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Jeremías 51

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Esto dice Yahvé: Voy a suscitar contra Babilonia, contra los habitantes de Leb Camay * , un viento devastador.

2Enviaré a Babilonia beldadores * que la bielden y vacíen su territorio; será acosada por todas partes el día de la catástrofe.

3Que no aseste su arco el arquero, ni se jacte el que viste cota * . No tengáis piedad de sus guerreros, exterminad a todo su ejército.

4Caerán heridos en tierra de Caldea, y traspasados en sus calles.

5Pero no han enviudado Israel ni Judá de su Dios, de Yahvé Sebaot, aunque su tierra rebosaba delitos contra el Santo de Israel.

6Huid del interior de Babilonia (que cada cual salve su vida), no perezcáis por su culpa, pues es hora de venganza para Yahvé: le está pagando su merecido.

7Copa de oro era Babilonia en la mano de Yahvé, que embriagaba a toda la tierra. De su vino bebieron las naciones, lo que las hizo enloquecer * .

8De pronto cayó Babilonia y se rompió. Gemid por ella. Traed bálsamo para su herida, a ver si podemos sanarla.

9Hemos curado a Babilonia, pero no ha sanado; dejadla y volvamos cada cual a nuestra tierra. Pues llega hasta el cielo su condena, se ha elevado hasta las nubes.

10Yahvé hizo patente nuestra justicia; venid y cantemos en Sión las obras de Yahvé nuestro Dios.

11Afilad las saetas, llenad las aljabas. Ha despertado Yahvé la animosidad de los reyes * de Media, pues ha tomado la decisión de destruir Babilonia. Ésta será la venganza de Yahvé, la venganza por haber destruido su santuario.

12Frente a las murallas de Babilonia levantad las enseñas, reforzad la guardia, apostad centinelas, preparad celadas. Que Yahvé planea y ejecuta lo que dijo sobre la gente de Babilonia.

13Tú, que estás instalada junto a aguas caudalosas, la de ingentes tesoros, ha llegado tu fin, el término * de tus ganancias.

14Yahvé Sebaot lo jura por sí mismo: «Aunque te he llenado de personas, numerosas igual que la langosta, lanzarán sobre ti gritos de victoria.»

15Él hizo la tierra con su poder, estableció el orbe con su sabiduría, y con su inteligencia desplegó el cielo.

16Cuando deja oír su voz, hay estruendo de aguas en el cielo, y hace subir las nubes desde el extremo de la tierra. Él hace los relámpagos para la lluvia y saca el viento de sus depósitos.

17Los hombres se atontan con su saber, los plateros fracasan con sus ídolos, porque sus estatuas son una mentira y no hay espíritu en ellas.

18Son frustrantes, cosa ridícula; al tiempo de su castigo perecerán.

19No es así la «Porción de Jacob», pues él es el plasmador del universo, e Israel * , la tribu de su propiedad. Se llama Yahvé Sebaot.

20Un martillo eres tú para mí, un arma de guerra: contigo machacaré naciones, contigo destruiré reinos,

21contigo machacaré caballos y jinetes, contigo machacaré carros y aurigas,

22contigo machacaré hombres y mujeres, contigo machacaré adultos y jóvenes, contigo machacaré chicos y chicas,

23contigo machacaré pastores y rebaños, contigo machacaré labradores y yuntas, contigo machacaré regentes y prefectos.

24Haré que Babilonia y todos los habitantes de Caldea paguen por todo el daño que hicieron en Sión, delante de vuestros ojos —oráculo de Yahvé—.

25Aquí estoy contra ti, montaña destructora —oráculo de Yahvé—, destructora de toda la tierra. Extenderé mi mano contra ti y te haré rodar peñas abajo; te convertiré en montaña quemada.

26No tomarán de ti piedra angular ni piedra para poner cimientos, pues serás por siempre desolación —oráculo de Yahvé—.

27Alzad una enseña en la tierra, tocad a rebato por las naciones; consagrad naciones contra ella, citad contra ella a los reinos de Ararat, Miní y Asquenaz * ; designad un reclutador contra ella, que ataque la caballería cual langosta.

28Consagrad naciones contra ella, convocad a los reyes de Media, a sus gobernadores y magistrados y a todo el país de su dominio.

29Temblará y se estremecerá la tierra cuando se cumplan contra Babilonia los planes que determinó Yahvé, de convertir la tierra de Babel en desolación, sin nadie que la habite.

30Han cesado de guerrear los soldados de Babilonia, se han quedado en las fortalezas. Se ha agotado su bravura, se han vuelto como mujeres; fueron quemados sus edificios, sus cerrojos están hechos trizas.

31Un correo corre al alcance de otro, mensajero al alcance de mensajero, para informar al rey de Babilonia que su ciudad está tomada del todo;

32que sus vados han sido ocupados y sus esclusas, incendiadas; que los guerreros están acobardados.

