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2 Corintios 2

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1En mi interior tomé la decisión de no volver a visitaros, si eso había de causaros tristeza * .

2Porque si yo os entristezco, ¿quién podría alegrarme, sino el que se ha entristecido por mi causa?

3Y si os escribí aquello * , fue para que no me entristeciesen a mi ida precisamente los mismos que deberían procurarme alegría. Pues estaba convencido de que mi alegría y la vuestra deberían coincidir.

4Efectivamente, os escribí tremendamente afligido y con el corazón angustiado; incluso lloré. Pero no lo hice para entristeceros, sino para que os dierais cuenta de lo mucho que os quiero.

5Si alguien me ha causado tristeza, no sólo me la ha causado a mí, sino en cierto sentido —para no exagerar— a todos vosotros.

6Bastante tiene ese tal * con el castigo que le ha impuesto la mayoría.

7Por eso, es mejor que ahora le perdonéis y le animéis, no sea que se hunda en una excesiva tristeza.

8Os suplico, pues, que, por encima de todo, le demostréis el amor que le tenéis.

9Ya antes os escribí con la intención de probaros, por ver si vuestra obediencia era perfecta.

10Así que estoy dispuesto a perdonar a quien vosotros perdonéis. Y si yo perdoné entonces —si había algo que perdonar—, lo hice por vosotros y en presencia de Cristo,

11para no ser engañados por Satanás, pues ya conocemos sus artimañas.

12Llegué, pues, a Tróade para predicar el Evangelio de Cristo, pero, aun cuando se me había abierto una gran puerta para anunciar al Señor,

13mi espíritu no tuvo punto de reposo, pues no encontré a Tito * , mi hermano. Así que me despedí de ellos y salí para Macedonia * .

14¡Gracias sean dadas a Dios, que nos asocia siempre a su triunfo * en Cristo, y difunde por todas partes, a través de nosotros, el olor de su conocimiento!

15Pues nosotros somos para Dios el buen olor de Cristo, que se expande entre los que se salvan y entre los que se pierden:

16para los unos, olor de «muerte» que mata; para los otros, olor de «vida» que vivifica * . ¿Pero quién es capaz de esto?

17Ciertamente no somos nosotros como muchos * , que negocian con la palabra de Dios. Antes bien, hablamos en interés de Cristo, con sinceridad, y conscientes de que lo hacemos de parte de Dios y en su presencia.

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