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Hechos 8

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1* Saulo aprobaba su muerte. Aquel día se desató una gran persecución contra la iglesia de Jerusalén. Todos * se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría * , a excepción de los apóstoles.

2Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban e hicieron gran duelo por él.

3Entretanto Saulo hacía estragos en la Iglesia: entraba por las casas, se llevaba por la fuerza a hombres y mujeres, y los metía en la cárcel.

4Los que se habían dispersado fueron por todas partes anunciando la Buena Nueva de la palabra.

5Felipe bajó a una ciudad de Samaría * y se puso a predicarles a Cristo * .

6La gente escuchaba con atención y con un mismo espíritu lo que decía Felipe, porque ellos oían y veían los signos que realizaba.

7Y es que de muchos posesos salían los espíritus inmundos dando grandes voces, y muchos paralíticos y cojos quedaron curados.

8Hubo una gran alegría en aquella ciudad.

9Sin embargo, ya de tiempo atrás había en la ciudad un hombre llamado Simón, que practicaba la magia y tenía atónito al pueblo de Samaría. Decía de sí mismo que era alguien importante.

10Todos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención y comentaban: «Éste es la Potencia de Dios llamada la Grande * .»

11Le prestaban atención porque les había tenido atónitos por mucho tiempo con sus artes de magia.

12Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba la Buena Nueva del Reino de Dios y el nombre de Jesucristo, empezaron a bautizarse hombres y mujeres.

13Incluso el mismo Simón creyó, hasta el punto que, una vez bautizado, no se apartaba de Felipe, pues estaba atónito al ver los signos y grandes milagros que se realizaban.

14Al enterarse los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaría había aceptado la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan.

15Éstos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo,

16pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús.

17Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

18Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se transmitía el Espíritu, les ofreció dinero y les dijo:

19«Dadme a mí también ese poder: que reciba el Espíritu Santo aquel a quien yo imponga las manos.»

20Pedro le contestó: «Que tu dinero te sirva de perdición, por haber pensado que el don de Dios * se compra con dinero.

21En este asunto no tienes tú parte ni herencia, pues no piensas rectamente en lo tocante a Dios.

22Arrepiéntete, pues, de esa maldad y ruega al Señor, a ver si se te perdonan esos pensamientos;

23porque veo que estás amargado, como la hiel, y encadenado por la maldad * .»

24Simón respondió: «Rogad vosotros al Señor por mí, para que no me sobrevenga ninguna de esas cosas que habéis dicho * .»

25Ellos dieron testimonio, predicaron la palabra del Señor y evangelizaron muchos poblados samaritanos. Después regresaron a Jerusalén.

26Un ángel * del Señor habló así a Felipe: «Ponte en marcha hacia el sur * , por el camino que baja de Jerusalén a Gaza atravesando la estepa.»

27Felipe se avió y partió. Por el camino vio a un etíope * eunuco, alto funcionario de Candace, reina de los etíopes, que estaba a cargo de todos sus tesoros y que había venido a adorar en Jerusalén.

28En aquel momento regresaba sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías.

29El Espíritu dijo a Felipe: «Acércate y ponte junto a ese carro.»

30Felipe corrió hasta él y le oyó leer al profeta Isaías. Le preguntó: «¿Entiendes lo que vas leyendo?»

31Él respondió: «¿Cómo lo puedo entender si nadie me guía en la lectura?» El etíope rogó a Felipe que subiese y se sentase con él.

32El pasaje de la Escritura que iba leyendo era éste * : «Fue llevado como una oveja al matadero ; y como cordero, mudo delante del que lo trasquila , así él no abre la boca .

33En su humillación le fue negada la justicia ; ¿quién podrá contar su descendencia? Porque su vida fue arrancada de la tierra.»

34El eunuco preguntó a Felipe: «Te ruego que me digas de quién dice esto el profeta: ¿de sí mismo o de otro?»

35Felipe entonces tomó la palabra y, partiendo de este texto de la Escritura, se puso a anunciarle la Buena Nueva de Jesús.

36Siguiendo el camino, llegaron a un sitio donde había agua. El eunuco dijo: «Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado * ?»

37[[]]

38Dicho esto, mandó detener el carro. Bajaron ambos al agua, Felipe y el eunuco. Felipe lo bautizó,

39y, al subir del agua, el Espíritu del Señor lo arrebató * , de modo que ya no volvió a verle el eunuco, que siguió gozoso su camino.

40Felipe, que se encontró de pronto en Azoto, recorrió evangelizando todas las ciudades hasta llegar a Cesarea.

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