33Pues esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: La capital de Babilonia ha quedado como una era apisonada para trillar; en cuanto pase un poco más de tiempo, le habrá llegado el tiempo de la siega.

34Me ha comido, me ha arrebañado Nabucodonosor, rey de Babilonia; me ha dejado como cacharro vacío. Me ha tragado como un dragón, llenó su panza con mis mejores trozos, y después me vomitó * .

35«Que mi atropello y mis sufrimientos * caigan sobre Babilonia», dirá la población de Sión; «que mi sangre caiga sobre los habitantes de Caldea», dirá Jerusalén.

36Por tanto, esto dice Yahvé: Aquí estoy para defender tu causa, para hacerme cargo de tu venganza: voy a secar todas sus aguas y a dejar enjutos sus hontanares.

37Babilonia será un montón de piedras, guarida de chacales, tema de pasmo y rechifla, sin nadie que la habite.

38Rugen a una como leones, gruñen como cachorros de leonas.

39Cuando estén en pleno ardor les serviré sus bebidas; voy a hacer que se embriaguen para que, cuando estén alegres, duerman un sueño eterno, del que nunca despierten —oráculo de Yahvé—.

40Los haré bajar al matadero, lo mismo que a corderos, como a carneros y machos cabríos.

41¡Cómo ha sido tomada y ocupada el orgullo de toda la tierra! ¡Cómo vino a convertirse en pasmo Babilonia entre las naciones!

42El mar se desbordó sobre Babilonia, el tropel de sus olas la anegó.

43Sus ciudades quedaron devastadas, como tierra reseca y desértica; ya nadie habita en ellas, ni discurre por ellas ser humano.

44Castigaré a Bel en Babilonia, le sacaré su bocado de la boca; ya no afluirán a él las naciones, hasta la muralla de Babel ha caído.

45Salid de ella, pueblo mío, que cada cual salve su vida ante el ardor de la cólera de Yahvé.

46Que no desfallezca vuestro ánimo, que no os atenace el terror por el rumor que se oirá en la tierra. Pues año tras año se propaga el rumor: «Violencia en el país, conquistador tras conquistador».

47Pues bien, mirad que vienen días en que castigaré a los ídolos de Babel; su territorio quedará afrentado, en medio de él caerán sus heridos.

48Y harán coro contra Babilonia cielo, tierra y cuanto hay en ellos, cuando del norte lleguen contra ella los devastadores —oráculo de Yahvé—.

49También Babilonia caerá, heridos de Israel, como también por Babilonia cayeron heridos de toda la tierra.

50Los que habéis escapado a la espada, marchad, no os detengáis, recordad allá lejos a Yahvé, llevad a Jerusalén en el corazón.

51—«Oímos abochornados la afrenta, cubrió la vergüenza nuestros rostros: ¡Habían penetrado extranjeros en el santuario del templo de Yahvé!»

52—Por eso, ya vienen días —oráculo de Yahvé— en que castigaré a sus ídolos, y por su territorio gemirán los heridos.

53Aunque suba Babilonia hasta el cielo y encastille en lo alto su poder, enviaré saqueadores contra ella —oráculo de Yahvé—.

54Gritan en Babilonia pidiendo socorro, llega desde Caldea un llanto desgarrador.

55Es que Yahvé devasta Babilonia; apagará su inmenso griterío, aunque bramen como las olas del mar, aunque alcen sus voces estruendosas.

56¡El devastador ataca Babilonia! Sus soldados serán apresados, sus arcos quedarán inutilizados, pues Yahvé es un Dios que retribuye, y seguro que les dará su merecido.

57Yo mismo embriagaré a sus jefes, a sus sabios y gobernadores, a sus magistrados y sus soldados, y dormirán un sueño eterno del que no despertarán —oráculo del Rey cuyo nombre es Yahvé Sebaot—.

58Esto dice Yahvé Sebaot: La ancha muralla de Babilonia va a ser socavada sin remedio, y aquellas sus altas puertas serán consumidas por el fuego; para nada se fatigan los pueblos, para el fuego se afanan las naciones.

59Orden que dio el profeta Jeremías a Serayas, hijo de Nerías, hijo de Majsías, al partir éste de junto a Sedecías, rey de Judá, para Babilonia el año cuarto de su reinado, siendo Serayas gran chambelán.

60Escribió, pues, Jeremías todo el mal que había de sobrevenir a Babilonia en un libro —todas estas palabras arriba escritas acerca de Babilonia—

61y dijo Jeremías a Serayas: «Cuando llegues a Babilonia, procura leer en voz alta todas estas palabras.

62Dirás: ‘Yahvé, tú has hablado de destruir este lugar, sin que queden en él habitantes, sean personas o animales, de que se convierta en soledad perpetua.’

63Luego, cuando acabes de leer en voz alta ese libro, atas a él una piedra y lo arrojas al Éufrates.

64Y dices: ‘Así se hundirá Babilonia y no se recobrará del mal que yo mismo voy a traer sobre ella.’» Hasta aquí las palabras de Jeremías * .

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