Sab 17, 1-21
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Grandes e inexplicables son tus juicios; por eso las almas ignorantes se extraviaron. 2Cuando los impíos creían que podían oprimir a la nación santa, quedaron prisioneros de las tinieblas y encerrados en una larga noche, recluidos en sus casas, fugitivos de la eterna providencia. 3Cuando creían que permanecerían ocultos con sus secretos pecados, bajo el oscuro velo del olvido, se vieron dispersos, presa de terrible espanto y sobresaltados por apariciones * . 4El rincón que los escondía no los libraba del miedo, pues también allí retumbaban ruidos escalofriantes y se aparecían sombríos fantasmas de rostros lúgubres. 5El fuego era incapaz de alumbrar, y el brillo resplandeciente de las estrellas no alcanzaba a iluminar aquella horrible noche. 6Sólo les lucía una llamarada aterradora, que ardía por sí misma; y, cuando desaparecía la visión, quedaban aterrados, considerando aún más horrible lo que habían visto. 7Las artes mágicas resultaron ineficaces * y su pretendido saber quedó en ridículo, 8pues los que prometían expulsar miedos y sobresaltos del alma enferma enfermaban ellos mismos con temores absurdos. 9Y aunque nada inquietante los atemorizase, sobresaltados por el paso de los bichos y el silbido de los reptiles, 10se morían de miedo y se negaban a mirar hasta el aire inevitable. 11Pues la maldad es cobarde y se condena a sí misma: acosada por la conciencia, imagina siempre lo peor * . 12Y el miedo no es otra cosa que el abandono de los recursos de la razón * : 13cuanto menor es la propia confianza, mayor parece la causa desconocida del tormento. 14Durante aquella noche verdaderamente imposible, surgida de las profundidades del impotente abismo, adormecidos en el mismo sueño, 15o bien eran perseguidos por apariciones fantasmales o desfallecían por el abandono del alma, pues les sobrevino un miedo repentino e inesperado. 16Así, cualquiera que caía en tal situación quedaba atrapado, encadenado en aquella prisión sin hierros; 17ya fuera labrador o pastor, o un obrero que trabajara en solitario, sufría sorprendido por la ineludible fatalidad, 18pues todos estaban atados a una misma cadena de tinieblas. El silbido del viento, el canto melodioso de las aves en las frondosas ramas, la cadencia del agua que corría impetuosa, 19el estruendo de las rocas desprendidas, la carrera invisible de animales que retozan, el rugido de las fieras más salvajes, el eco que retumba en las oquedades de los montes los dejaba paralizados de terror. 20El mundo entero resplandecía con luz radiante, entretenido sin trabas en sus quehaceres; 21pero sólo sobre ellos se extendía una noche insoportable, imagen de las tinieblas que les esperaban. Aunque ellos eran para sí mismos más insoportables que las tinieblas.