Sab 16, 1-29
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Por eso, fueron justamente castigados por semejantes seres y atormentados por plagas de bichos. 2En lugar de este castigo, favoreciste a tu pueblo y, para calmar su hambre, les preparaste como alimento un manjar exquisito: codornices; 3para que aquéllos, con ganas de comer, perdiesen el natural apetito, asqueados de los bichos que les enviabas; mientras éstos, tras una privación pasajera, saboreaban un manjar exquisito. 4Pues era preciso que aquéllos opresores sufrieran un hambre irremediable, mientras a éstos bastaba con mostrarles cómo eran atormentados sus enemigos. 5Incluso cuando les sobrevino la furia terrible de las fieras y perecían mordidos por serpientes sinuosas, tu cólera no duró hasta el final. 6Como escarmiento, se vieron molestados por poco tiempo, pues tenían un signo de salvación * para recordar los mandamientos de tu Ley; 7y el que lo miraba se curaba, no por lo que contemplaba, sino por ti, salvador de todos * . 8Con esto convenciste a nuestros enemigos de que tú eres quien libra de todo mal * : 9ellos morían por las picaduras de langostas y moscas, sin encontrar remedio para su vida, pues merecían ser castigados por tales bichos * . 10Pero contra tus hijos nada pudieron los dientes de serpientes venenosas, pues tu misericordia acudió a sanarlos. 11Las mordeduras, pronto curadas, les recordaban tus palabras, para que no cayeran en profundo olvido y se vieran excluidos de tus beneficios * . 12No los curó hierba ni cataplasma, sino tu palabra, Señor, que todo lo sana. 13Pues tú tienes poder sobre la vida y la muerte, haces bajar a las puertas del abismo y haces subir * . 14El hombre, en cambio, puede matar con su maldad, pero no puede devolver el espíritu que se fue, ni liberar al alma del abismo * . 15Es imposible escapar de tu mano. 16Los impíos que no querían conocerte fueron castigados con la fuerza de tu brazo; los persiguieron lluvias insólitas, granizadas y aguaceros implacables, y el fuego los devoró * . 17Y lo más sorprendente era que el fuego ardía más en el agua, que todo lo apaga, pues el cosmos es defensor de los justos. 18Unas veces las llamas amainaban, para no abrasar a los animales enviados contra los impíos * y para que, al verlos, comprendieran que los impulsaba el juicio de Dios. 19Otras veces, aun en medio del agua, ardían más intensamente que el fuego, para destruir los frutos de una tierra injusta. 20A tu pueblo, por el contrario, lo alimentaste con manjar de ángeles y les mandaste desde el cielo un pan preparado sin fatiga, que producía gran placer y satisfacía todos los gustos * . 21Este sustento mostraba tu dulzura para con tus hijos, pues se adaptaba al gusto del que lo tomaba y se transformaba en lo que cada uno quería. 22Nieve y hielo * resistían al fuego sin fundirse, para que supieran que el fuego destruía las cosechas de sus enemigos, ardiendo entre el granizo y resplandeciendo entre la lluvia. 23En cambio, se olvidaba de su propio poder, para que los justos pudieran alimentarse. 24Porque la creación, sirviéndote a ti, su Creador, se endurece para castigar a los injustos y se modera para favorecer a los que confían en ti. 25Por eso, también entonces, adoptando todas las formas * , servía a tu generosidad que a todos sustenta, conforme al deseo de los necesitados, 26para que aprendieran tus hijos queridos, Señor, que no es la variedad de frutos lo que alimenta al hombre, sino que es tu palabra la que mantiene a los que creen en ti. 27Porque lo que el fuego no llegaba a consumir se derretía simplemente al calor de un tenue rayo de sol, 28para que supieran que hay que adelantarse al sol para darte gracias e ir a tu encuentro al rayar el alba * , 29pues la esperanza del ingrato se derrite como escarcha invernal y se escurre como agua inútil.