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Rom 2, 1-11

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Por eso, tú que juzgas, quienquiera que seas, no tienes excusa, pues, al juzgar a otros, te condenas a ti mismo, ya que haces lo mismo que aquellos a quienes juzgas. 2Pero sabemos que Dios juzga conforme a la verdad a los que hacen semejantes cosas. 3Y si tú, que juzgas a los que cometen tales cosas, haces lo mismo que ellos, ¿piensas que vas a escapar al juicio de Dios? 4¿O desprecias, tal vez, sus tesoros de bondad, paciencia y tolerancia, sin reconocer que esa bondad de Dios te impulsa a la conversión? 5Por tu cerrazón de mente y tu carácter impenitente vas atesorando contra ti ira para el día de la ira, cuando se revele el justo juicio de Dios, 6quien dará a cada cual según sus obras * . 7Los que, perseverando en el bien, busquen gloria, honor e inmortalidad recibirán vida eterna; 8mas a los rebeldes, indóciles a la verdad y dóciles a la injusticia les aguarda la ira y la cólera. 9Sufrirá tribulación y angustia cualquier persona que obre el mal: primero el judío, pero también el griego; 10en cambio, disfrutará de gloria, honor y paz todo el que obre el bien: primero el judío, pero también el griego. 11Porque Dios es imparcial .