Proverbios 29
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1El hombre que se obstina ante la corrección será destruido pronto y sin remedio.
2Cuando predominan los justos, el pueblo se alegra; cuando dominan los malvados, el pueblo se lamenta.
3El que ama la sabiduría alegra a su padre; el que se junta con prostitutas disipa su fortuna.
4Un rey justo levanta a un país, el partidario de impuestos lo arruina.
5El hombre que adula a su prójimo tiende una trampa ante sus pies.
6El pecado del malvado es su trampa, el justo da gritos de alegría.
7El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos * .
8Los provocadores agitan la ciudad, los sabios apaciguan los ánimos.
9Cuando el sabio pleitea con el necio, se enfada y se ríe sin descanso.
10Los sanguinarios odian al intachable, pero los honrados cuidan de su vida * .
11El necio da rienda suelta a sus pasiones, el sabio acaba dominándolas.
12Gobernante que hace caso de calumnias creerá malvados a todos sus servidores.
13El pobre y el estafador coinciden: Yahvé ilumina los ojos de ambos.
14Rey que juzga con justicia a los débiles afirma su trono para siempre.
15Vara y corrección dan sabiduría, muchacho consentido avergüenza a su madre.
16Cuando abundan los malvados, se multiplican los delitos, pero los justos serán testigos de su caída.
17Corrige a tu hijo: te hará vivir tranquilo y te dará satisfacciones.
18Cuando no hay profetas, el pueblo se relaja; dichoso el que cumple la ley * .
19No se corrige a un siervo con palabras; aunque entienda, no hace caso.
20Más se puede esperar de un necio que del ligero al hablar.
21Esclavo consentido en la niñez al final será un ingrato * .
22Hombre furioso provoca peleas, el iracundo multiplica delitos.
23El propio orgullo humilla al hombre, el espíritu humilde obtiene honores.
24El cómplice del ladrón se odia a sí mismo: escucha la maldición * , pero no lo denuncia.
25El miedo tiende una trampa al hombre, el que confía en Yahvé estará protegido.
26Muchos buscan el favor del gobernante, pero sólo Yahvé hace justicia.
27Los justos detestan al criminal y el malvado detesta al honrado.