Sant 3, 1-12
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Hermanos míos, no queráis ser maestros * muchos de vosotros, pues habéis de saber que tendremos * un juicio más severo, 2pues todos caemos muchas veces. Si alguno no cae al hablar, puede ser considerado un hombre perfecto, capaz de refrenar todo su cuerpo * . 3Si * ponemos a los caballos frenos en la boca para que nos obedezcan, podremos dirigir todo su cuerpo. 4Lo mismo pasa con las naves: aunque sean grandes y las empujen vientos impetuosos, basta un pequeño timón para dirigirlas adonde quiere el piloto. 5Otro tanto ocurre con la lengua: aunque es un miembro pequeño, puede alardear de grandes cosas. Pensad que un fuego insignificante puede destruir un bosque enorme. 6También la lengua es fuego, todo un mundo de iniquidad * . En efecto, la lengua, que es uno de nuestros miembros, puede contaminar todo el cuerpo y, encendida por la gehenna, prender fuego a la rueda de la vida desde sus comienzos * . 7Los hombres podemos domar toda clase de fieras, aves, reptiles y animales marinos; y de hecho han sido domados. 8En cambio, ningún hombre ha podido domar la lengua, pues es un mal turbulento y está llena de un veneno letal. 9Con ella bendecimos al Señor * y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, hechos a imagen de Dios; 10de una misma boca proceden la bendición y la maldición * . Esto, hermanos míos, no debe ser así. 11¿Acaso la fuente mana por el mismo caño agua dulce y amarga? 12¿Acaso, hermanos míos, puede la higuera producir aceitunas y la vid higos? Tampoco el agua salada puede producir agua dulce.