Sal 139, 1-16
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1(138) Del maestro de coro. De David. Salmo. Tú me escrutas, Yahvé, y me conoces; 2sabes cuándo me siento y me levanto, mi pensamiento percibes desde lejos; 3de camino o acostado, tú lo adviertes, familiares te son todas mis sendas. 4Aún no llega la palabra a mi lengua, y tú, Yahvé, la conoces por entero; 5me rodeas por detrás y por delante, tienes puesta tu mano sobre mí. 6Maravilla de ciencia que me supera, tan alta que no puedo alcanzarla. 7¿Adónde iré lejos de tu espíritu, adónde podré huir de tu presencia? 8Si subo hasta el cielo, allí estás tú, si me acuesto en el Seol, allí estás. 9Si me remonto con las alas de la aurora, si me instalo en los confines del mar, 10también allí tu mano me conduce, también allí me alcanza tu diestra. 11Si digo: «Que me cubra la tiniebla, que la noche me rodee como un ceñidor * », 12no es tenebrosa la tiniebla para ti, y la noche es luminosa como el día * . 13Porque tú has formado mi cuerpo, me has tejido en el vientre de mi madre; 14te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios tus obras. Mi aliento conocías * cabalmente, 15mis huesos no se te ocultaban, cuando era formado en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra. 16Mi embrión veían tus ojos; en tu libro están inscritos los días que me has fijado, sin que aún exista el primero * .