Eclesiástico (Sirácide) 23
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1¡Oh Señor, padre y dueño de mi vida, no me abandones al capricho de mis labios; no permitas que me hagan caer!
2¿Quién aplicará el látigo a mis pensamientos, y a mi corazón la disciplina de la sabiduría, para que no queden impunes mis faltas, ni se pasen por alto mis pecados?
3No sea que mis errores aumenten y abunden mis pecados; no sea que yo caiga ante mis adversarios y el enemigo se burle de mí.
4Señor, padre y Dios de mi vida, no permitas que mis ojos sean altaneros,
5y aparta de mí los malos deseos.
6Que la sensualidad y la lujuria no se apoderen de mí; no me dejes caer en pasiones vergonzosas.
7Escuchad, hijos, mi enseñanza * ; el que la guarda no caerá en la trampa.
8El pecador se enreda en sus propios labios * ; el calumniador y el soberbio también tropiezan en ellos.
9No acostumbres a jurar, ni te habitúes a nombrar al Santo.
10Porque, igual que un criado continuamente vigilado no quedará libre de golpes * , así el que jura y nombra a Dios a todas horas no se verá libre de pecado.
11El hombre que mucho jura, se harta de maldad, y no se apartará de su casa el látigo. Si se descuida * , su pecado le cae encima; si jura a la ligera, peca dos veces; si jura en falso, no será perdonado, y su casa se llenará de desgracias.
12Hay palabras equiparables a la muerte; ¡que no se oigan nunca en la heredad de Jacob!, pues los piadosos rechazan estas cosas, y no se revuelcan en los pecados.
13No acostumbres tu boca a groserías indecentes, pues hay palabras que son pecado.
14Acuérdate de tu padre y de tu madre, cuando te sientes entre los poderosos, no sea que te olvides en su presencia * , y, comportándote como un necio, llegues a desear no haber nacido y a maldecir el día de tu nacimiento.
15El hombre habituado a insultar no se corregirá en toda su vida.
16Dos clases de gente multiplican sus pecados * , y una tercera provoca la ira divina:
17el sensual que arde como el fuego, que no se apagará hasta consumirse; el lujurioso con su propio cuerpo, que no cejará hasta que el fuego le abrase; para el lujurioso cualquier pan es dulce: no descansará hasta que haya muerto.
18El que es infiel a su esposa y dice para sí: «¿Quién me ve?; la oscuridad me envuelve, las paredes me encubren, nadie me ve, ¿qué he de temer? El Altísimo no se acordará de mis pecados».
19Sólo teme los ojos de los hombres; no sabe que los ojos del Señor son diez mil veces más brillantes que el sol, que observan todos los caminos de los hombres y penetran los rincones más ocultos.
20Antes de ser creadas, el Señor conocía todas las cosas * , y, después de acabadas, todavía las conoce * .
21En las plazas de la ciudad ese hombre será castigado, será detenido donde menos lo esperaba.
22Lo mismo la mujer que ha sido infiel a su marido y le ha dado como heredero el hijo de otro hombre.
23Primero, ha desobedecido a la ley del Altísimo; segundo, ha faltado a su marido; tercero, se ha prostituido en adulterio al tener hijos de otro hombre.
24A ésta la llevarán ante la asamblea e investigarán sobre sus hijos.
25Sus hijos no echarán raíces, sus ramas no darán frutos.
26Dejará un recuerdo maldito, y su infamia no se borrará.
27Los que vengan después de ella reconocerán que nada es mejor que el temor del Señor, nada más dulce que guardar sus mandamientos * .