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Marcos 5

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Después llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos * .

2Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo

3que moraba entre los sepulcros. Nadie podía ya tenerle atado, ni siquiera con cadenas,

4pues muchas veces le habían maniatado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, de suerte que nadie podía dominarlo.

5Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras.

6Al ver de lejos a Jesús, corrió, se postró ante él

7y gritó con fuerte voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.»

8(Es que él le había dicho: «Espíritu inmundo, sal de este hombre.»)

9Jesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?» Le contestó: «Me llamo Legión, porque somos muchos.»

10Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región.

11Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte.

12Ellos le suplicaron: «Envíanos a los puercos para que entremos en ellos.»

13Jesús se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara —unos dos mil— se arrojó al mar de lo alto del cantil y se fueron ahogando en el mar.

14Los porqueros huyeron y lo contaron en el pueblo y por las aldeas. La gente salió entonces a ver qué había ocurrido.

15Cuando llegaron donde Jesús y vieron al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, se llenaron de temor.

16Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos.

17Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término.

18Cuando subió a la barca, el que había estado endemoniado le pidió quedarse con él.

19Pero no se lo concedió, sino que le dijo: «Vete a tu casa, con los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti.»

20Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.

21Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente. Él estaba a la orilla del mar.

22Llegó entonces uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, que, al verle, cayó a sus pies,

23y le suplicaba con insistencia: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva.»

24Jesús se fue con él. Le seguía un gran gentío que lo oprimía.

25Había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años,

26y que había sufrido mucho con numerosos médicos. Había gastado todos sus bienes sin encontrar alivio; al contrario, había ido a peor.

27Sabedora de lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto.

28Y es que pensaba: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré.»

29Inmediatamente se le detuvo la hemorragia y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal.

30Al instante Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y preguntó: «¿Quién me ha tocado los vestidos * ?»

31Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime, ¿y preguntas quién te ha tocado?»

32Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho.

33Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa * , se postró ante él y le contó toda la verdad.

34Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad.»

35Mientras estaba hablando, llegaron unos de la casa del jefe de la sinagoga diciendo: «Tu hija ha muerto. ¿A qué molestar ya al Maestro?»

36Jesús, que oyó el comentario, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta con que tengas fe.»

37Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago * .

38Llegaron a la casa del jefe de la sinagoga y observaron el alboroto, unos que lloraban y otros que daban fuertes gritos.

39Jesús entró y les dijo: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.»

40Los presentes se burlaban de él. Pero él, después de echar fuera a todos, tomó consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entró donde estaba la niña.

41Tomó entonces la mano de la niña y le dijo: «Talitá kum * », que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate.»

42La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor;

43él, por su parte, les insistió mucho en que nadie lo supiera. Después les dijo que dieran de comer a la niña.

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