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Eclesiástico (Sirácide) 40

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Penoso destino se ha asignado a todo hombre, pesado yugo grava a los hijos de Adán, desde el día en que salen del seno materno hasta el día de su regreso * a la madre de todos.

2El objeto de sus reflexiones, la ansiedad de su corazón es la espera angustiosa del día de la muerte.

3Desde el que se sienta en un trono glorioso hasta el que yace humillado en la ceniza y el polvo;

4desde el que lleva púrpura y corona hasta el que se cubre con harapos; todos conocen la ira y la envidia, la turbación y la inquietud, el miedo a la muerte, el resentimiento y la discordia.

5Y mientras descansa en el lecho, los sueños nocturnos alteran sus pensamientos * .

6Descansa un poco, apenas un instante, y, ya en sueños o en vigilia * , se ve turbado por sus propias visiones, como si fuese un fugitivo que huye del combate,

7que al sentirse libre, se despierta, sorprendido de su infundado temor.

8Éste es el destino de toda criatura, del hombre hasta la bestia, pero para los pecadores es siete veces peor:

9muerte, sangre, discordia, espada, adversidades, hambre, tribulación, azote.

10Todo esto fue creado para los malvados, y por su culpa se produjo el diluvio.

11Todo cuanto viene de la tierra a la tierra vuelve; todo cuanto viene del agua en el mar desemboca * .

12Sobornos e injusticias desaparecerán, pero la fidelidad subsistirá por siempre.

13Las riquezas de los injustos se secarán como un torrente, son como un sonoro trueno que estalla en la tormenta.

14Cuando él abre las manos, se alegra * ; así los transgresores desaparecerán por completo.

15La estirpe de los impíos tiene pocas ramas; las raíces impuras sólo encuentran piedra áspera.

16Caña que crece en el agua o al borde del río será arrancada antes que las otras hierbas * .

17La caridad es como un paraíso de bendición, y la limosna permanece para siempre * .

18Dulce es la vida del que se basta a sí mismo y del trabajador, pero todavía más la de quien encuentra un tesoro.

19Tener hijos y fundar una ciudad perpetúan el nombre, pero todavía más la mujer de conducta intachable * .

20El vino y la música alegran el corazón, pero todavía más el amor a la sabiduría * .

21La flauta y la cítara hacen el canto suave, pero todavía más la lengua dulce.

22El ojo se complace en la gracia y la belleza, pero todavía más en el verdor de los campos.

23Amigo y compañero se encuentran a su hora, pero todavía más la mujer y su marido.

24Hermano y protector ayudan en la desgracia, pero todavía más salva la limosna.

25Oro y plata aseguran el paso, pero todavía más se estima el consejo.

26La riqueza y la fuerza dan confianza, pero todavía más el temor del Señor. Al que teme al Señor nada le falta, no necesita buscar otra ayuda.

27El temor del Señor es un paraíso de bendición, protege más que cualquier otro escudo.

28Hijo, no lleves vida de mendigo; más vale morir que mendigar.

29Hombre que suspira por mesa ajena vive una vida que no es vida. Deshonra su boca con comida ajena, pero el instruido y educado se guarda de ello * .

30La mendicidad es dulce en la boca del descarado, pero en sus entrañas es un fuego abrasador.

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