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Sal 78, 1-72

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1(77) Poema. De Asaf. Escucha, pueblo mío, mi enseñanza, presta oído a las palabras de mi boca; 2voy a abrir mi boca en parábolas * , a evocar los misterios del pasado. 3Lo que hemos oído y aprendido, lo que nuestros padres nos contaron, 4no lo callaremos a sus hijos, a la otra generación lo contaremos: Las glorias de Yahvé y su poder, todas las maravillas que realizó; 5el pacto que estableció en Jacob, la ley que promulgó en Israel. Había mandado a nuestros padres que lo comunicaran a sus hijos, 6que la generación siguiente lo supiera, los hijos que habían de nacer; que a su vez lo contaran a sus hijos, 7para que pusieran en Dios su confianza, no olvidaran las hazañas de Dios y observaran sus mandamientos. 8Para que no fueran como sus padres, generación rebelde y revoltosa, generación de corazón voluble, de espíritu desleal a Dios. 9Los diestros arqueros de Efraín retrocedieron el día del combate * ; 10no guardaron la alianza con Dios, rehusaron caminar según su ley. 11Habían olvidado sus portentos, las maravillas que les hizo ver * : 12prodigios a la vista de sus padres, en Egipto, en los campos de Tanis. 13Hendió el mar y los pasó por él, contuvo las aguas como un dique; 14de día los guiaba con la nube, cada noche al resplandor del fuego. 15Hendió rocas en el desierto, los abrevó a raudales sin medida; 16hizo brotar arroyos de la peña y descender las aguas como ríos. 17Pero pecaban y pecaban contra él, se rebelaban contra el Altísimo en el desierto; 18tentaron voluntariamente a Dios, reclamando comida para su apetito. 19Hablaron contra Dios, dijeron: «¿Podrá ponernos una mesa en el desierto? 20Ya sabemos que hirió la roca, y que el agua brotó en torrentes: ¿podrá igualmente darnos pan y procurar carne a su pueblo?». 21Pero Yahvé lo oyó y se enfureció, un fuego se encendió contra Jacob, y la Cólera estalló contra Israel, 22por no haber tenido fe en Dios ni haber confiado en su salvación. 23Mandó desde lo alto las nubes, abrió las compuertas del cielo; 24les hizo llover maná para comer, les hizo llegar un trigo celeste; 25el hombre comió pan de los Fuertes * , les mandó provisión para hartarse. 26Hizo que el solano soplara en el cielo, con su fuerza atrajo el viento del sur, 27hizo que les lloviera carne como polvo, y aves como la arena de los mares; 28las dejó caer en el campamento, alrededor de sus moradas. 29Comieron y quedaron hartos, así satisfizo su avidez. 30Con la avidez apenas colmada, con la comida aún en la boca, 31prendió en ellos la cólera de Dios, acabó con los más robustos y abatió a la flor de Israel. 32Mas con todo siguieron pecando, de sus prodigios no se fiaron * , 33y él redujo sus días a un soplo, todos sus años a un suspiro. 34Cuando los mataba, lo buscaban, se convertían, se afanaban por él * , 35y recordaban que Dios era su Roca, el Dios Altísimo su redentor. 36Le halagaban con su boca, con su lengua le mentían; 37su corazón no era fiel, no tenían fe en su alianza. 38Él, con todo, enternecido, borraba su culpa, no los destruía; bien de veces contuvo su cólera y no despertó todo su furor: 39se acordaba de que sólo eran carne, un soplo que se va y no vuelve más. 40¡Mil veces se rebelaron en el desierto, lo irritaron en aquellas soledades! 41Otra vez a tentar a Dios volvían, a exasperar al Santo de Israel, 42incapaces de acordarse de su mano, del día que los salvó del adversario; 43de cuando hizo en Egipto sus señales * , en los campos de Tanis sus prodigios. 44Convirtió en sangre sus ríos, sus arroyos, para que no bebiesen; 45tábanos les mandó que los picasen, y ranas para que los infestasen; 46entregó a la langosta sus cosechas, el fruto de su afán al saltamontes; 47asoló con granizo sus viñedos, todos sus sicómoros con aguaceros; 48entregó sus ganados al pedrisco y a los rayos sus rebaños. 49Les envió el fuego de su cólera, indignación, enojo y destrucción, tropel de mensajeros de desgracias, 50y dio curso libre a su ira. No los preservó de la muerte, a la peste sus vidas entregó; 51hirió en Egipto a todo primogénito, las primicias varoniles en las tiendas de Cam. 52Sacó como un ganado a su pueblo * , como rebaño los guió por el desierto; 53los condujo en seguro, sin alarmas, mientras el mar cubría a sus enemigos. 54Los metió en territorio sagrado, en el monte que su diestra conquistó; 55arrojó a las naciones ante ellos; a cordel les asignó una heredad, instaló en sus tiendas a las tribus de Israel. 56Pero ellos tentaron a Dios, se rebelaron contra el Altísimo, no guardaron sus preceptos * . 57Se extraviaron, infieles como sus padres, se torcieron igual que un arco indócil: 58lo irritaron con sus lugares altos * , con sus ídolos excitaron sus celos. 59Dios lo oyó y se enfureció, desechó del todo a Israel; 60abandonó la morada de Siló, la tienda en que moraba entre los hombres. 61Mandó la flor y nata al cautiverio, a manos del adversario su esplendor * ; 62entregó su pueblo a la espada, contra su heredad se enfureció. 63El fuego devoró a sus jóvenes, no hubo canto nupcial para las chicas; 64sus sacerdotes cayeron a cuchillo, sus viudas no entonaron endechas. 65El Señor despertó como de un sueño, como guerrero vencido por el vino; 66hirió a sus adversarios en la espalda * , los dejó humillados para siempre. 67Desechó la tienda de José * , no eligió a la tribu de Efraín; 68pero eligió a la tribu de Judá, y al monte Sión, al que amaba. 69Se construyó un santuario como el cielo, como la tierra que estableció para siempre. 70Y eligió a David su siervo, lo sacó de los apriscos del rebaño, 71lo llevó de detrás de las ovejas a pastorear a su pueblo Jacob, a su heredad Israel. 72Los pastoreaba con atención y esmero * , con mano diestra los guiaba.