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Mateo 21

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Cuando se aproximaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte de los Olivos, envió Jesús a dos discípulos

2con este encargo: «Id al pueblo que tenéis enfrente, y enseguida encontraréis un asna atada y un pollino con ella. Desatadlos y traédmelos.

3Y si alguien os pregunta algo, decid: ‘El Señor los necesita, pero enseguida los devolverá.’»

4Esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el profeta:

5Decid a la hija de Sión : Mira tu Rey viene a ti , manso y montado en un asna y un pollino, hijo de animal de yugo * .

6Fueron, pues, los discípulos e hicieron como Jesús les había encargado:

7trajeron el asna y el pollino. Luego pusieron sobre ellos sus mantos, y él se sentó encima.

8La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino.

9Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: «¡Hosanna * al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!»

10Al entrar él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. «¿Quién es éste?», se preguntaban.

11Y la gente decía: «Éste es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea.»

12Entró Jesús en el Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en él; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas * .

13Y les dijo: «Está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración . ¡Pero vosotros estáis haciendo de ella una cueva de bandidos! »

14También en el Templo se acercaron a él algunos ciegos y cojos, y los curó.

15Mas los sumos sacerdotes y los escribas, al ver los milagros que había hecho y a los niños que gritaban en el Templo: «¡Hosanna al Hijo de David!», se indignaron

16y le dijeron: «¿Oyes lo que dicen éstos?» «Sí —respondió Jesús—. ¿No habéis leído nunca que De la boca de los niños y de los que aún maman te preparaste alabanza? »

17Y dejándolos, salió de la ciudad camino de Betania, donde pasó la noche.

18Al amanecer, cuando volvía a la ciudad, sintió hambre.

19Al ver una higuera junto al camino, se acercó a ella, pero no encontró más que hojas. Entonces le dijo: «¡Que nunca jamás brote fruto de ti!» Y al momento se secó la higuera * .

20Al verlo los discípulos, se maravillaron y decían: «¿Cómo ha quedado de repente seca la higuera?»

21Jesús les respondió: «Os aseguro que si tenéis fe y no vaciláis, no sólo haréis lo de la higuera, sino que incluso si decís a este monte: ‘Quítate y arrójate al mar’, así sucederá.

22Y todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis.»

23Llegó al Templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, que le preguntaron: «¿Con qué autoridad haces esto * ? ¿Quién te ha dado tal autoridad?»

24Jesús les respondió: «También yo os voy a preguntar una cosa. Si me contestáis a ella, yo os diré a mi vez con qué autoridad hago esto.

25¿De dónde provenía el bautismo de Juan, del cielo o de los hombres?» Ellos discurrían entre sí: «Si decimos que es del cielo, nos dirá: ‘Entonces ¿por qué no le creísteis?’

26Pero si decimos que es de los hombres, tenemos miedo a la gente, pues todos tienen a Juan por profeta.»

27Así que respondieron a Jesús: «No sabemos.» Él les replicó entonces: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»

28«A ver qué os parece. Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: ‘Hijo, vete hoy a trabajar en la viña.’

29Él respondió: ‘No quiero’, pero después se arrepintió y fue.

30Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Él respondió: ‘Voy, Señor’, pero no fue.

31¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» —«El primero», le dicen. Jesús añadió: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas llegarán antes que vosotros al Reino de Dios.

32Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia * y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él.

33«Escuchad otra parábola. Había un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó.

34Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió sus siervos a los labradores para percibir sus frutos.

35Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro lo mataron, a otro lo apedrearon.

36Envió después otros siervos, en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera.

37Finalmente les envió a su hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán.’

38Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Éste es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia.’

39Y, agarrándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron.

40Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»

41Le respondieron: «Dará una muerte miserable a esos miserables y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a su tiempo.»

42Jesús les dijo: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon , en piedra angular se ha convertido ; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?

43Por eso os digo que se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos * .

44Y el que cayere sobre esta piedra se destrozará, y aquel sobre quien cayere quedará aplastado * .»

45Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos.

46Y trataron de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente, porque lo tenían por profeta.

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