Apocalipsis 6
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Seguí contemplando la visión. Cuando el Cordero abrió el primero de los siete sellos, oí que el primero de los cuatro Vivientes decía con voz de trueno: «Ven».
2Al mirar, vi un caballo blanco, montado por un jinete que empuñaba un arco. Se le dio una corona y salió en plan victorioso, para seguir venciendo * .
3Cuando abrió el segundo sello, oí que el segundo Viviente decía: «Ven».
4Entonces salió otro caballo, rojo. Al jinete se le concedió desterrar de la tierra la paz, para que se degollaran unos a otros. Se le dio una espada enorme * .
5Cuando abrió el tercer sello, oí que el tercer Viviente decía: «Ven». Al mirar, vi un caballo negro, cuyo jinete sostenía en la mano una balanza * .
6Oí entonces como una voz que salía de en medio de los cuatro Vivientes, que decía: «Un litro de trigo por denario, tres litros de cebada por denario. Pero no causes daño al aceite y al vino.»
7Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto Viviente, que decía: «Ven».
8Al mirar, vi un caballo verdoso. Su jinete se llamaba Muerte * , y el Hades le seguía * . A los cuatro jinetes se les dio poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con la espada, con el hambre, con la peste y con las fieras de la tierra .
9Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar * las almas de los degollados a causa de la palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron.
10Se pusieron a gritar con voz potente: «¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin vengarte * de los habitantes de la tierra por haber derramado nuestra sangre?»
11Entonces recibió cada uno un vestido blanco * y se les dijo que esperasen todavía un poco, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que iban a ser asesinados como ellos.
12Seguí contemplando la visión. Cuando abrió el sexto sello, se produjo * un violento terremoto. El sol se puso negro como un paño de crin, y la luna enrojeció como sangre;
13las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera suelta sus higos verdes al ser sacudida por un viento fuerte;
14el cielo desapareció como un libro que se enrolla , y todos los montes y las islas fueron removidos de sus asientos.
15Los reyes de la tierra, los magnates, los tribunos, los ricos, los poderosos, y todos, esclavos o libres, se ocultaron en las cuevas y en las peñas de los montes.
16Dicen entonces a los montes y a las peñas: « Caed sobre nosotros y ocultadnos de la vista del que está sentado en el trono y de la ira del Cordero.
17Porque ha llegado el gran Día de su ira * , ¿y quién podrá sostenerse?»