Salmos 104
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1(103) ¡Bendice, alma mía, a Yahvé! ¡Yahvé, Dios mío, qué grande eres! Vestido de esplendor y majestad,
2te arropa la luz como un manto, como una tienda extiendes el cielo,
3levantas sobre las aguas tus moradas; te sirven las nubes de carroza, te deslizas sobre las alas del viento;
4tomas por mensajeros a los vientos, al fuego llameante por ministro.
5Sobre sus bases posaste la tierra, inconmovible para siempre jamás.
6Como un ropaje la cubría el océano, sobre los montes persistían las aguas;
7a tu bramido emprendieron la huida, se precipitaron al escuchar tu trueno,
8subiendo a los montes, bajando a los valles, hasta el lugar que tú les asignaste;
9les pusiste un límite infranqueable, por que no vuelvan a anegar la tierra.
10A los valles envías manantiales, que van discurriendo por vaguadas;
11abrevan a las bestias del campo, apagan la sed de los onagros;
12junto a ellos habitan las aves, que entonan su canto entre la fronda.
13Riegas los montes desde tu alta morada, con la humedad de tus cámaras * saturas la tierra;
14haces brotar hierba para el ganado, y las plantas para el uso del hombre, a fin de que saque pan de la tierra,
15y el vino que recrea el corazón del hombre, para que lustre su rostro con aceite y el pan conforte el corazón del hombre.
16Los árboles de Yahvé se empapan a placer, y los cedros del Líbano plantados por él;
17allí ponen los pájaros su nido, su casa en su copa * la cigüeña.
18Los riscos acogen a los rebecos, las rocas cobijan a los damanes * .
19Creó la luna para marcar los tiempos, y el sol, que conoce su ocaso;
20mandas la tiniebla y cae la noche, cuando rondan las fieras del bosque;
21los leoncillos rugen por la presa y reclaman a Dios su alimento.
22Cuando sale el sol, se recogen, y van a echarse en sus guaridas;
23el hombre sale a su trabajo, para hacer su faena hasta la tarde.
24¡Cuán numerosas tus obras, Yahvé! Todas las hiciste con sabiduría, de tus creaturas se llena la tierra.
25Está el mar: grande y dilatado, con un incontable hervidero de animales, grandes y pequeños;
26lo surcan los navíos y Leviatán, a quien creaste para retozar en él.
27Todos ellos esperan de ti que les des su comida a su tiempo;
28se la das y ellos la toman, abres tu mano y se sacian de bienes.
29Si escondes tu rostro, desaparecen, les retiras tu soplo y expiran, y retornan al polvo que son.
30Si envías tu aliento, son creados * , y renuevas la faz de la tierra.
31¡Gloria a Yahvé por siempre, en sus obras Yahvé se regocije!
32El que mira a la tierra y tiembla, toca los montes y humean.
33Cantaré a Yahvé mientras viva, tañeré para mi Dios mientras exista.
34¡Que le sea agradable mi poema! Yo tengo mi gozo en Yahvé.
35¡Desaparezcan los pecadores de la tierra, nunca más existan los malvados! ¡Bendice, alma mía, a Yahvé * !