Génesis 42
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Jacob se enteró que se repartía grano en Egipto. Así, pues, dijo a sus hijos: «¿Por qué os estáis ahí mirando?
2Tengo oído que hay reparto de grano en Egipto. Bajad a comprarnos grano allí, para que vivamos y no muramos.»
3Bajaron, pues, los diez hermanos de José a proveerse de grano en Egipto.
4Pero Jacob no dejó bajar a Benjamín, hermano de José, con sus hermanos, pues pensaba que podía ocurrirle alguna desgracia.
5Fueron, pues, los hijos de Israel a comprar acompañados de otros, pues había hambre en el país cananeo.
6José era quien gobernaba todo el país, y él en persona distribuía grano a todo el mundo. Llegaron los hermanos de José y se inclinaron rostro en tierra.
7Cuando José vio a sus hermanos, los reconoció, pero él no se dio a conocer. Les habló con sequedad y les dijo: «¿De dónde venís?» Dijeron: «De Canaán, para comprar víveres.»
8O sea, que José reconoció a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron.
9José entonces se acordó de aquellos sueños que había tenido respecto a ellos, y les dijo: «Vosotros sois espías, que venís a ver los puntos desguarnecidos del país.»
10Contestaron: «No, señor. Tus siervos han venido a proveerse de víveres.
11Todos nosotros somos hijos de un mismo padre. Y somos gente de bien. Tus siervos no son espías.»
12Replicó: «Nada de eso. Habéis venido a observar los puntos desguarnecidos del país.»
13Dijéronle: «Tus siervos son doce hermanos, hijos de un mismo padre, del país cananeo. Sólo que el menor está actualmente con nuestro padre, y el otro no existe.»
14José replicó: «Lo que yo os he dicho: sois espías.
15Y os voy a poner a prueba, ¡por vida del faraón! No saldréis de aquí hasta que no venga vuestro hermano pequeño.
16Enviad a cualquiera de vosotros y que traiga a vuestro hermano. Entre tanto los demás quedáis presos. Así podré comprobar vuestras afirmaciones y ver si la verdad está con vosotros. De otro modo, ¡por vida del faraón!, seguro que sois espías.»
17Y los puso bajo custodia durante tres días.
18Al tercer día les dijo José: «Haced lo que voy a deciros —pues yo también temo a Dios— y viviréis.
19Si sois gente de bien, uno de vuestros hermanos se quedará detenido en la prisión mientras los demás hermanos vais a llevar el grano que tanta falta hace en vuestras casas.
20Luego me traéis a vuestro hermano menor. Entonces comprobaré que son verídicas vuestras palabras y no moriréis.» —Así lo hicieron ellos.—
21Y se decían el uno al otro: «A fe que somos culpables de lo de nuestro hermano, pues vimos cómo nos pedía angustiado que tuviésemos compasión y no le hicimos caso. Por eso nos hallamos en esta angustia.»
22Rubén les replicó: «¿No os decía yo que no pecarais contra el niño y no me hicisteis caso? ¡Ahora se reclama su sangre!»
23Ignoraban ellos que José les entendía, porque mediaba un intérprete entre ellos.
24Entonces José se apartó de su lado y lloró * . Volvió después donde ellos, tomó a Simeón y lo hizo amarrar a vista de todos.
25Mandó José que se les llenaran los recipientes de grano, que se devolviera a cada uno su dinero en la talega y que se les pusiera provisiones para el camino. Así se hizo con ellos.
26Ellos pusieron su cargamento de grano sobre los burros y se fueron de allí.
27Cuando pararon para hacer noche, uno de ellos abrió su talega para dar pienso a su burro y vio que su dinero estaba en la boca de la talega de grano.
28Y dijo a sus hermanos: «Me han devuelto el dinero; lo tengo aquí en mi talega.» Se quedaron sin aliento y se miraban temblando y diciendo: «¿Qué es esto que ha hecho Dios con nosotros * ?»
29Llegaron donde su padre, a Canaán, y le contaron todas sus aventuras. Le dijeron:
30«El hombre que manda en el país nos ha tratado con frialdad y nos ha tomado por espías del país.
31Nosotros le hemos dicho que éramos gente de bien y no espías;
32que éramos doce hermanos, hijos del mismo padre; que uno de nosotros no existía, y que el otro se encontraba actualmente con nuestro padre en Canaán.
33Entonces nos dijo el hombre que manda en el país: ‘Hay un modo de saber si sois gente de bien: dejad conmigo a uno de vosotros y tomad lo que hace falta en vuestras casas. Marchad
34y traedme a vuestro hermano pequeño. Así conoceré que no sois espías, sino gente de bien. Entonces os entregaré a vuestro hermano y circularéis libremente por el país.’»
35Ahora bien, cuando estaban vaciando sus talegas, se dieron cuenta que cada uno tenía su dinero en la talega. Y tanto ellos como su padre, al ver las bolsas, sintieron miedo.
36Su padre Jacob les dijo: «Vais a dejarme sin hijos. Falta José, falta Simeón, y encima vais a quitarme a Benjamín. Esto acabará conmigo.»
37Dijo Rubén a su padre: «Que mueran mis dos hijos si no te lo traemos. Confíamelo y yo te lo devolveré * .»
38Replicó: «No bajará mi hijo con vosotros, pues su hermano está muerto y sólo me queda él * . Si le ocurre cualquier desgracia en ese viaje que vais a hacer, entonces haríais bajar mi vejez angustiada al Seol.»