Sant 3, 3-4
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)3Si * ponemos a los caballos frenos en la boca para que nos obedezcan, podremos dirigir todo su cuerpo. 4Lo mismo pasa con las naves: aunque sean grandes y las empujen vientos impetuosos, basta un pequeño timón para dirigirlas adonde quiere el piloto.