Juan 11
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Había un enfermo llamado Lázaro. Era de Betania, pueblo de María y de su hermana Marta * .
2María era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos * ; su hermano Lázaro era el enfermo.
3Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, aquel a quien tú quieres está enfermo.»
4Al oírlo Jesús, comentó: «Esta enfermedad no es de muerte; es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella * .»
5Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro.
6Cuando se enteró de que estaba enfermo, permaneció dos días más en el lugar donde se encontraba.
7Al cabo de ellos, dijo a sus discípulos: «Volvamos de nuevo a Judea.»
8Replicaron los discípulos: «Rabbí, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y vuelves allí?»
9Jesús respondió: «¿No tiene el día doce horas? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo;
10pero si uno anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él.»
11Tras decir esto, añadió: «Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle.»
12Le dijeron sus discípulos: «Señor, si duerme, ya se curará.»
13Jesús lo había dicho de su muerte, pero ellos creyeron que hablaba del descanso del sueño.
14Entonces Jesús les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto;
15y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis * . Pero vayamos allá.»
16Entonces Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos * : «Vayamos también nosotros a morir con él.»
17Cuando llegó Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro.
18Betania estaba cerca de Jerusalén, a unos quince estadios,
19y muchos judíos habían venido a casa de Marta y María para consolarlas por su hermano.
20Cuando Marta supo que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María se quedó en casa.
21Dijo Marta a Jesús: «Señor * , si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.
22Pero aun ahora yo sé que Dios te concederá cuanto le pidas * .»
23Jesús replicó: «Tu hermano resucitará.»
24Le respondió Marta: «Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día.»
25Jesús le respondió: «Yo soy la resurrección * . El que cree en mí, aunque muera * , vivirá * ;
26y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?»
27Respondió ella: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios * , el que iba a venir al mundo.»
28Dicho esto, fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: «El Maestro está ahí y te llama.»
29Ella, en cuanto lo oyó, se levantó rápidamente y fue a su encuentro.
30Jesús todavía no había llegado al pueblo; seguía en el lugar donde Marta lo había encontrado.
31Los judíos que estaban con María en casa consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí.
32Cuando María llegó donde estaba Jesús y lo vio, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.»
33Viéndola llorar Jesús y observando que también lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó
34y preguntó: «¿Dónde lo habéis puesto?» Le respondieron: «Señor, ven y lo verás.»
35Jesús se conmovió entre lágrimas * .
36Los judíos comentaron entonces: «Mirad cómo le quería.»
37Pero algunos de ellos dijeron: «Éste, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera?»
38Entonces Jesús se conmovió de nuevo en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra.
39Dijo Jesús: «Quitad la piedra.» Marta, la hermana del muerto, le advirtió: «Señor, ya huele; es el cuarto día * .»
40Replicó Jesús: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?»
41Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: «Padre, te doy gracias por haberme escuchado.
42Bien sé que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por éstos que me rodean, para que crean que tú me has enviado.»
43Dicho esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal afuera!»
44El muerto salió, atado de pies y manos con vendas * y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadle andar.»
45Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en él.
46Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
47Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y se preguntaban: «¿Qué hacemos? Es cierto que este hombre realiza muchos signos.
48Si le dejamos que siga así, todos creerán en él, y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo * y nuestra nación.»
49Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote aquel año, les dijo: «Vosotros no sabéis nada,
50ni caéis en la cuenta de que conviene que muera uno solo por el pueblo, y así no perezca toda la nación.»
51Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación
52— y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos * —.
53Desde ese día, se pusieron de acuerdo para matarlo.
54Por eso, Jesús no andaba ya en público entre los judíos, sino que se retiró a la región cercana a la estepa, a un pueblo llamado Efraín * , donde se estableció con sus discípulos.
55Como estaba cerca la Pascua de los judíos * , muchos del país habían subido a Jerusalén * para purificarse.
56La gente buscaba a Jesús, y los que estaban en el Templo se preguntaban: «¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?»
57Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que, si alguno sabía dónde estaba, lo notificara para detenerle.