Juan 4
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Cuando Jesús * se enteró de que había llegado a oídos de los fariseos que él hacía más discípulos y bautizaba más que Juan —
2aunque no era Jesús mismo el que bautizaba, sino sus discípulos—,
3abandonó Judea y volvió a Galilea.
4Tenía que pasar por Samaría.
5Llegó a un pueblo de Samaría llamado Sicar * , cerca de la heredad que Jacob legó a su hijo José.
6Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que estaba cansado de tanto andar, se había sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta * .
7Llegó entonces una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dijo: «Dame de beber.»
8(Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.) La samaritana le respondió:
9«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer de Samaría * ?» (Es que los judíos no se tratan con los samaritanos.)
10Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y supieras quién es el que te dice ‘Dame de beber’, tú se lo habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.»
11Contestó la mujer: «Señor, el pozo es hondo y no tienes con qué sacarla; ¿cómo es que tienes esa agua viva?
12¿Te crees más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?»
13Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed;
14pero el que beba del agua que yo le dé no tendrá sed jamás, pues el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna * .»
15Le dijo la mujer: «Señor, dame de esa agua, para no volver a tener sed y no tener que venir aquí a sacarla.»
16Él le contestó: «Vete, llama a tu marido y vuelve acá.»
17La mujer le dijo: «No tengo marido.» Jesús le respondió: «Bien has dicho que no tienes marido,
18porque has tenido cinco, y el que ahora tienes no es marido tuyo. En eso has dicho la verdad * .»
19La mujer replicó: «Señor, veo que eres un profeta.
20Nuestros padres adoraron en este monte * , pero vosotros decís que el lugar donde se debe adorar es Jerusalén.»
21Jesús le contestó: «Créeme, mujer, que llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
22Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
23Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad * , porque así quiere el Padre que sean los que le adoren.
24Dios es espíritu, y los que adoran deben adorar en espíritu y verdad.»
25Le dijo la mujer: «Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo desvelará todo * .»
26Jesús le respondió: «Yo soy, el que está hablando contigo.»
27En esto llegaron sus discípulos y se sorprendieron de que hablara con una mujer. Pero nadie le preguntó qué quería o qué hablaba con ella.
28La mujer, dejando su cántaro, corrió * al pueblo y dijo a la gente:
29«Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?»
30Salieron del pueblo y se encaminaron hacia él.
31Entretanto, los discípulos le insistían: «Rabbí, come.»
32Pero él replicó: «Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis.»
33Los discípulos se decían entre sí: «¿Le habrá traído alguien de comer?»
34Jesús les dijo: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado * y llevar a cabo su obra.
35¿No decís vosotros: ‘Cuatro meses más y llega la siega’? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos, que amarillean ya para la siega * . Ya
36el segador recibe el salario, y recoge fruto para vida eterna, de modo que el sembrador se alegra igual que el segador.
37Y en esto resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el segador:
38yo os he enviado a segar donde vosotros no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y vosotros os aprovecháis de su fatiga.»
39Muchos samaritanos de aquel pueblo creyeron en él por las palabras de la mujer, que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que he hecho.»
40Cuando llegaron a él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y Jesús se quedó allí dos días.
41Fueron muchos más los que creyeron por sus palabras * ,
42y decían a la mujer: «Ya no creemos por tus palabras, pues nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.»
43Pasados los dos días, partió de allí para Galilea.
44(Pues Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de prestigio en su patria * .)
45Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido.
46Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaún.
47Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a rogarle que bajase a curar a su hijo, porque estaba a punto de morir.
48Entonces Jesús le dijo: «Si no veis signos y prodigios, no creéis * .»
49El funcionario replicó: «Señor, baja antes de que muera mi hijo.»
50Jesús le dice: «Vete, que tu hijo vive.» Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino.
51Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos y le dijeron que su hijo vivía.
52Él les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos respondieron: «Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre.»
53El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: «Tu hijo vive», y creyó él y toda su familia * .
54Éste fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.