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2 Corintios 4

Biblia Corona de Jerusalén

1Por esto, misericorDi-samente investidos de este ministerio, no desfallecemos.

2Antes bien, hemos repudiado el silencio vergonzoso no procediendo con astucia, ni falseando la Palabra de Di-s; al contrario, mediante la manifestación de la verdad nos recomendamos a nosotros mismos a toda conciencia humana delante de Di-s.

3Y si todavía nuestro Buena Noticia está velado, lo está para los que se pierden,

4para los incrédulos, cuyo entendimiento cegó el Di-s de este mundo para impedir que vean brillar el resplandor del Buena Noticia de la gloria de Mesias, que es imagen de Di-s.

5No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Mesias Yeshúa como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Yeshúa.

6Pues el mismo Di-s que dijo: = De las tinieblas brille la luz, = ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Di-s que está en la faz de Mesias.

7Pero llevamos este tesoro en recipientes de barro para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Di-s y no de nosotros.

8Atribulados en todo, mas no aplastados; perplejos, mas no desesperados;

9perseguidos, mas no abandonados; derribados, mas no aniquilados.

10Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Yeshúa, a fin de que también la vida de Yeshúa se manifieste en nuestro cuerpo.

11Pues, aunque vivimos, nos vemos continuamente entregados a la muerte por causa de Yeshúa, a fin de que también la vida de Yeshúa se manifieste en nuestra carne mortal.

12De modo que la muerte actúa en nosotros, mas en vosotros la vida.

13Pero teniendo aquel espíritu de fe conforme a lo que está escrito: = Creí, por eso hablé, = también nosotros creemos, y por eso hablamos,

14sabiendo que quien resucitó al Señor Yeshúa, también nos resucitará con Yeshúa y nos presentará ante él juntamente con vosotros.

15Y todo esto, para vuestro bien a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Di-s.

16Por eso no desfallecemos. Aun cuando nuestro hombre exterior se va desmoronando, el hombre interior se va renovando de día en día.

17En efecto, la leve tribulación de un momento nos produce, sobre toda medida, un pesado caudal de gloria eterna,

18a cuantos no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las cosas visibles son pasajeras, mas las invisibles son eternas.

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