Daniel 10
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1El año tercero de Ciro, rey de Persia, Daniel, llamado Baltasar, tuvo una revelación, un mensaje veraz sobre la gran guerra * . Él entendió el mensaje, y su comprensión le fue dada a través de una visión.
2En aquellos días yo, Daniel, estaba haciendo una penitencia de tres semanas:
3no comía alimentos sabrosos, no probaba carne ni vino, ni me ungía con perfumes, hasta que pasaron las tres semanas.
4El día veinticuatro del primer mes, estando yo a orillas del gran río Tigris,
5levanté la mirada y vi a un hombre vestido de lino con un cinturón de oro puro;
6su cuerpo parecía de topacio; su rostro brillaba como un relámpago; sus ojos eran antorchas de fuego; sus brazos y piernas, bronce bruñido; y el sonido de su voz, como clamor de multitud.
7Sólo yo, Daniel, contemplé la visión; mis acompañantes no la veían, pero sintieron pánico y corrieron a esconderse.
8Quedé yo solo contemplando esta gran visión; me sentí desfallecer, se me cambió y desfiguró el semblante y me fallaron las fuerzas.
9Oí el sonido de su voz y, al oírlo, caí de bruces al suelo sin sentido.
10Pero una mano me tocó y me levantó tembloroso sobre mis rodillas y las palmas de mis manos.
11Luego me dijo: «Daniel, hombre apreciado, presta atención a las palabras que voy a decirte e incorpórate, porque ahora me han enviado a ti.» Cuando dijo estas palabras, me incorporé temblando.
12Y él añadió: «No temas, Daniel, porque desde el primer día en que te esforzaste por comprender y te humillaste ante tu Dios, tus palabras fueron escuchadas y precisamente por ellas he venido yo.
13El príncipe del reino de Persia me ha opuesto resistencia durante veintiún días, pero Miguel * , uno de los Primeros Príncipes, ha venido en mi ayuda. Me he quedado allí junto a los reyes de Persia.
14Pero ahora vengo para darte a conocer lo que le sucederá a tu pueblo en los últimos días, pues todavía queda una visión para esos días.»
15Cuando dijo estas palabras, caí de bruces al suelo y enmudecí.
16Pero alguien de aspecto humano me tocó los labios; yo abrí la boca y hablé al que estaba delante de mí: «Señor mío, con esta visión me ha invadido la angustia y me han fallado las fuerzas.
17¿Cómo podrá tu servidor hablar con mi señor, si ahora mismo me fallan las fuerzas y me falta el aliento?»
18El que tenía aspecto humano me tocó de nuevo y me fortaleció.
19Luego me dijo: «No temas, hombre apreciado; la paz contigo; sé fuerte y ten ánimo.» Y, mientras me hablaba, recobré las fuerzas y dije: «Puedes hablarme, Señor, pues me has devuelto las fuerzas.»
20Entonces me dijo: «¿Sabes por qué he venido a ti? Ahora he de volver a luchar con el príncipe de Persia; cuando termine, vendrá el príncipe de Grecia.
21Pero te revelaré lo que está escrito en el Libro de la Verdad. Nadie me presta ayuda para esto, excepto vuestro príncipe Miguel.