Rom 2, 17-28
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)17Pero si tú, que te dices judío y te apoyas en la ley; que te enorgulleces de creer en Dios; 18que conoces su voluntad; que disciernes lo mejor, educado como estás por la ley; 19que estás convencido de ser guía de ciegos y luz de los que andan en tinieblas; 20que te crees educador de ignorantes y maestro de niños, porque posees en la ley la expresión misma de la ciencia y de la verdad... 21pues bien, tú, que instruyes a los otros, ¿por qué no te instruyes a ti mismo? Predicas ‘No robar’, ¡y robas!; 22prohíbes el adulterio, ¡y adulteras!; aborreces los ídolos, ¡y saqueas sus templos! 23Tú, que te glorías en la ley, deshonras a Dios al transgredirla. 24Porque, como dice la Escritura, el nombre de Dios, por vuestra causa, es blasfemado entre los gentiles . 25Ciertamente la circuncisión es útil, si cumples la ley; pero, si eres un transgresor de la ley, tu circuncisión se vuelve incircuncisión. 26En cambio, si el incircunciso guarda las prescripciones de la ley, ¿no se tendrá su incircuncisión como circuncisión? 27De este modo, si un hombre que no está físicamente circuncidado cumple la ley, te juzgará a ti, que, a pesar de contar con la letra de la ley y estar circuncidado, eres transgresor de la ley. 28Pues ser judío no depende de la apariencia exterior; ni es circuncisión la externa, la de la carne.