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Marcos 7

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Acudieron donde él los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén.

2Y al ver que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas

3—es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo * , aferrados a la tradición de los antiguos,

4y al volver de la plaza, si no se bañan * , no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas—,

5los fariseos y los escribas le preguntaron: «¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados * , sino que comen con manos impuras?»

6Él les respondió: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios , pero su corazón está lejos de mí .

7En vano me rinden culto , pues enseñan doctrinas que son preceptos de hombres .

8«Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres.»

9Les decía también: «¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición!

10Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre , y: El que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte .

11Pero vosotros decís que si uno dice a su padre o a su madre ‘Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro Korbán * —es decir, ofrenda—’,

12ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre.

13Así, con vuestra tradición que os habéis transmitido, anuláis la palabra de Dios; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas.»

14Luego volvió a llamar a la gente y les dijo: «Oídme todos y entended.

15Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; lo que realmente contamina al hombre es lo que sale de él.

16Quien tenga oídos para oír, que oiga * .»

17Cuando dejó a la gente y entró en casa, sus discípulos le preguntaron sobre la parábola * .

18Él les dijo: «¿Conque también vosotros carecéis de inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que entra de fuera en el hombre no puede contaminarle,

19pues no entra en su corazón, sino en el vientre, y va a parar al excusado?» —así declaraba puros todos los alimentos * —.

20Decía también: «Lo que realmente contamina al hombre es lo que sale de él.

21Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos,

22adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez.

23Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.»

24Jesús partió de allí y se fue a la región de Tiro * . Entró en una casa y, aunque no quería que la gente lo supiese, no logró pasar inadvertido.

25En seguida, una mujer que había oído hablar de él, y cuya hija estaba poseída por un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies.

26Esta mujer era griega * , sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio.

27Él le dijo: «Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.»

28Pero ella le respondió: «Sí, Señor. Pero también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños.»

29Él, entonces, le dijo: «Por eso que acabas de decir, puedes irte; el demonio ha salido de tu hija.»

30Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido.

31Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis.

32Le presentaron un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le rogaron que impusiera la mano sobre él.

33Jesús, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua.

34Después levantó los ojos al cielo, dio un gemido y le dijo: « Effatá », que quiere decir ‘¡Ábrete!’

35Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente.

36Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más lo propagaban ellos.

37La gente quedó maravillada sobremanera, y comentaban: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

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