1 Corintios 9
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1¿No soy yo libre? ¿No soy yo apóstol? ¿Acaso no he visto yo a Jesús, Señor nuestro? ¿No sois vosotros el fruto de mi tarea de anunciar al Señor?
2Si para otros no soy apóstol, para vosotros sí que lo soy; ¡vosotros sois la confirmación de que soy apóstol del Señor!
3Ésta es mi defensa contra quienes me critican.
4¿Acaso no tenemos derecho a comer y beber * ?
5¿No tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer cristiana * , como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas?
6¿Sólo Bernabé y yo estamos privados del derecho de que la comunidad corra con nuestro sustento?
7¿Qué soldado tiene que cubrir sus propios gastos? ¿Quién planta una viña y no come de sus frutos? ¿Quién apacienta un rebaño y no se alimenta de su leche?
8No penséis que esto es sólo mi opinión, pues lo dice también la Ley.
9Porque está escrito en la Ley de Moisés: No pondrás bozal al buey que trilla . ¿Es que se preocupa Dios de los bueyes?
10¿No lo dice más bien por nosotros? Cierto que se escribió por nosotros, pues el que ara debe hacerlo con esperanza; y el que trilla lo hace con la esperanza de recibir su parte.
11Si hemos sembrado en vosotros bienes espirituales, ¡qué menos que recojamos de vosotros bienes materiales!
12Si otros tienen estos derechos sobre vosotros, con mayor razón los tendremos nosotros. Sin embargo, nunca hemos hecho uso de ellos. Al contrario, todo lo soportamos para no crear obstáculos al Evangelio de Cristo.
13¿No sabéis que los ministros del culto viven de los dones del templo, y que los que sirven al altar se alimentan de sus ofrendas?
14Del mismo modo, también el Señor ha ordenado que los que predican el Evangelio vivan del Evangelio.
15Mas yo, de ninguno de esos derechos he hecho uso; y que conste que no escribo esto para reclamaros nada. ¡Antes morir...! ¡Nadie va a arrebatarme esta satisfacción!
16Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de vanagloria; se trata más bien de un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no predico el Evangelio!
17Si lo hiciera por propia iniciativa, ciertamente tendría derecho a una recompensa; y si lo hiciera forzado, al fin y al cabo es una misión que se me ha confiado.
18Ahora bien, mi recompensa consiste en predicar el Evangelio gratuitamente, renunciando al derecho que me confiere su proclamación.
19Efectivamente, a pesar de sentirme libre respecto de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda.
20Me he hecho judío con los judíos, para ganar a los judíos; es decir que, para ganar a los que están bajo la Ley, me conduzco como alguien que está bajo la Ley —aun sin estarlo—.
21Por otra parte, para ganar a los que están sin ley, me conduzco como alguien que está sin ley, aunque, a decir verdad, no estoy sin ley de Dios, pues vivo bajo la ley de Cristo * .
22Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos para salvar a algunos al precio que sea.
23Y todo esto lo hago por el Evangelio, para ser partícipe del mismo.
24Ya sabéis que en las carreras del estadio todos corren, pero sólo uno recibe el premio. ¡Pues corred, de manera que lo consigáis!
25Los atletas se privan de todo, y total ¡por una corona que se marchita!; nosotros, en cambio, competimos por una inmarcesible.
26Así pues, yo corro, pero no sin ton ni son; y lucho como si fuera un púgil, pero no lanzando golpes al vacío;
27al contrario, golpeo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que, habiendo proclamado a los demás, resulte yo mismo descalificado * .