Rom 2, 1-16
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Por eso, tú que juzgas, quienquiera que seas, no tienes excusa, pues, al juzgar a otros, te condenas a ti mismo, ya que haces lo mismo que aquellos a quienes juzgas. 2Pero sabemos que Dios juzga conforme a la verdad a los que hacen semejantes cosas. 3Y si tú, que juzgas a los que cometen tales cosas, haces lo mismo que ellos, ¿piensas que vas a escapar al juicio de Dios? 4¿O desprecias, tal vez, sus tesoros de bondad, paciencia y tolerancia, sin reconocer que esa bondad de Dios te impulsa a la conversión? 5Por tu cerrazón de mente y tu carácter impenitente vas atesorando contra ti ira para el día de la ira, cuando se revele el justo juicio de Dios, 6quien dará a cada cual según sus obras * . 7Los que, perseverando en el bien, busquen gloria, honor e inmortalidad recibirán vida eterna; 8mas a los rebeldes, indóciles a la verdad y dóciles a la injusticia les aguarda la ira y la cólera. 9Sufrirá tribulación y angustia cualquier persona que obre el mal: primero el judío, pero también el griego; 10en cambio, disfrutará de gloria, honor y paz todo el que obre el bien: primero el judío, pero también el griego. 11Porque Dios es imparcial . 12Cuantos pecaron sin conocer la ley, morirán también sin ley; y cuantos pecaron estando sujetos a la ley, por la ley serán juzgados. 13Y es que Dios no considera justos a los que oyen la ley, sino a los que la cumplen: éstos serán justificados. 14En efecto, cuando los gentiles, aunque no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, para sí mismos son ley * . 15Ponen de manifiesto que la realidad de esa ley está escrita en su corazón; así lo atestiguan además su conciencia y los juicios contrapuestos * que emiten de condenación o alabanza... 16para el día * en que Dios juzgue las acciones secretas de los hombres, según mi Evangelio, por Cristo Jesús.