Hechos 16
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Llegó también a Derbe y Listra. Había allí un discípulo llamado Timoteo * , hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego.
2Los hermanos de Listra e Iconio hablaban muy bien de él.
3Pablo quiso llevárselo consigo, pero antes le circuncidó para evitar altercados con los judíos que había por aquellos lugares * , pues todos sabían que su padre era griego.
4Conforme iban pasando por las ciudades, informaban a los creyentes de las decisiones tomadas por los apóstoles y presbíteros en Jerusalén * , con el propósito de que las cumpliesen.
5Las iglesias se afianzaban en la fe y crecían en número de día en día.
6Atravesaron Frigia y la región de Galacia * , pues el Espíritu Santo les había impedido predicar la palabra en Asia.
7Estando ya cerca de Misia, intentaron dirigirse a Bitinia, pero no se lo consintió el Espíritu de Jesús * .
8Atravesaron * , pues, Misia y bajaron a Tróade.
9Cierta noche tuvo Pablo una visión: Un macedonio estaba de pie suplicándole: «Pasa a Macedonia y ayúdanos.»
10En cuanto tuvo la visión, intentamos * de inmediato pasar a Macedonia, persuadidos de que Dios nos había llamado para evangelizar a sus gentes.
11Así, pues, nos embarcamos en Tróade y navegamos derechos a Samotracia; al día siguiente fuimos a Neápolis,
12y de allí, a Filipos, principal colonia * de la demarcación de Macedonia. En esta ciudad nos detuvimos algunos días.
13El sábado salimos de la ciudad y fuimos a la orilla de un río, donde suponíamos que habría un lugar de oración * . Nos sentamos y empezamos a hablar a las mujeres que habían concurrido.
14Una de ellas, que adoraba a Dios, nos escuchaba con atención. Se llamaba Lidia, era natural de la ciudad de Tiatira y se dedicaba a la venta de tejidos de púrpura. El Señor le abrió el corazón para que se adhiriese a las palabras de Pablo.
15Cuando ella y los de su casa * recibieron el bautismo, suplicó: «Si juzgáis que soy fiel al Señor, venid y hospedaos en mi casa.» Y nos obligó a ir * .
16Un día, cuando nos dirigíamos al lugar de oración, nos salió al encuentro una esclava poseída de un espíritu adivino * , que solía pronunciar oráculos, proporcionando así mucho dinero a sus amos.
17Nos seguía a Pablo y a nosotros gritando: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, que os anuncian un camino de salvación.»
18Venía haciendo esto durante muchos días. Cansado Pablo, se volvió y dijo al espíritu: «En nombre de Jesucristo te mando que salgas de ella.» Y en aquel mismo instante salió.
19Al ver sus amos que se les había ido su esperanza de ganancia, prendieron a Pablo y a Silas y los arrastraron hasta el ágora, ante los magistrados.
20Los presentaron a los pretores y dijeron: «Estos hombres alborotan nuestra ciudad; son judíos
21y predican unas costumbres que nosotros, por ser romanos, no podemos aceptar ni practicar * .»
22La gente se amotinó contra ellos, de modo que los pretores ordenaron que les arrancaran la ropa y que los azotaran con varas.
23Después de haberles dado muchos azotes, los metieron en la cárcel y mandaron al carcelero que los custodiase con sumo cuidado.
24Éste, al recibir tal orden, los metió en el calabozo interior y sujetó sus pies en el cepo.
25Hacia la media noche, Pablo y Silas estaban en oración cantando himnos a Dios. Los presos los escuchaban.
26De repente se produjo un terremoto tan fuerte que los mismos cimientos de la cárcel se conmovieron. Al momento quedaron abiertas todas las puertas y se soltaron las cadenas de todos.
27Al despertarse el carcelero y ver las puertas de la cárcel abiertas, sacó la espada con intención de suicidarse, creyendo que los presos habían huido.
28Pero Pablo le gritó: «No te causes ningún daño, que estamos todos aquí.»
29El carcelero pidió luz, entró de un salto y se arrojó tembloroso * a los pies de Pablo y Silas.
30Los sacó fuera y les dijo: «Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?»
31Le respondieron: «Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás junto con tu familia.»
32Y anunciaron la palabra del Señor * a él y a todos los de su casa.
33En aquella misma hora de la noche el carcelero los tomó consigo y les lavó las heridas. Inmediatamente recibieron el bautismo él y todos los suyos.
34Los hizo entonces subir a su casa, les preparó la mesa y se alegró con toda su familia por haber creído en Dios.
35Llegado el día, los pretores enviaron a los lictores a decir al carcelero: «Pon en libertad a esos hombres * .»
36El carcelero dijo a Pablo: «Los pretores me han dado la orden de que os suelte. Ahora, pues, salid y marchad * .»
37Pero Pablo contestó: «Resulta que nos han azotado públicamente sin habernos juzgado, a pesar de ser nosotros ciudadanos romanos * , y nos han metido en la cárcel; ¿y pretenden ahora sacarnos de aquí a escondidas? Ni hablar. Que vengan ellos a sacarnos.»
38Los lictores transmitieron estas palabras a los pretores, que se asustaron al oír que eran romanos.
39Fueron entonces donde ellos y les rogaron que saliesen de la ciudad * .
40Al salir de la cárcel se fueron a casa de Lidia. Vieron de nuevo a los hermanos, los animaron y se marcharon.