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Rom 7, 7-13

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

7Entonces, ¿qué podemos decir? ¿Que la ley es pecado? ¡De ningún modo! Sin embargo, yo no habría conocido el pecado si no hubiera sido por la ley. Seguro que yo habría ignorado qué es la concupiscencia si la ley no dijera: ¡No te des a la concupiscencia! 8Mas el pecado, aprovechándose del precepto, suscitó en mí toda suerte de concupiscencias; pues sin ley el pecado estaba muerto. 9Hubo un tiempo en que viví sin ley * , pero, en cuanto apareció el precepto, cobró vida el pecado, 10y yo acabé muriendo. Y resultó que el precepto, destinado para dar vida, me causó muerte. 11Porque el pecado, aprovechándose del precepto, me sedujo , y por él me dio muerte. 12Así que la ley en sí misma es santa, y santo el precepto, y justo y bueno. 13Entonces, ¿se ha convertido lo bueno en muerte para mí? ¡De ningún modo! Es que el pecado * , para aparecer como tal, se sirvió de una cosa buena para procurarme la muerte. Es decir, que el pecado ejerció todo su poder de pecado valiéndose del precepto.