Tb 12, 1-21
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Acabados los días de la boda, llamó Tobit a su hijo Tobías y le dijo: «Hijo, ya es tiempo de pagar el salario al hombre que te acompañó. Y añádele una gratificación.» 2Respondió Tobías: «Padre, ¿qué salario puedo darle? Aun entregándole la mitad de la hacienda que traje contigo, no salgo perdiendo. 3Me ha guiado incólume, ha cuidado de mi mujer, me ha traído el dinero y te ha curado a ti. ¿Qué salario voy a darle?» 4Díjole Tobit: «Hijo, bien merece que tome la mitad de cuanto trajo.» 5Lo llamó, pues, Tobías y le dijo: «Toma como salario la mitad de todo lo que has traído y vete en paz.» 6Entonces Rafael llevó aparte a los dos y les dijo: «Bendecid a Dios y proclamad ante todos los vivientes los bienes que os ha concedido, para bendecir y cantar su Nombre. Manifestad a todos los hombres las acciones de Dios, dignas de honra, y no seáis remisos en confesarle. 7Bueno es mantener oculto el secreto del rey, pero también es bueno proclamar y publicar las obras gloriosas de Dios. Practicad el bien y no tropezaréis con el mal. 8«Buena es la oración con ayuno * ; y mejor es la limosna con justicia que la riqueza con iniquidad. Mejor es hacer limosna que atesorar oro. 9La limosna libra de la muerte y purifica de todo pecado. Los limosneros tendrán larga vida. 10Los pecadores e inicuos son enemigos de su propia vida. 11«Os voy a decir toda la verdad, sin ocultaros nada. Ya os he manifestado que es bueno mantener oculto el secreto del rey y que también es bueno publicar las obras gloriosas de Dios. 12Cuando tú y Sarra hacíais oración, era yo el que presentaba y leía ante la Gloria del Señor el memorial * de vuestras peticiones. Y lo mismo hacía cuando enterrabas a los muertos. 13Cuando te levantabas de la mesa sin tardanza, dejando la comida, para esconder un cadáver, era yo enviado para someterte a prueba * . 14También ahora me ha enviado Dios para curarte a ti y a tu nuera Sarra. 15Yo soy Rafael, uno de los siete * ángeles que están siempre presentes y tienen entrada a la Gloria del Señor.» 16Se turbaron ambos y cayeron sobre sus rostros, llenos de terror. 17Él les dijo: «No temáis. La paz sea con vosotros. Bendecid a Dios por siempre. 18Si he estado con vosotros no ha sido por pura benevolencia mía hacia vosotros, sino por voluntad de Dios. A él debéis bendecir por todos los días, a él debéis cantar. 19Os ha parecido que yo comía, pero sólo era apariencia * . 20Y ahora bendecid al Señor sobre la tierra y confesad a Dios. Mirad, yo subo al que me ha enviado. Poned por escrito todo cuanto os ha sucedido.» Y se elevó. 21Ellos se levantaron, pero ya no lo vieron más. Alabaron a Dios y entonaron himnos, dándole gracias por aquella gran maravilla, pues se les había aparecido un ángel de Dios.