Denz. 185. Cf. Cnt 4:1-3 ; Cnt 6:9; Cnt 7:7-9 Para poder escuchar y entender y gozar la dicha inefable de este lenguaje, hay que grabar para siempre en el alma este sello femenino de esposa , y no pretender invertir los papeles asumiendo con celo indiscreto el papel de esposo (véase Cnt 2:6; 4:1 y notas, y el artículo «Hermana y Esposa» en nuestro libro «Espiritualidad Bíblica»). Tus ojos son palomas : Cf. Cnt 2:14; Cnt 5:12 y notas. En el versículo Cnt 1:4 la Esposa se desprecia a sí misma, llamándose morena, y alaba al Esposo por su hermosura. «Y Él, porque tiene de costumbre de ensalzar al que se humilla, poniendo en ella los ojos como ella se lo ha pedido, en la Canción que se sigue, se emplea en alabarla, llamándola no morena, sino blanca paloma» (San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual XXXIV). La paloma representa al alma recta y sencilla. Véase las palabras de Jesús en Mt 10:6. nBJS Biblia Platense ® Hermosa eres, amiga mía, eres hermosa; tus ojos son palomas. ↣ᵑ [*14.] ⇠ ᶰ Empieza un exquisito intercambio de requiebros entre los enamorados, que inicia el Esposo y que, como hace notar Fillion, son los que la Biblia suele emplear para referirse a los amores del divino Esposo. ¿Es éste aquí el Pastor, como lo quiere Vaccari? Así podría deducirse por el tono bucólico del idilio. No debemos sin embargo olvidar que en el Salmo 44, que es otro epitalamio (= poema nupcial) ofrecido por la Biblia como paralelo al presente, se trata expresamente del Mesías-Rey, y en tal carácter se enamora Él de la Esposa (cf. Salmo 44:11 ss. y notas). Ambas cosas pueden sin duda conciliarse distinguiendo entre los misterios pasados y los futuros: «Nova et vetera». Esto mismo explica por qué el Amado prodiga tales elogios a la Esposa en su estado actual, no obstante lo que veremos en el capítulo 5:3. Es éste uno de los misterios mil veces admirables del corazón generoso de Dios que, sabiendo lo que hemos de ser en lo futuro, «nos ama, no tal cual somos por nuestros méritos, sino tal como llegaremos a ser por don Suyo» (San Próspero). Véase Denz. 185. Cf. 4:1 ss.; 6:9; 7:7 ss. Para poder escuchar y entender y gozar la dicha inefable de este lenguaje, hay que grabar para siempre en el alma este sello femenino de esposa, y no pretender invertir los papeles asumiendo con celo indiscreto el papel de esposo (véase 2:6; 4:1 y notas, y el artículo «Hermana y Esposa» en nuestro libro «Espiritualidad Bíblica»). Tus ojos son palomas: Cf. 2:14; 5:12 y notas. En el versículo 4 la Esposa se desprecia a sí misma, llamándose morena, y alaba al Esposo por su hermosura. «Y Él, porque tiene de costumbre de ensalzar al que se humilla, poniendo en ella los ojos como ella se lo ha pedido, en la Canción que se sigue, se emplea en alabarla, llamándola no morena, sino blanca paloma» (San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual XXXIV). La paloma representa al alma recta y sencilla. Véase las palabras de Jesús en Mateo 10:6.⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
15¹⁵ Esposa. Hermoso eres, amado mío, ¡y cuan delicioso! y nuestro lecho es de flores. ↣ᵑ [*15.] ⇠ ᶰ ⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢
16¹⁶ Esposo De cedro son las vigas de nuestra casa, de ciprés nuestros artesonados. ↣ᵑ [*16.] ⇠ ᶰ ⇢ᶠᶯᶵ nBJS Biblia Platense ® ⇢ᶠᶯᶵ ⇢